Conclusión Visita Pastoral, Parroquia de San Roque, XIV Domingo del Tiempo Ordinario.
Sábado 4 de julio de 2026, 7:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor:
Al concluir esta visita pastoral a la Parroquia de San Roque, damos gracias a Dios por la vida de esta comunidad, el servicio de sus sacerdotes, el testimonio de sus agentes de pastoral, de los movimientos, ministerios, familias y de todos aquellos que, desde su vocación, hacen presente el Reino de Dios. Reconocimiento y gratitud especial a los Padres Camilo, Félix y Carlos por su servicio pastoral generoso a la comunidad. Gratitud también para el P. Mario por su compañía en esta visita como vicario de pastoral.
La Palabra proclamada en este XIV Domingo del Tiempo Ordinario nos ha recordado que Jesucristo es el Rey manso y humilde que sale al encuentro de su pueblo para aliviar sus cargas y conducirlo a la verdadera paz. Él nos invita a acercarnos con confianza, a aprender de su humildad y mansedumbre, a dejarnos conducir por el Espíritu, para que nuestra vida y nuestra misión reflejen el rostro misericordioso del Padre.
Esta invitación del Señor en el evangelio de hoy ilumina el camino de renovación pastoral que vivimos como Iglesia diocesana. La corresponsabilidad bautismal no es simplemente una tarea organizacional, sino la expresión concreta de nuestra identidad como discípulos misioneros. Por el Bautismo todos hemos sido llamados a participar activamente en la misión evangelizadora de la Iglesia, poniendo nuestros dones y carismas al servicio de la comunidad. Nadie puede sentirse espectador; todos somos enviados a anunciar el Evangelio y a construir comunidades vivas, fraternas y misioneras.
Durante esta visita pastoral hemos podido constatar los esfuerzos que realiza esta Parroquia por caminar en comunión con el Norte Pastoral y con las prioridades pastorales de nuestra diócesis. Los desafíos son muchos, pero también son abundantes los signos de esperanza. El Señor continúa llamándonos a fortalecer una pastoral de cercanía, donde cada persona pueda experimentar la acogida, el acompañamiento y la misericordia de Dios; una pastoral que promueva la participación responsable de los laicos, fortalezca la vida familiar, impulse la formación permanente, anime la misión evangelizadora y haga de nuestras comunidades verdaderos espacios de encuentro con Cristo.
El evangelio de San Mateo nos recuerda que el verdadero descanso nace de estar con Jesús. “Vengan a mí los cansados y agobiados” nos ha dicho el Señor. Por tanto, solo desde una profunda vida espiritual y de una relación constante con Cristo podremos asumir con alegría la corresponsabilidad que brota del Bautismo. Una Iglesia que ora, escucha la Palabra, celebra la Eucaristía y vive la caridad será siempre una Iglesia capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo con esperanza, creatividad y fidelidad al Evangelio.
Invito, por tanto, a toda la comunidad parroquial a renovar su compromiso bautismal, fortaleciendo el trabajo conjunto entre sacerdotes y laicos, superando el individualismo y promoviendo una auténtica espiritualidad de comunión. Que cada ministerio, grupo y servicio parroquial encuentre en Cristo -manso y humilde- la inspiración para servir con generosidad, buscando siempre el bien común y el crecimiento integral de la comunidad eclesial.
Hermanos, tomemos conciencia -sobre todo al concluir la visita pastoral- de que en todas las comunidades hay muchas personas que hoy viven agobiadas por múltiples cargas: problemas económicos, enfermedades, conflictos familiares, incertidumbre, soledad, preocupaciones por el futuro o heridas del pasado. Muchos experimentan cansancio interior, desánimo y falta de esperanza. El ser humano moderno posee numerosos avances tecnológicos, pero continúa llevando pesadas cargas en el corazón.
El mensaje que hemos recibido este domingo es claro en mostrarnos un mismo camino a seguir y practicar: la humildad. El rey anunciado por Zacarías es humilde; el Dios del salmo es misericordioso con los débiles; Jesús se presenta manso y humilde de corazón; y San Pablo invita a dejar la vida de la carne para vivir según el Espíritu. Vivamos y actuemos con la humildad y la mansedumbre de Cristo en medio de nuestras comunidades. Esta es la clave y el desafío que tenemos al mismo tiempo en nuestra experiencia de Iglesia.
Hermanos, encomendamos el camino de esta Parroquia a la protección de San Roque, para que su testimonio de fe y servicio anime a todos a perseverar en la misión. Que el Espíritu Santo continúe fortaleciendo esta comunidad para que, en comunión con toda la Iglesia diocesana, siga siendo una presencia viva del amor de Dios, formando discípulos misioneros corresponsables, comprometidos con la evangelización y con la construcción de comunidades que sean signo de esperanza, paz y misericordia para todos.
Así, respondiendo con fidelidad al llamado del Señor y a las orientaciones de nuestro proceso pastoral diocesano, podremos seguir colaborando en la edificación una Iglesia cercana y misionera, donde cada bautizado descubra la alegría de servir y de caminar junto a Cristo, llevando su consuelo y su salvación a todos nuestros hermanos.
Así sea, amén.
