Ungidos para participar en la misión de Cristo

Sacramento de la Confirmación, Misa ritual.
Miércoles 6 de mayo de 2026.
Parroquia San Roque, Ciudad Quesada, 6:00 p.m.

Hermanos todos, especialmente queridos confirmandos:

Hoy la Iglesia se llena de alegría porque celebramos un momento de gracia: ustedes recibirán el sacramento de la Confirmación, don del Espíritu Santo que fortalece la vida cristiana y los envía como discípulos y testigos de Jesucristo. No estamos reunidos para un simple rito ni para cerrar un proceso de catequesis como si hoy terminara algo; al contrario, hoy comienza una etapa nueva, madura y comprometida en la fe para ustedes.

La Palabra de Dios que hemos escuchado ilumina profundamente este momento. En la primera lectura el profeta Isaías nos ha recordado que cuando el Espíritu del Señor desciende sobre una persona, lo hace siempre para una misión. El ungido es enviado a anunciar la buena noticia, a sanar corazones heridos, a levantar al caído, a llevar esperanza. Esa Palabra no se refiere solo a los profetas de antaño ni solamente a Cristo; hoy también se dirige a ustedes, queridos confirmandos. Hoy el Señor los unge y les confía una misión en el mundo, en sus familias, en sus estudios, con sus amistades y en la Iglesia.

El salmo 103 nos ha hecho repetir que el Espíritu renueva la faz de la tierra. ¡Qué expresión tan hermosa! Dios quiere renovar el mundo, pero no lo hace sin contar con nosotros. Quiere renovar la sociedad por medio de creyentes valientes y honestos, generosos y llenos del Espíritu. La Confirmación no es para conservar una fe encerrada en lo privado; es para ser instrumentos de esa renovación que Dios quiere realizar en medio nuestro.

En la segunda lectura de los Hechos de los Apóstoles hemos contemplado cómo, por la imposición de manos, los creyentes recibían el Espíritu Santo. Desde los primeros tiempos, la Iglesia entendió que este don se recibe en comunidad, dentro del pueblo de Dios. Esto nos recuerda que nadie vive la fe solo. Ser confirmados es entrar más plenamente en la vida de la Iglesia, sentirse parte viva del Cuerpo de Cristo, asumir responsabilidades, caminar con otros y dejarse acompañar.

Y en el Evangelio de San Juan, Jesús nos ha hecho una promesa maravillosa: el Espíritu Santo será maestro, defensor y guía. ¡Qué importante escuchar esto hoy! Ustedes reciben este sacramento en un tiempo desafiante, en una cultura que a veces propone caminos fáciles, superficiales o alejados del Evangelio.

Pero Jesús no nos deja solos. Nos da su Espíritu para sostenernos, iluminar decisiones, fortalecer la conciencia y darnos valentía para vivir como cristianos.¿Qué significa entonces la Confirmación? Significa, en primer lugar, la plenitud del Bautismo. La gracia que comenzó cuando fueron bautizados hoy se robustece. Dios confirma en ustedes su amor y los sella con el Espíritu Santo. Ese sello espiritual no es algo externo; es una marca interior, una consagración, una pertenencia más profunda a Cristo.

Dentro de unos momentos recibirán la unción con el santo crisma. Ese gesto tiene una enorme riqueza. En la tradición bíblica eran ungidos reyes, sacerdotes y profetas. Hoy ustedes son ungidos para participar en la misión de Cristo. Son fortalecidos para ser profetas que anuncian la verdad, sacerdotes que ofrecen su vida a Dios y servidores que construyen el Reino.

La Confirmación es también el sacramento de la fortaleza. El Espíritu Santo les concede sus dones: sabiduría para discernir, entendimiento para comprender la fe, consejo para elegir el bien, fortaleza para perseverar, ciencia para reconocer a Dios en la creación, piedad para vivir como hijos y temor de Dios para caminar en su voluntad. Sus dones son gracias concretas para vivir cada día.

Pero este don trae consigo una misión. Ser confirmado no es recibir algo para guardarlo, sino para compartirlo. El Espíritu no se recibe para la comodidad, sino para el testimonio. Hoy la Iglesia les dice: han sido enviados a vivir la fe con coherencia, a defender la dignidad humana, a no ceder ante la mentira, la indiferencia o la violencia, a llevar a Cristo a los ambientes donde ustedes viven.

Y aquí aparecen los retos y desafíos propios de este sacramento. Porque ser cristiano hoy no es fácil. Ustedes viven en una sociedad marcada por el relativismo, por mensajes contradictorios, por presiones que muchas veces invitan a vivir sin Dios. Existe la tentación de una fe superficial, de una religión solo de momentos u ocasiones, de creer que después de la Confirmación “ya se terminó todo”.

Por ello, uno de los retos más grandes será permanecer fieles en la fe, permanecer cuando otros se alejan, cuando la fe sea cuestionada, permanecer cuando el Evangelio exija ir contra corriente. Se necesita valentía para ser discípulo en medio del mundo actual. Pero para eso reciben hoy el Espíritu Santo.

También está el desafío de permanecer en la Iglesia. Y esto es muy importante decirlo hoy: la Confirmación no debe ser alejamiento de la comunidad, sino una incorporación más consciente a ella. La Iglesia necesita de ustedes, necesita de personas que oren, sirvan, participen, y anuncien. Tal vez algunos sean llamados al servicio en grupos juveniles, a la liturgia, a la catequesis, a obras de caridad o, quién sabe, quizá alguno descubra incluso una vocación sacerdotal o religiosa. El Espíritu siempre abre caminos.

Además, este sacramento los desafía a ser testigos en un mundo digital, en redes sociales, en espacios donde también se juega la verdad, la caridad y el respeto. Ser cristiano hoy implica evangelizar también esos nuevos ambientes con responsabilidad y coherencia.

Queridos confirmandos, hoy vale la pena preguntarse: ¿qué quiero hacer con el don que voy a recibir? Tal vez proponerse una vida de oración más constante, participar con fidelidad en la Eucaristía dominical, acercarse con frecuencia a la confesión, integrarse más activamente a la Parroquia, ser mejores hijos, amigos, estudiantes y mejores creyentes.

Finalmente, quisiera decirles algo muy importante: no tengan miedo de tomarse en serio la fe, no teman a ser distintos, no tengan miedo de seguir a Cristo con radicalidad. El mundo necesita testigos convencidos, no cristianos tibios; santos, no espectadores; testigos, no solamente simpatizantes del Evangelio.

También una palabra para los padres, padrinos y toda la comunidad: por favor, acompañen a estos confirmandos. La fe necesita apoyo, ejemplo y presencia de la comunidad. No los dejen solos después de hoy. La Confirmación no es solo compromiso de quienes la reciben, sino de toda la Iglesia que los acoge y camina con ellos.

Pidamos que el Espíritu Santo descienda abundantemente sobre estos confirmandos. Que les conceda fortaleza en las pruebas, luz en las decisiones, alegría en el seguimiento de Cristo y perseverancia en la fe. Que los haga discípulos misioneros capaces de transformar el mundo desde el Evangelio. Que, como Isaías, también ustedes puedan responder con toda la vida: “Aquí estoy, Señor, envíame”. Así sea, amén.

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