Solemne Vigilia Pascual, Sábado Santo, 19 de abril de 2025.
Catedral de Ciudad Quesada, 8:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor:
En esta santísima noche de la Vigilia Pascual, celebramos el misterio central de la resurrección, el triunfo de Cristo sobre la muerte y la invitación a todos nosotros a una vida renovada. El Jubileo de la Esperanza, en el cual nos encontramos, nos convoca a reabrir nuestros corazones a la gracia transformadora de Dios. Celebramos el triunfo de la vida nueva que se pone de manifiesto en la riqueza del bautismo como verdadera esperanza pascual.
Hoy conmemoramos no solo la salvación y la redención históricas, sino también el don del bautismo que nos une a Cristo, y en especial nos unimos a estos hermanos adultos que esta noche reciben la iniciación cristiana a través de los sacramentos de la Pascua.
La riqueza y abundancia de la Palabra de Dios nos ha instruido a través de un recorrido por las maravillas de la historia de salvación y redención. Desde el Antiguo Testamento, hemos empezado con los orígenes de toda la obra creada en el Génesis, para seguir con la vocación de Abraham y, por supuesto, el relato de la pascua judía que fundamenta y justifica nuestra pascua cristiana. Después, hemos hecho un recorrido por los profetas contemplando cómo se gestaban las promesas mesiánicas a través de la fidelidad de Dios para con su pueblo Israel.
Después del canto solemne y festivo del “Gloria”, hemos pasado al Nuevo Testamento con la lectura de la carta a los Romanos que pone de manifiesto la justificación y la redención en Cristo, gracias a su misterio pascual. Hemos sido liberados del pecado en el bautismo que nos ha sepultado con Cristo en su muerte y nos ha hecho renacer por el agua para resucitar.
Como telón de fondo, el evangelio de San Lucas, con detalles muy propios, nos narra el hecho central y fundamental de esta noche santísima: la resurrección gloriosa de Jesús. Las mujeres discípulas del Señor encuentran la piedra retirada y el sepulcro vacío. Especialmente destaca la pregunta clave de los ángeles que se convierte en el gran y felicísimo anuncio: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí: ha resucitado”. Este es el hecho y la afirmación que nos llenan de inmensa alegría y que dan fundamento y sentido a toda nuestra fe. Asimismo, desde ese momento, queda patente la misión evangelizadora y testimonial de la Iglesia: las mujeres, los apóstoles, los discípulos; todos van corriendo a anunciar lo que han visto y oído.
Instruyéndonos sobre la relación bautismo y resurrección, San Agustín nos dice: “El bautismo es el sacramento que nos une a la muerte y resurrección de Cristo, renovando nuestra alma y encendiendo en nosotros la esperanza de la vida eterna.” Esta enseñanza agustiniana nos recuerda que, en el hecho y realidad bautismal, no solo se nos limpia del pecado, sino que se nos incorpora al misterio pascual, marcando el inicio de una vida en el Espíritu que transforma al bautizado en una creatura nueva: recreada y redimida.
Nos alegramos sinceramente por estos 7 hermanos adultos que, de manera maravillosa y providencial, reciben en esta noche santa la iniciación cristiana. Esta iniciación y abundante gracia sacramental, nos recuerda que el bautismo es un paso fundamental en la fe, un renacer que invita a cada uno a ser testigo vivo de la esperanza y de la misericordia de Dios, fortalecidos por la confirmación y alimentados por la eucaristía.
Hermanos, sin duda la resurrección de Cristo es la fuente de toda esperanza. Hoy especialmente se nos invita a manifestar esa esperanza en nuestras relaciones, en nuestra familia, en nuestro trabajo y en nuestra comunidad, siendo portadores del mensaje de salvación. Así como Dios transforma la creación, Él nos transforma también a nosotros. Este es el momento de dejar atrás todo aquello que impide vivir plenamente la fe y abrazar la vida nueva que se nos ofrece en Cristo Resucitado.
La Vigilia Pascual no es solo una conmemoración histórica y litúrgica, sino un fuerte y actual llamado a revivir en nosotros la victoria del Resucitado. Que el júbilo inmenso y la alegría desbordante de esta noche santa, se traduzcan en un renovado compromiso de fe, un compromiso que se manifieste en acciones de amor y servicio. Pidamos para que, al salir de esta celebración, cada uno de nosotros renueve su espíritu y se convierta en un testigo vivo de la esperanza y la vida nueva que resplandece en el misterio pascual de Cristo Resucitado, que ha vencido definitivamente la muerte, el mal y el pecado.
¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado el Señor! ¡Aleluya, aleluya, aleluya! Amén.
