Tenemos que ser capaces de reconocer que la prevención también se vive en el mundo digital

Mensaje introductorio para la Semana de Reflexión de Prevención Digital.

Miércoles 28 de octubre de 2026.

Buenas noches, bienvenidos a esta semana de reflexión con el tema de prevención digital e inteligencia artificial.

Este año, como saben, nuestra Comisión Nacional apoyó la realización del V Congreso de CEPROME en Costa Rica, por lo que decidimos hacer estas jornadas de reflexión y no otro Congreso Nacional.

Quiero saludar, y desde ya agradecer, a los expositores de esta semana: Dr. Luis Alexander Calvo Valverde, Pbro. Samuel Fernández, Pbro. David Solano, Pbro. Daniel Portillo y Dr. Félix Palazzi. Y al mismo tiempo, saludo cordialmente a todos los presentes y agentes de prevención.

Hemos querido fundamentar e inspirar nuestra semana de reflexión en la Encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV como un faro que nos ayude a tener como criterio fundamental la dignidad de cada ser humano. Sin duda, la dignidad humana debe orientar nuestras decisiones tecnológicas. Recordemos que detrás de cada perfil, fotografía o mensaje en el continente digital hay una persona cuya vida merece respeto y cuidado.

Es importante que podamos acoger los avances tecnológicos con un verdadero espíritu de discernimiento. A través de los especialistas que hemos invitado para esta semana, queremos invitarlos a conocer las posibilidades de la inteligencia artificial y a preguntarnos por sus consecuencias: ¿a quién beneficia este uso?, ¿a quién puede perjudicar?, ¿qué responsabilidad nos corresponde? Como Iglesia, necesitamos prepararnos para acompañar estas preguntas desde el Evangelio y el magisterio eclesial.

Tenemos que ser capaces de reconocer que la prevención también se vive en el mundo digital. El Papa León XIV aborda expresamente situaciones como la captación, el chantaje y la explotación sexual de menores en internet, así como la manipulación de imágenes mediante inteligencia artificial (cfr. números 141-142).  Por tanto, tenemos que estar muy despiertos ante esta nueva realidad humana y tecnológica. Nuestras comunidades y grupos deben aprender a reconocer estas situaciones, facilitar que se pida ayuda y responder con diligencia.

Es responsabilidad de todos asumir el cuidado de niños, adolescentes y personas vulnerables. Quisiera que nos preguntemos durante estas jornadas si estamos creando ambientes digitales en los que los más vulnerables puedan sentirse protegidos y escuchados. Quiero invitarlos a cultivar cercanía y confianza para que nadie tema contar una experiencia de amenaza, manipulación o abuso.

La educación para la libertad y el pensamiento crítico es crucial. La encíclica propone formación digital, discernimiento y alianzas educativas (números 143-146 y 238), y por eso en CONAPROME no dejaremos de formar incansablemente en prevención. Tenemos que aprender a verificar la información, cuidar la intimidad y pensar antes de compartir contenidos. Todo esto debe formar parte de la educación de nuestras familias, centros educativos y comunidades de fe.

Sigamos dando prioridad a quienes han sufrido daño. Escuchemos con respeto, evitando culpabilizar a quien pide ayuda y ofrecer acompañamiento. La credibilidad de nuestra cultura del cuidado se expresa en cómo respondemos cuando una persona nos confía su sufrimiento.

Esta semana de reflexión nos permitirá comprender el impacto de la inteligencia artificial en el continente digital, profundizar en la prevención desde Magnifica Humanitas y dialogar en un panel interdisciplinario. Los invito a participar con disposición para revisar nuestras propias prácticas. Ojalá todos nos llevemos el compromiso de conversar sobre seguridad digital en la familia, promover formación en la comunidad o revisar cómo se utilizan imágenes y datos personales en el servicio pastoral.

Invoquemos al Espíritu Santo para que cada avance tecnológico encuentre en nosotros una mayor capacidad de cuidar, acompañar y proteger la dignidad humana. Que este sea un espacio para escuchar, aprender y asumir juntos una responsabilidad pastoral: que los entornos digitales sean lugares donde las personas puedan relacionarse con seguridad y respeto.

Buen trabajo, provecho abundante y muchas gracias.

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