Una parroquia viva no es la que tiene más actividades, sino la que vive más intensamente el amor fraterno

IV Domingo de Pascua, Sábado 25 de abril de 2026.

I aniversario de la Parroquia Santa Rita de Casia. Río Cuarto, 7:00 p.m.

Con mucha alegría celebramos hoy el IV Domingo de Pascua, el domingo del Buen Pastor, en el que la Iglesia nos invita a contemplar a Cristo como guía, puerta y pastor de su pueblo. Pero esta celebración adquiere un matiz muy especial para nosotros, porque nos reunimos también para dar gracias por el primer aniversario de esta Parroquia Santa Rita de Casia en Río Cuarto. Un año de vida puede parecer poco en el tiempo, pero es profundamente significativo en la vida de una comunidad que comienza a caminar con identidad propia, con esperanzas, desafíos y una misión concreta dentro de la Iglesia.

La Palabra de Dios que hemos escuchado ilumina este momento. En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, Pedro exhorta con fuerza: “Sálvense de esta generación perversa”. Es una invitación a tomar una decisión, a no vivir de manera superficial, a no dejarnos arrastrar por lo que es contrario al Evangelio. Es una llamada que sigue siendo actual, especialmente para una comunidad que apenas comienza su camino parroquial. Este primer aniversario no es solo una celebración, sino también una oportunidad para preguntarnos: ¿qué tipo de comunidad queremos ser?, ¿hacia dónde queremos caminar?, ¿qué voz estamos escuchando?

El Evangelio de San Juan nos presenta a Jesús como la puerta: “Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará”. Esta imagen, tan sencilla y profunda, nos ayuda a comprender el sentido de nuestra vida cristiana. Cristo no solo nos muestra el camino; Él mismo es el camino. No es una opción más entre muchas, sino la puerta que conduce a la vida verdadera, la libertad, la paz y la salvación.

En este contexto, celebrar el primer aniversario de una parroquia significa reconocer que Cristo ha sido, desde el inicio, la puerta por la cual esta comunidad ha comenzado a entrar y a caminar. No estamos aquí por casualidad. Esta parroquia ha nacido porque Dios lo ha querido, porque ha sembrado aquí una semilla de fe, porque ha llamado a personas concretas a formar parte de este rebaño.

El testimonio y legado de Santa Rita de Casia, patrona de esta comunidad, nos ofrece también una luz especial. Ella es conocida como la santa de los casos difíciles, de las causas imposibles, una mujer que vivió el dolor, la prueba, la paciencia y la fidelidad. Su vida nos recuerda que la santidad no consiste en una existencia sin problemas, sino en una confianza radical en Dios incluso en medio de las dificultades. Para una parroquia joven como esta, su testimonio es una invitación a perseverar, a no desanimarse ante los obstáculos, a confiar en que Dios conduce la historia, incluso cuando no entendemos todo.

Un primer aniversario es, ante todo, un momento de acción de gracias. Dar gracias por quienes iniciaron este camino, por los que han trabajado con generosidad, por los sacerdotes, los agentes pastorales, las familias, los jóvenes, los niños. Dar gracias por cada Eucaristía celebrada, por cada sacramento recibido, por cada gesto de servicio, por cada paso dado. Todo esto forma parte de la historia viva de esta comunidad.

Pero al mismo tiempo, este aniversario es una llamada a mirar hacia adelante. Porque una parroquia no existe para sí misma, sino para la misión. Y aquí aparecen los retos. El primero es consolidar una identidad cristiana-parroquial sólida: no basta con pertenecer a una parroquia; es necesario vivir como discípulos de Cristo, conocer su Palabra, alimentarse de los sacramentos, crecer en la fe y ser parte de la dinámica parroquial.

Otro desafío importante es construir una verdadera comunidad: en un mundo marcado por el individualismo, estamos llamados a ser signo de comunión. Esto implica aprender a escucharnos, apoyarnos, caminar juntos, superar divisiones y acoger a todos. Una parroquia viva no es la que tiene más actividades, sino la que vive más intensamente el amor fraterno.

También tenemos el reto de la misión: no podemos quedarnos encerrados. Hay muchas personas que están alejadas, que buscan sentido, que necesitan esperanza. Esta parroquia, aunque joven, está llamada a ser una Iglesia en salida, que anuncia el Evangelio con alegría, que se acerca a los que sufren, que no espera a que los demás vengan, sino que sale a su encuentro.

En este camino, cobra una importancia especial la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Hoy recordamos que la Iglesia necesita pastores según el corazón de Cristo, pero también necesita que cada bautizado descubra su propia vocación. El mensaje del Papa León XIV nos recuerda que toda vocación nace del encuentro con Jesús, el Buen Pastor, y que escuchar su voz es el primer paso para descubrir el sentido de la propia vida.

Para una parroquia que cumple su primer año, esta jornada es una invitación muy concreta: crear una cultura vocacional. Es decir, un ambiente donde se valore la entrega, se anime a los jóvenes a preguntarse qué quiere Dios de ellos y donde se ore con insistencia por las vocaciones. No podemos conformarnos con una fe pasiva; estamos llamados a suscitar respuestas generosas.

Esto implica también un compromiso de todos. Las familias tienen un papel fundamental, porque son el primer lugar donde se escucha la voz de Dios y se vive la fe. Los catequistas, los grupos juveniles y los agentes pastorales están llamados a acompañar, a orientar y ser testigos creíbles. Y cada uno de nosotros está llamado a preguntarse: ¿qué quiere el Señor de mí?, ¿cómo puedo servir mejor?

Al celebrar este primer aniversario parroquial, el Señor les invita a ustedes a renovar su fe y su compromiso con la Iglesia. Nos recuerda que Él es el Buen Pastor que nos guía, nos cuida y nos busca cuando nos perdemos. Nos invita a entrar por Él, a confiar en Él, a seguirlo con decisión. Que esta celebración no sea solo un recuerdo del pasado, sino un impulso para el futuro. Que esta parroquia crezca no solo en años, sino en profundidad espiritual. Que sea una comunidad viva, alegre, misionera, capaz de reflejar el rostro de Cristo en medio del mundo.

Pidamos al Señor, por intercesión de Santa Rita, para que bendiga abundantemente a esta parroquia. Que fortalezca a quienes la integran, suscite nuevas vocaciones y que haga de esta comunidad un verdadero hogar de fe, esperanza y caridad. Y que, dentro de muchos años, al mirar atrás, se pueda decir que este primer aniversario fue el inicio de un camino fecundo, guiado siempre por el Buen Pastor, que nunca abandona a su rebaño.

Así sea, amén.

Oh, Jesús, pastor eterno de tu Iglesia. Danos muchos y santos sacerdotes, consagrados y familias cristianas.

Santa Rita de Casia. Ruega por nosotros.

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