Monseñor Garita: ¿Vivimos encerrados en nuestra comodidad o abiertos al amor que se entrega?

“Manifestemos los signos del amor de Dios: disponibilidad al servicio desinteresado, perdón, comprensión, humildad, olvido de sí, sensibilidad por los demás”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

La Pascua interpela a cada creyente: ¿vivimos encerrados en nuestra comodidad o abiertos al amor que se entrega?

Este es parte del mensaje dominical de Monseñor José Manuel Garita Herrera, quien presidió la Eucaristía, a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, este domingo 18 de mayo, V de Pascua.

A la mitad del tiempo pascual: “Jesús está preparando a sus discípulos antes de partir, les deja un legado, tareas, desafíos”.

Monseñor destacó, como fruto principal de la Pascual, la novedad de la vida en el amor, pues somos renovados y redimidos, sellados por el amor de Dios “que nos invita a amar, a vivir amando”.

“El amor de Dios es la esencia, el centro, distintivo propio del discípulo de Jesús, de la vida cristiana. El mensaje de hoy nos da un mandamiento nuevo, cielos nuevos, tierra nueva, ciudad nueva, comunidades nuevas. Desde el Apocalipsis (Segunda Lectura), se nos dice ‘miren, hago nuevas todas las cosas’. Pascua es sinónimo de novedad, particularmente en el amor”, expresó el pastor diocesano.

A la luz de la Primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, Monseñor pidió fijar la mirada en el amor pastoral de Pablo y Bernabé, que organizaban y animaban nuevas comunidades cristianas. “Los exhortaban a perseverar en la fe; todo ello supone entrega generosa y celo apostólico, encendidos en el amor de Dios”.

“En el Evangelio de Juan este es el testamento de Jesús en el discurso de despedida: ‘les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros como yo los he amado … Por este amor reconocerán que son mis discípulos’”.

“El amor sale de uno mismo, se olvida de sí mismo, para darse a Dios y a los demás, no es poesía, es darse uno mismo en acciones importantes y en pequeños detalles”, recalcó Monseñor Garita.

“Vivir en el amor, dar testimonio de amor, identifica, distingue, diferencia al discípulo de Cristo; no es uno más, ni menos del montón, tiene identidad propia, estilo propio, se nota cuando habla y cuando actúa, vive según Dios, según Jesús, no según el mundo”, añadió.

El reto en un mundo que nos pide encerrarnos en nosotros mismos, es salir. “El amor nos exige salir de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, comodidad e interés propio, el amor ensancha, el egoísmo cierra y repliega”, señaló el prelado en su homilía.

Monseñor invitó a preguntarnos: ¿Qué signos del amor de Dios descubro en mi vida? A lo que enseguida respondió: “Manifestemos los signos del amor de Dios: disponibilidad al servicio desinteresado, perdón, comprensión, humildad, olvido de sí, sensibilidad por los demás”.

“La Eucaristía es el sacramento y la escuela del amor, ahí nos sentimos amados por el amor más grande (se entregó hasta dar la vida y se entrega en su cuerpo y sangre). Somos alimentados y fortalecidos para amar. Este sacramento nos enseña a amar, a entrar en el amor de Dios para amar y vivir amando, para distinguirnos como verdaderos discípulos de Jesús, porque amamos y hacemos el bien”, finalizó.

ÚLTIMAS NOTICIAS