Fiesta patronal Parroquia San Rafael Arcángel de Guatuso 2026,
Sábado 24 de octubre, 10:00 a.m.
Hermanos, con mucha alegría nos reunimos hoy, un año más, para celebrar a San Rafael Arcángel, y poner bajo su protección a esta comunidad parroquial que lo tiene como patrono. La fiesta patronal es una oportunidad para agradecer a Dios las bendiciones recibidas, renovar nuestra fe y preguntarnos cómo estamos viviendo nuestra vocación cristiana. No se trata solamente de recordar al patrono o de mantener una tradición hermosa, sino de dejarnos interpelar por su ejemplo y asumir, con renovado entusiasmo, el compromiso de ser una comunidad que camina unida con el Señor.
Como sabemos, el nombre de Rafael significa «Dios sana». En el libro de Tobías contemplamos su presencia como compañero de camino, mensajero de Dios y servidor de su providencia. Rafael acompaña al joven Tobías, cuida sus pasos y ayuda a que se cumpla el plan de Dios en su familia. Su misión nos recuerda que el Señor no abandona a sus hijos, que camina con nosotros aun cuando atravesamos dificultades y que, muchas veces, nos ofrece su ayuda por medio de personas que se convierten en instrumentos de su amor. Rafael no conduce y guía según sus propios criterios o ideas, sino que cumple la voluntad de Dios. ¡Qué importante es aprender también nosotros a dejarnos guiar por los criterios del Señor y no simplemente por nuestros gustos, conveniencias, opiniones o intereses personales!
El evangelio de San Juan nos presenta la imagen de la piscina de Betesda, donde había enfermos que esperaban alcanzar la salud. Esta escena nos ayuda a comprender cuánto necesita el ser humano ser acompañado, escuchado y sostenido en medio de sus sufrimientos. La enfermedad, la soledad, las preocupaciones familiares y las heridas del corazón forman parte de la vida de muchas personas de nuestra comunidad. Por eso, celebrar a San Rafael debe llevarnos a ser una parroquia que sana, consuela y acompaña; una Iglesia que no pasa de largo ante el dolor de los demás, sino que se acerca con ternura, ofrece una palabra de esperanza y hace presente la misericordia de Dios. Pidamos a San Rafael que cuide a los enfermos, especialmente a quienes viven solos, a los adultos mayores y a quienes atraviesan situaciones difíciles. Que nunca falten la visita oportuna, la oración, la cercanía de los familiares y la atención fraterna por parte de la comunidad.
Hermanos, quisiera destacar, de manera especial, a los matrimonios y a las familias de la parroquia. En el libro de Tobías encontramos una hermosa invitación a descubrir que el amor matrimonial necesita de Dios, de la oración, de la fidelidad y de la confianza mutua. Queridos esposos: cuiden el amor que un día prometieron ante el Señor. No permitan que la rutina, el orgullo, las palabras hirientes, los silencios prolongados o las dificultades económicas apaguen la ternura y el respeto. Aprendan a escucharse, a perdonarse, a dialogar y a caminar juntos, aun en medio de las pruebas. No tengan miedo de pedir ayuda cuando las dificultades los superen. Que Cristo ocupe el centro de sus hogares y que sus hijos encuentren en ustedes un testimonio de amor fiel, de responsabilidad y de fe. Una familia que reza, dialoga y sabe perdonar se convierte en una escuela de humanidad y en una pequeña Iglesia doméstica donde se aprende a amar como Dios nos ama.
La fiesta del santo patrono nos plantea también un desafío muy importante: vivir unidos como comunidad parroquial. Una parroquia no es una competencia entre personas, grupos, movimientos o ministerios; tampoco es un espacio para buscar protagonismos, defender intereses particulares o demostrar quién tiene la razón. La parroquia es una familia de bautizados, llamados a servir al mismo Señor y a trabajar por una misma misión. Por eso, debemos evitar las divisiones, las descalificaciones, los comentarios que hieren, los conflictos innecesarios y las rivalidades que tanto debilitan la vida de la Iglesia. ¡Cuánto daño hacen las palabras pronunciadas sin caridad, los juicios apresurados y las actitudes que desacreditan el trabajo de los demás! No podemos pretender construir la comunidad de Jesús mientras sembramos desconfianza, resentimiento o discordia entre los hermanos. Dios nos libre de todos estos males.
Estamos de acuerdo en que la unidad no significa que todos debamos pensar exactamente igual, ni que no puedan existir diferencias o dificultades. Unidad significa que sabemos dialogar con respeto, reconocer los dones de los demás, buscar juntos la voluntad de Dios y poner el bien de la Iglesia por encima de nuestros intereses personales. Una comunidad verdaderamente cristiana no se distingue porque nunca tenga problemas, sino porque sabe afrontarlos con madurez, caridad, humildad y espíritu de reconciliación. Les exhorto, queridos hermanos, a que nadie se convierta en motivo de división, sino que todos procuremos ser instrumentos de encuentro, paz y comunión. Que sacerdotes, agentes de pastoral, catequistas, servidores, familias, jóvenes y adultos trabajen unidos, valorando la entrega de cada persona y recordando que todos somos necesarios, aunque ninguno sea dueño de la Iglesia.
San Rafael nos recuerda, además, que estamos llamados a caminar en comunión y misión. No basta con reunirnos para celebrar la fe; debemos llevarla a nuestros hogares, a nuestros ambientes de trabajo, a nuestras comunidades y, especialmente, a quienes se han alejado de la Iglesia o necesitan experimentar la cercanía de Dios. Una parroquia unida es una parroquia misionera; una comunidad que vive la fraternidad puede anunciar el Evangelio con credibilidad. Que nuestro testimonio hable más fuerte que nuestras palabras, que nuestra manera de tratarnos manifieste la bondad del Señor y que nadie encuentre en nosotros motivos para alejarse de Cristo, sino razones para acercarse a Él.
Queridos hermanos, al celebrar hoy a San Rafael Arcángel, les propongo que asumamos tres compromisos puntuales y concretos: cuidar y fortalecer nuestros matrimonios y nuestras familias; acercarnos con amor a los enfermos, los solos y los más necesitados; y trabajar decididamente por la unidad parroquial, rechazando todo aquello que divida y favoreciendo cuanto construya comunión y misión. Antes de hablar o actuar, preguntémonos: ¿Esto que voy a decir o hacer construye la comunidad o la hiere?, ¿Favorece la comunión o alimenta la división?, ¿Responde a los criterios de Dios o solamente a mis intereses?
Que San Rafael Arcángel nos acompañe en este camino, proteja a nuestras familias, fortalezca a nuestros enfermos y nos ayude a ser una parroquia fraterna, acogedora y misionera. Que bajo su intercesión aprendamos a confiar más en Dios, a servir con humildad y a tratarnos siempre con respeto y caridad. Y que, al mirar la comunidad parroquial, todos puedan descubrir que aquí hay un pueblo que cree en Cristo, que procura vivir unido y que desea llevar su amor a todos. Que así sea, amén.
¡San Rafael Arcángel! Ruega por nosotros.
