Celebración de la Pasión del Señor, Viernes Santo, 18 de abril de 2025.
Catedral de Ciudad Quesada, 4:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor:
En medio del silencio y la sobriedad, nos hemos congregado esta tarde de Viernes Santo para contemplar el misterio central de este día: la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. En el marco del Jubileo de la Esperanza, se nos invita a renovar nuestra mirada sobre el sufrimiento y la muerte de Jesús, comprendiendo que, en su entrega última, se encierra la promesa de redención y de una nueva vida. Hoy, desde la palabra de Dios, la adoración de la cruz, la oración universal y la sagrada comunión, conmemoramos el amor más grande del mundo que nos ha salvado y redimido. Por ello, entremos en la contemplación de este sublime misterio, a través de cinco pensamientos puntuales.
1.- El Siervo sufriente en Isaías: El rostro del dolor redentor:
En la primera lectura, el profeta Isaías nos presenta la imagen del Siervo sufriente, aquel “hombre de dolores” que carga sobre sí las injusticias del mundo. Esta figura, que en un primer momento parece condenada al abandono y al dolor, anticipa el misterio de la redención: un sufrimiento que, lejos de ser un fin en sí mismo, se transforma en el medio para sanar las heridas de la humanidad. En la pasión, Jesús se identifica plenamente con este Siervo. Él asume el peso del pecado y la condena, no para ser derrotado, sino para abrirnos las puertas a la misericordia divina. Su silencio y humildad ante la injusticia revelan un amor que se renueva en el sacrificio y que nos invita a abrazar la esperanza aun en medio del dolor.
2.- De las lágrimas al júbilo y a la esperanza:
El salmo 30 nos ha recordado la capacidad de Dios para transformar el llanto en alegría y el lamento en alabanza. Así como el salmista reconoce que, en medio de la aflicción, Dios derrama su poder sanador, en la cruz el sufrimiento se transfigura en el preludio de la resurrección. La muerte de Jesús, aparentemente trágica, se convierte en el acto supremo de liberación. Cada lágrima y cada clamor se funden en un canto de esperanza, porque la entrega total de Cristo nos abre el camino a una vida en comunión plena con el Padre, nos abre a la eternidad de la salvación.
3.- El Sumo Sacerdote que se hace cercano a nosotros:
El texto de la segunda lectura de la carta a los hebreos, nos presenta a un Jesús que, siendo Dios, asume plenamente la condición humana. Él es nuestro gran sumo sacerdote, que comprende nuestras debilidades porque, por su encarnación, ha experimentado el sufrimiento e incluso la tentación. Asimismo, la lectura nos muestra cómo -a través de las pruebas y el dolor- Jesús aprendió la obediencia perfecta, siendo finalmente coronado con la victoria de la redención. Este acercamiento, tan humano y a la vez sublime, nos invita a acudir con confianza al trono de la gracia, sabiendo que el mismo que sufrió por nosotros comprende cada uno de nuestros momentos de dolor y desolación. Esta verdad nos llena de consuelo y esperanza.
4.- La pasión salvadora de Jesús:
El impresionante relato de la pasión, en el evangelio de San Juan, nos conduce al corazón mismo del sacrificio redentor. Aquí se nos narra la noche más oscura, en la cual Jesús, rodeado de traición y sufrimiento, obedece la voluntad del Padre hasta el final. Cada palabra, cada mirada y cada gesto en esta narración nos revelan que la muerte no fue un acto de derrota, sino de la consumación del amor de Dios. La cruz, instrumento de maldición en manos del mundo, se transforma en el símbolo de una esperanza renovada y salvífica. Así, el misterio de la pasión se configura como el camino por el cual la muerte es vencida y la vida eterna se abre a todos los que creemos.
Hermanos, el significado de la pasión de Jesús se enriquece con las enseñanzas de los últimos Papas. En su momento, Benedicto XVI nos recordó que “la cruz de Cristo es la nueva zarza ardiente, en la que se nos muestra el amor liberador de Dios”, una imagen que nos invita a ver en la cruz no un instrumento de condena, sino el signo luminoso del amor que transforma la oscuridad en luz. Asimismo, el Papa Francisco ha enfatizado que “en la cruz se encierra la esperanza que transforma el sufrimiento en fuerza para la vida”. Estas palabras nos impulsan a mirar la pasión de Jesús no como un episodio de dolor insuperable, sino como el fundamento de una fe que se renueva día a día en la misericordia y el perdón divinos.
5.- La Cruz como camino de vida y esperanza:
Hermanos, la muerte redentora de Jesús no es un final fatídico, sino el inicio de la vida nueva. La cruz, símbolo del sufrimiento, se ilumina desde el misterio pascual como trono de gloria y de salvación. Así como Jesús entregó su vida por la salvación del mundo, nosotros estamos llamados a entregar nuestras vidas al servicio de la justicia, la solidaridad y la compasión. Cada cruz que llevamos, por pequeña que sea, se convierte en un camino hacia la esperanza y la transformación personal. Por ello, en este Viernes Santo, miremos, contemplemos y adoremos la cruz con verdadera esperanza de salvación y redención. Quiera el Señor, en medio de tanta violencia, egoísmo e injusticia, que el mundo pueda reconocer y aceptar que sólo en Dios hay esperanza y salvación. Hoy proclamamos con toda fuerza y convicción que sólo en Cristo, muerto y resucitado, hay vida y salvación eternas.
¡Te adoramos, oh, Cristo, ¡y te bendecimos! Porque con tu santa cruz y muerte redimiste al mundo. Amén.
