XII Domingo Tiempo Ordinario, Sábado 20 de junio de 2026.
Sacramento de la Confirmación, Comunidad de La Virgen, Parroquia San Agustín, Puerto Viejo, 6:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor, especialmente queridos confirmandos:
La Palabra de Dios que escuchamos en este XII Domingo del Tiempo Ordinario nos ofrece un mensaje muy especial para quienes hoy reciben el Sacramento de la Confirmación en nuestra comunidad de La Virgen. Las lecturas giran en torno a una invitación que Jesús repite varias veces en el Evangelio: “No tengan miedo”. Estas palabras adquieren un significado profundo para los confirmandos, porque a partir de este día son llamados a asumir con mayor madurez y compromiso la fe que recibieron en el Bautismo.
El Sacramento de la Confirmación es uno de los sacramentos de iniciación cristiana. Por medio de él, el Espíritu Santo fortalece a los bautizados para que sean verdaderos discípulos y testigos de Jesucristo en medio del mundo. Así como los apóstoles recibieron la fuerza del Espíritu en Pentecostés para anunciar el Evangelio con valentía, también los confirmandos reciben hoy ese mismo Espíritu para vivir y defender su fe con alegría y perseverancia.
Entre los principales signos de este sacramento destacan la imposición de las manos, que expresa el don del Espíritu Santo transmitido por la Iglesia, y la unción con el santo crisma, mediante la cual el obispo o el sacerdote dice: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”. Este gesto significa que el confirmado queda marcado con el sello de Cristo y es enviado a participar activamente en la misión de la Iglesia.
La primera lectura nos presenta al profeta Jeremías, quien sufrió rechazo, críticas y persecuciones por mantenerse fiel a la misión que Dios le había confiado. Sin embargo, en medio de las dificultades, pudo afirmar con confianza: “El Señor está conmigo”. Esta experiencia también puede ser la de quienes hoy se confirman. Vivir la fe cristiana en nuestros tiempos no siempre resulta fácil. Muchas veces los jóvenes encuentran presiones para alejarse de Dios, para adoptar estilos de vida contrarios al Evangelio o para pensar que la fe ya no tiene importancia. Sin embargo, el Espíritu Santo que reciben hoy les dará la fortaleza y el valor necesarios para mantenerse firmes y recordar que nunca caminan solos, porque Dios los acompaña en todo momento.
La segunda lectura de la carta a los romanos nos recuerda que la gracia de Jesucristo es más fuerte que el pecado y que el mal nunca tiene la última palabra. Este mensaje es especialmente importante para los confirmandos. La Confirmación no significa que ya no tendrán dificultades o tentaciones. Al contrario, seguirán enfrentando desafíos propios de la juventud, de los estudios, del trabajo, de las amistades y de las decisiones que deberán tomar en el futuro. Pero el Señor les concede su gracia para que puedan levantarse después de cada caída, renovar su confianza y continuar creciendo como cristianos comprometidos.
En el Evangelio de San Mateo, Jesús insiste tres veces: “No tengan miedo”. Estas palabras son un llamado directo para cada confirmado. No tengan miedo de manifestar que son cristianos. No tengan miedo de participar en la vida de la Iglesia. No tengan miedo de defender los valores del Evangelio cuando otros piensen diferente. No tengan miedo de responder a la llamada de Dios para servir a los demás. El Espíritu Santo les concede los dones necesarios para vivir con valentía su vocación cristiana y convertirse en luz para quienes los rodean.
Uno de los mayores desafíos después de recibir la Confirmación es la perseverancia en la fe. Con frecuencia se escucha decir que la Confirmación es una especie de “graduación” de la vida cristiana. Sin embargo, sucede exactamente lo contrario. La Confirmación no es el final del camino, sino el comienzo de una participación más consciente y activa en la Iglesia. A partir de hoy, los confirmandos están llamados a continuar alimentando su fe mediante la oración, la participación en la Eucaristía dominical, la recepción frecuente de los sacramentos, la lectura de la Palabra de Dios y el servicio generoso a los demás.
Para perseverar en la fe también es fundamental el acompañamiento de la familia, de los padrinos y de toda la comunidad cristiana. Los padres son los primeros educadores en la fe y tienen la hermosa misión de seguir guiando a sus hijos con el ejemplo, la oración y el testimonio de vida. Los padrinos, por su parte, no son solamente una figura ceremonial para este día, sino compañeros de camino espiritual que deben apoyar, orientar y animar a sus ahijados en su crecimiento cristiano. Asimismo, la comunidad cristiana está llamada a acoger a los nuevos confirmados, ofrecerles espacios de participación y motivarlos para que descubran los dones que Dios ha puesto en cada uno.
Hoy la comunidad de La Virgen se alegra por estos jóvenes y adultos que reciben el Espíritu Santo. La Iglesia necesita cristianos valientes, comprometidos y perseverantes, capaces de anunciar con su vida que Jesucristo está vivo. Que las palabras de Jesús resuenen siempre en sus corazones: “No tengan miedo”. Que el Espíritu Santo los fortalezca para enfrentar los desafíos de cada día, permanecer fieles a la Iglesia y dar un testimonio alegre del Evangelio en sus familias, centros de estudio, lugares de trabajo, redes sociales y en toda la sociedad.
Que María Virgen, Madre de la Iglesia y patrona de esta comunidad, interceda por cada uno de los confirmandos y que esta celebración marque el inicio de una vida cristiana más profunda, madura y comprometida para ser valientes y decididos testigos de Cristo más allá de todo miedo o temor. Así sea, amén.
