El amor de Dios se hace presente también a través de la acción misteriosa pero real de sus enviados celestiales

San Rafael Arcángel, Fiesta Patronal Parroquia de Guatuso, Viernes 24 de octubre de 2025.

Hermanos todos en el Señor:
Celebramos con profunda alegría la fiesta patronal de esta querida comunidad parroquial, bajo la protección de San Rafael Arcángel, mensajero de Dios, guía de los caminantes, defensor de los enfermos y portador de la salud del Señor. Este es un día de gracia y bendición para la comunidad de Guatuso, una ocasión para renovar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro compromiso de ser signos vivos de la presencia sanadora de Dios en medio de la Iglesia y del mundo.

Los textos de la palabra de Dios que hemos escuchado iluminan la misión de San Rafael y nos ayudan a comprender cómo podemos hacerla visible en nuestro tiempo. En ellos descubrimos la acción amorosa de Dios que se sirve de sus ángeles para cuidar, sanar y acompañar a nosotros sus hijos.

Los ángeles son, según la enseñanza bíblica y la tradición de la Iglesia, mensajeros de Dios, seres espirituales que expresan la cercanía y el cuidado del Señor por su pueblo. A lo largo de la historia de la salvación, ellos han sido mediadores de la misericordia divina: anuncian, protegen, conducen y acompañan.

El salmo 90 que hoy proclamamos lo resume con claridad y consuelo: “A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra”. Este mensaje nos recuerda que no estamos solos, que el amor de Dios se hace presente también a través de la acción misteriosa pero real de sus enviados celestiales.

El nombre Rafael significa “Dios sana” o “Medicina de Dios”. En la primera lectura lo encontramos acompañando al joven Tobías en su viaje, protegiéndolo de los peligros del camino, liberando a Sara del demonio que la atormentaba y devolviendo la vista a Tobit, su padre.

Al final del texto, el arcángel se da a conocer diciendo: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada ante la gloria del Señor”. Es hermoso notar que Rafael no busca reconocimiento personal; su alegría está en cumplir la voluntad de Dios y hacer el bien. Su presencia discreta pero eficaz es imagen de cómo actúa la gracia: de manera humilde, constante, transformadora.

El evangelio de San Juan nos lleva a la piscina de Betesda, donde los enfermos esperaban el movimiento del agua, porque creían que un ángel del Señor descendía y la agitaba, trayendo la sanación a quien primero entrara. Este signo anticipa la obra redentora de Cristo, verdadero sanador del cuerpo y del alma.
Jesús es el “agua viva” que cura definitivamente, el médico que no sólo restaura la salud física, sino que devuelve la dignidad, la esperanza y la fe. Así, la misión de San Rafael encuentra su plenitud en Jesús: toda sanación, toda liberación y toda guía espiritual tiene su fuente en el Señor.

Hermanos, celebrar hoy a San Rafael no es sólo mirar al cielo, sino también mirar nuestra realidad con ojos de fe. Me parece que esta celebración nos desafía y reta a:

1.- Acompañar con cercanía a los enfermos y ancianos, especialmente a quienes viven solos o sin recursos.

2.- Fomentar la reconciliación y el perdón, para sanar heridas del corazón en nuestras familias y comunidad.

3.- Impulsar la pastoral de la salud y la solidaridad, colaborando con quienes trabajan en hospitales o centros de atención.

4.- Ser una parroquia que cura y consuela, con palabras de fe, gestos de servicio y obras concretas de misericordia.

San Rafael nos invita a vivir una fe que sana, que reconcilia y que camina junto al pueblo. Ser discípulos misioneros hoy es, en cierto modo, ser “ángeles” para los demás: portadores del consuelo y la alegría del Evangelio.

Hermanos, preguntémonos cómo podremos hacer visible hoy la misión de San Rafael, siento que podríamos hacerlo:

1.- A través de la oración confiada, pidiendo la intercesión de San Rafael por los enfermos y por quienes sufren.

2.- Mediante la escucha y la presencia, porque muchas veces el consuelo más grande es la cercanía.

3.- Cuidando nuestra propia salud y la de los demás, entendiendo el cuerpo como templo del Espíritu Santo.

4.- Promoviendo la paz y la esperanza, especialmente entre los jóvenes, que tanto necesitan ser acompañados y guiados en su caminar. Cada familia, cada grupo pastoral, puede convertirse en signo de la salud de Dios, en “medicina” para las heridas del mundo.

Los santos han hablado con gran claridad sobre los ángeles. Por ejemplo, San Gregorio Magno nos enseña: “Los nombres de los ángeles indican su misión. Rafael significa ‘Medicina de Dios’, porque cura las tinieblas de la ignorancia y sana las heridas del pecado.” (Homilía sobre los Evangelios, 34,8).

Entendemos, pues, que la misión de San Rafael va más allá de lo físico: se trata de una sanación integral, del cuerpo, del espíritu y de la comunidad. Cuando vivimos en comunión, cuando servimos, cuando perdonamos, dejamos que el Señor sane nuestras vidas y actúe por medio de nosotros.

Queridos hermanos, pidamos hoy a San Rafael Arcángel que camine con nosotros, que guíe nuestros pasos y nos ayude a descubrir cada día la ternura de Dios que cura y salva. Que la parroquia de Guatuso sea, bajo su amparo, una comunidad que acompaña, que sana y que anuncia con alegría el Evangelio de la vida. Que así sea, amén.
¡San Rafael Arcángel! Ruega por nosotros.

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