Tomados de entre los hombres para servir a los hombres…

“Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados” (Hebreos 5,1).

En estas pocas palabras, se resume una de las verdades más hermosas del ministerio ordenado. Dios continúa llamando personas concretas para ponerlas al servicio de su pueblo y hacer visible su presencia en medio de la Iglesia.

No son hombres extraordinarios por sus propios méritos, sino personas que un día escucharon la voz del Señor y respondieron con generosidad. Con su historia, sus cualidades y también sus fragilidades, aceptan una misión que supera las fuerzas humanas y que solo puede comprenderse desde la lógica del amor y del servicio.

Llama la atención que la Escritura diga que son “tomados de entre los hombres”. El pastor no vive aislado de la realidad ni es un extraño para su pueblo. Comparte las alegrías y los sufrimientos de quienes le han sido confiados; conoce las preocupaciones de las familias, las inquietudes de los jóvenes, el dolor de los enfermos y la esperanza de quienes buscan a Dios.

Ese mismo hombre es puesto al servicio de los hombres “en todo aquello que se refiere al servicio de Dios”. Su misión principal consiste en anunciar el Evangelio, celebrar los sacramentos, custodiar la unidad de la Iglesia y conducir a todos hacia Jesucristo. No se pertenece a sí mismo, sino a la misión que el Señor le ha confiado.

Cada vocación al ministerio ordenado es un regalo inmenso para la Iglesia. No podemos dar por sentado que siempre habrá quienes respondan al llamado del Señor. También hoy Él sigue pasando, sigue llamando y esperando corazones disponibles para continuar la misión de los Apóstoles.

Por eso, toda la comunidad cristiana tiene la responsabilidad de orar por las vocaciones. Jesús mismo nos lo pidió: “Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mateo 9, 38). La oración por las vocaciones no es una devoción más, sino una necesidad permanente de la Iglesia.

Necesitamos hombres entregados al ministerio sacerdotal con corazón de pastores, capaces de escuchar y de servir con humildad. El mundo no necesita funcionarios de lo sagrado, sino auténticos discípulos que transparenten el rostro misericordioso de Cristo.

Las familias, las parroquias y las comunidades tienen mucho que aportar en esta misión. Allí donde se vive la fe con alegría, donde se aprende a servir y donde se escucha la Palabra de Dios, el llamado del Señor encuentra un terreno fértil para ser acogido con generosidad.

En estos días, la Iglesia en Costa Rica vivirá con alegría la ordenación episcopal del nuevo obispo de Puntarenas. Este acontecimiento nos recuerda que la sucesión apostólica no pertenece únicamente al pasado, sino que continúa viva, porque Cristo sigue cuidando de su Iglesia mediante los pastores que Él mismo llama y envía.

Pidamos al Señor que nunca deje de suscitar, de entre los hombres, servidores según su corazón. Que no falten jóvenes capaces de responder con valentía a su llamada y comunidades que los acompañen con la oración y el testimonio.

Fermento 436. Martes 4 de agosto, 2026

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