Ante la incertidumbre… esperanza

Vivimos en una época de incertidumbre. Crisis económicas, conflictos sociales, países en guerra, asesinatos a diario en la sociedad… Asimismo, hay dificultades familiares, problemas económicos y riesgo de enfrentar inestabilidad emocional. Todo ello muchas veces nos lleva a cuestionar el futuro. Sin embargo, como católicos, estamos llamados a poner nuestra esperanza en Cristo, quien es nuestra paz y nuestra seguridad. La fe nos invita a no desesperar, a confiar en que Dios camina con nosotros, especialmente en los momentos más oscuros.

El Papa Francisco, en su Encíclica Fratelli Tutti, nos recuerda que “la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte” (n. 55). En tiempos de incertidumbre, no podemos cerrarnos en nosotros mismos ni refugiarnos en el temor. Muchas veces, ante estas situaciones corremos el riesgo y caemos en la tentación de vivir en un mundo que niega a Dios.

Estamos llamados a ser portadores de esperanza para aquellos que viven en situaciones de sufrimiento o duda. En nuestras comunidades, muchas personas han perdido la confianza en el futuro debido a las dificultades que enfrentan. Nosotros, como discípulos de Cristo, tenemos la misión de acompañarnos, de estar a su lado en sus momentos de crisis y de ofrecerles palabras de consuelo. La presencia de un hermano que escuche, que apoye, puede ser el instrumento que Dios utilice para renovar la esperanza en sus corazones.

La esperanza cristiana no es ingenua ni ciega; se basa en la certeza de que, a pesar de las circunstancias difíciles, Dios tiene un plan de amor y salvación para cada uno de nosotros. San Pablo nos recuerda que “la esperanza no defrauda” (Rom 5,5). Confiamos en que, aunque no siempre entendemos el porqué de nuestro sufrimiento, Dios está presente. Esa debe ser la diferencia que marque el creyente en la sociedad.

En este tiempo de incertidumbre, es esencial mantener la mirada fija en Cristo, quien nos da la fortaleza para no sucumbir al desánimo. En lugar de dejarnos llevar por la desesperación o el miedo, estamos llamados a vivir con esperanza activa, buscando soluciones, siendo creativos en el amor, y trabajando por un mundo más justo y fraterno. ¡No podemos sucumbir ante voces de odio o de manipulación que pretenden llevar a la sociedad a vivir sin esperanza!

Al enfrentar nuestras propias crisis, podemos caer en la tentación de centrarnos solo en nuestros problemas personales. Sin embargo, Jesús nos enseña que, aun en medio de nuestras dificultades, debemos seguir sirviendo a los demás. El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, nos exhorta a que “no nos dejemos robar la esperanza” (n. 86).

Caminamos hacia el Jubileo de la Esperanza 2025, pidamos a Dios que nos guíe y nos permita vivir este año próximo Jubilar con la convicción de una esperanza que sabe esperar, confiar y perseverar, sabiendo que el Señor tiene el control de nuestras vidas.

En tiempos de incertidumbre, que nuestras acciones reflejen la confianza en el Dios de la vida que siempre nos da nuevas razones para esperar y seguir adelante, y para anunciarlo a todos los demás.

Fermento 341. Martes 8 de octubre, 2024

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