Fiesta de Santo Tomás, Apóstol, Viernes 3 de julio de 2026.
Visita pastoral Parroquia San Roque, 6:00 p.m.
En el marco de esta visita pastoral a la Parroquia de San Roque, celebramos con alegría la fiesta de Santo Tomás, apóstol. La Palabra de Dios que hoy hemos escuchado ilumina providencialmente el camino que estamos recorriendo como comunidad parroquial, reflexionando sobre la corresponsabilidad bautismal a la luz del norte pastoral y de las prioridades pastorales de nuestra diócesis.
Con frecuencia recordamos a Tomás únicamente por su duda de fe. Sin embargo, el Evangelio de San Juan nos invita a descubrir mucho más. Tomás no es el hombre que se quedó en la duda; es el discípulo que hizo de su búsqueda un camino hacia una fe más profunda. Él no se conformó con las respuestas fáciles ni con una fe superficial. Cuando se encontró personalmente con Cristo Resucitado, pronunció una de las profesiones de fe más hermosas de todo el Nuevo Testamento: “¡Señor mío y Dios mío!”. La duda fue vencida por el encuentro, y la incertidumbre fue transformada por la experiencia viva del Resucitado.
También nosotros, como Iglesia, estamos llamados a pasar de una fe simplemente heredada a una fe asumida personalmente; de una participación ocasional a una corresponsabilidad permanente; de ser espectadores de la misión a convertirnos en discípulos misioneros comprometidos. Precisamente eso significa vivir el bautismo: reconocer que todos hemos sido llamados por Dios, todos hemos recibido sus dones y todos somos responsables de la misión evangelizadora de la Iglesia.
La primera lectura, tomada de la carta a los Efesios, nos ofrece una imagen profundamente eclesial. San Pablo nos dice que ya no somos extraños ni forasteros, sino miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo la piedra angular. Es una imagen muy significativa para esta visita pastoral. La Iglesia no es obra de una sola persona; tampoco se sostiene únicamente por el trabajo de los sacerdotes. Es un edificio espiritual donde cada bautizado ocupa un lugar insustituible. Cada ministerio, servicio, carisma y gesto de solidaridad, cada esfuerzo por anunciar el Evangelio contribuye a la construcción de este templo vivo donde Dios habita.
Por eso, cuando en nuestra diócesis hablamos de corresponsabilidad bautismal, no nos referimos simplemente a colaborar en algunas actividades parroquiales. Nos referimos a asumir juntos la misión que Cristo ha confiado a toda la Iglesia. Cada familia, joven, adulto mayor, niño, agente de pastoral, movimiento y cada comunidad tiene una responsabilidad que nace del bautismo. Somos miembros vivos del Cuerpo de Cristo enviados a transformar el mundo con la fuerza del Evangelio.
La figura de Santo Tomás nos recuerda además que la fe siempre conduce a la misión. La antigua tradición de la Iglesia nos dice que este apóstol llevó el Evangelio hasta tierras lejanas, incluso hasta la India, donde anunció a Cristo con valentía y selló su testimonio con el martirio. Aquel discípulo que buscaba pruebas terminó convirtiéndose en testigo convencido. El encuentro con el Resucitado cambió definitivamente su vida.
También la Parroquia está llamada a ser una comunidad de testigos. El norte pastoral de nuestra diócesis no puede quedarse escrito en un documento ni las prioridades pastorales convertirse solamente en programas de trabajo. Deben hacerse vida en comunidades donde la fe se celebra con alegría, se vive con coherencia y se anuncia con entusiasmo. Una Parroquia verdaderamente misionera es aquella donde todos descubren que tienen algo que aportar y nadie piensa que la evangelización corresponde únicamente a los sacerdotes o a unos pocos servidores.
Finalmente, Jesús dirige a Tomás unas palabras que atraviesan los siglos y llegan hasta nosotros: “Dichosos los que creen sin haber visto”. Esa bienaventuranza nos invita a confiar plenamente en el Señor aun en medio de las dificultades, de las incertidumbres y de los desafíos pastorales de nuestro tiempo. Creemos porque hemos experimentado su presencia en la vida de la Iglesia, porque Él continúa actuando en medio de nosotros y porque el Espíritu Santo sigue renovando a su pueblo.
Pidamos en esta Eucaristía la intercesión de Santo Tomás para que nuestra fe sea cada vez más madura, convencida y comprometida. Que, como él, podamos encontrarnos personalmente con Cristo resucitado y proclamar con toda nuestra vida: “¡Señor mío y Dios mío!”. Y que ese encuentro nos impulse a asumir con generosidad nuestra corresponsabilidad bautismal, caminando juntos como una Iglesia unida en la comunión, fortalecida en la participación y decidida a vivir la misión que el Señor nos ha confiado. Que San Roque, patrono de esta comunidad, nos alcance también la gracia de ser una Parroquia viva, evangelizadora y solidaria, donde cada bautizado descubra su vocación y ponga sus dones al servicio del Reino de Dios.
Así sea, amén.
