¿Cómo actuamos nosotros cuando tenemos problemas a causa de la fe?, ¿asumimos nuestro compromiso y respuesta de fe ante Dios o huimos?
Estas preguntas las realizó Monseñor José Manuel Garita Herrera en este XX Domingo del Tiempo Ordinario, en su homilía, durante la Eucaristía de 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.
“Ser coherentes, valientes y consecuentes en la experiencia de la fe no es fácil. Muchas veces recibimos rechazo, incomprensión, desconfianza, persecución, descalificación, burla, etc”, explicó.
Debemos mirar el ejemplo de Jeremías en la Primera Lectura. Buscaron callarlo y hacerlo morir, pues él predicaba la confianza en Dios y pedía no poner la confianza en alianzas políticas o militares. Anunció que Jerusalén sería destruida. “Su mensaje y advertencia no gustaron, por ello conspiraron contra él… El que dice la verdad, el que habla en nombre de Dios incomoda, no gusta, hay que quitarlo de en medio, pero el profeta valiente, coherente y consecuente, no se acomoda, no busca quedar bien”, dijo el obispo.
Por eso, el centro del mensaje de hoy es que “no podemos desanimarnos en la fe; debemos confiar en Dios, ser fieles y seguir adelante”.
En el Evangelio San Lucas, “Jesús lleva al extremo de la radicalidad su mensaje, ha venido a prender fuego; no ha venido a traer paz, sino división. Esto pasa hermanos cuando se opta de verdad y radicalmente por Jesús. Encontraremos problemas, rechazo, conflicto, persecución, burla y descalificación porque entonces el cristiano se convierte en signo de contradicción”.
Al respecto, en la Segunda Lectura de la Carta a los Hebreos, el autor nos anima a perseverar, a poner los ojos en Jesús, a no desanimarnos.
“Jesús soportó la cruz, el desprecio, la ignominia, pero ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Nosotros estamos llamados a correr la carrera de la fe con constancia”, reflexionó Monseñor Garita.
En su homilía hizo una descripción de lo que significa ser cristiano: supone ser testigos valientes, coherentes y creíbles, dar la cara, no hay que esconderse ni acomplejarse, no hay que avergonzarse.
“Decir sí a Jesús, vivir el Evangelio y mostrarse como discípulo trae consecuencias negativas en un mundo que niega a Dios, que rechaza la verdad, que descarta a la Iglesia. Hay una pretensión de vivir sin Dios, sin fe, sin exigencias morales. Este es el ambiente y la realidad que nos circunda, es la gran tentación y engaño, pensar que la fe no tiene sentido, que ser religioso es una debilidad, que hay que acomodarse a las circunstancias, que es mejor quedar bien que entrar en conflicto”, señaló el pastor diocesano de Ciudad Quesada.
“¡Cuidado!”, nos alerta el prelado. “En el mundo tendrán luchas, pero yo he vencido al mundo”, dice Juan 16,33. Y citó para finalizar otro pasaje: “El que persevere hasta el final se salvará” (Mateo 24,13).
