V Domingo de Pascua, 3 de mayo de 2026.
Sacramento de la Confirmación, Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Florencia, 11:00 a.m.
Queridos hermanos, de manera muy especial queridos confirmandos:
En este V Domingo de Pascua, la Iglesia nos reúne para celebrar dos grandes regalos de Dios: la alegría de Cristo Resucitado y la gracia del Sacramento de la Confirmación. No es una coincidencia. En el tiempo pascual contemplamos a Jesús vivo que acompaña a su pueblo, y hoy ustedes confirmandos, son llamados a recibir la fuerza del Espíritu Santo para ser testigos de ese Cristo vivo en el mundo.
La Palabra de Dios de este domingo ilumina profundamente lo que hoy celebramos. Jesús nos dice en el Evangelio: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Estas palabras son el centro del mensaje de hoy, pero también son una misión para quienes hoy van a ser confirmados.
En la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, vemos una Iglesia viva, una comunidad que crece, que enfrenta desafíos, pero que aprende a responder desde el servicio. Los apóstoles instituyen diáconos o servidores para atender las necesidades del pueblo. La Iglesia aparece allí como una comunidad donde todos tienen una misión. Y esta es una primera enseñanza para quienes hoy reciben la Confirmación: este sacramento no es una graduación para terminar la catequesis, sino un envío para comenzar una misión más consciente en la Iglesia. Confirmarse es decirle al Señor: aquí estoy para servir. No es solo recibir un rito; es asumir una vocación. No es solo un día importante en la vida; es un compromiso para toda la vida. El Espíritu Santo que hoy reciben no es un adorno espiritual; es fuerza para vivir y para dar testimonio.
La segunda lectura de la primera carta de Pedro nos ofrece una imagen preciosa: Cristo es la piedra angular y nosotros somos piedras vivas. Qué hermoso pensar que hoy, por la Confirmación, ustedes son fortalecidos para ser precisamente eso: piedras vivas en la Iglesia. No piedras frías o indiferentes, no creyentes solo de nombre, no católicos de ocasiones. Piedras vivas, confirmandos con fe y con convicciones. Discípulos que sostienen la comunidad con su testimonio. Y esto es especialmente importante en una Parroquia como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Florencia, llamada a seguir formando generaciones de creyentes comprometidos. Confirmandos, la Parroquia necesita de ustedes, la Iglesia necesita de ustedes, Cristo cuenta con ustedes.
Pero también sabemos que ser creyente hoy tiene retos muy concretos. El reto de vivir la fe en medio de una cultura que muchas veces prescinde de Dios. El reto de defender valores en un ambiente de relativismo. El reto de no dejarse arrastrar por la superficialidad. El reto de construir un proyecto de vida con sentido. Y para esos desafíos se recibe la Confirmación, porque el Espíritu Santo fortalece, ilumina, sostiene e impulsa. No se recibe para guardar la fe, sino para vivirla con valentía.
El Evangelio de San Juan nos presenta a los discípulos inquietos, con dudas, buscando el camino. Y Tomás hace una pregunta que también muchos de ustedes podrían hacer hoy: “¿Cómo saber el camino?”. La respuesta de Jesús es clara: “Yo soy el camino”. Queridos confirmandos, en medio de tantas voces que intentan señalar caminos de felicidad fáciles pero vacíos, Cristo sigue siendo el verdadero y auténtico camino. Camino para discernir decisiones, para construir una vocación, para aprender a amar, camino para vivir siempre con esperanza.
Y Jesús dice también: “Yo soy la verdad”. Qué necesario es escuchar esto hoy, porque muchas veces se confunde libertad con hacer cualquier cosa, éxito con apariencia, felicidad con consumo. Cristo les recuerda que la verdad no es una idea; tiene rostro. Es Él mismo. Confirmarse es dejar que esa verdad ilumine la propia vida, es decidirse por una fe coherente, es dejar que el Evangelio inspire nuestros pensamientos, palabras y acciones.
Y Jesús añade: “Yo soy la vida”. La Confirmación es precisamente un fortalecimiento para vivir esa vida nueva del Resucitado. No una fe apagada o de costumbre, sino una fe viva. Hoy el Espíritu Santo los unge para configurarlos más plenamente con Cristo. Para hacerlos testigos y misioneros. Ese es el significado profundo de este sacramento: recibir la plenitud del Espíritu, ser fortalecidos con sus dones, asumir la misión de dar testimonio y vivir como discípulos adultos en la fe.
Y esto supone compromisos concretos. Seguir creciendo en la vida cristiana, participar activamente en la comunidad, nutrirse de la Eucaristía, vivir la oración, servir a los demás, defender la dignidad humana, construir paz, ser luz en medio del mundo. Porque la Confirmación no termina hoy; sino que hoy comienza una etapa nueva.
Quizás uno de los mayores retos para ustedes será perseverar en la fe y permanecer en la Iglesia. Muchas veces después de recibir este sacramento algunos se alejan. Esto sería una contradicción profunda: celebrar el don del Espíritu para luego vivir como si nada hubiera ocurrido. Hoy el Señor los llama a permanecer, a seguir caminando, a continuar en la comunidad, a no dejar que la fe se apague.
Recuerden: el Espíritu Santo no se recibe para un momento emotivo, sino para transformar la vida. Y junto a los retos, también hay una gran esperanza, porque el mismo Espíritu que descendió sobre los apóstoles en Pentecostés es el que hoy desciende sobre ustedes. Ese Espíritu da sabiduría para discernir, fortaleza para resistir, consejo para decidir, piedad para amar a Dios y temor de Dios para vivir en su amistad. Ustedes no están solos, el Espíritu caminará con ustedes.
Y qué hermoso vivir esta celebración bajo el amparo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. María es modelo para todo confirmado. Ella fue dócil al Espíritu, valiente en la fe, perseverante en la misión. Que ella les enseñe a custodiar el don maravilloso que hoy reciben.
Queridos confirmandos, vivan en adelante con una verdadera identidad cristiana. No tengan miedo de vivir la fe, no teman a ser distintos, no tengan miedo de ser santos. Sean piedras vivas, servidores y testigos. Que quienes los vean, puedan reconocer en ustedes a discípulos de Jesús camino, verdad y vida.
Pidamos al Señor que esta Confirmación no sea solo una celebración hermosa, sino un verdadero Pentecostés para esta Parroquia. Que renueve a nuestros jóvenes, que fortalezca a sus familias y que impulse a esta comunidad parroquial en la misión.
Y que ustedes, ungidos por el Espíritu Santo, puedan responder con la vida entera a esa llamada de Cristo. Señor Jesús, confirma en la fe a estos confirmandos; derrama sobre ellos tu Espíritu para que sean valientes testigos del Evangelio, constructores de esperanza y servidores de tu Reino. Y que María, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, los acompañe siempre con su amparo maternal.
Así sea, amén.
