Miércoles 21 de enero, Catedral de Segovia, 9:00 a.m.
Nos reunimos como peregrinos en este lugar santo, la Catedral de Segovia, en el antepenúltimo día de nuestra peregrinación diocesana y en la memoria de Santa Inés, virgen y mártir. No es casualidad que la Palabra de Dios que hemos escuchado apunte tan profundamente al sentido litúrgico de este día: caminar, confiar, resistir y dar testimonio.
En el primer libro de Samuel vemos a un joven pastor, David, enfrentarse al gigante Goliat que aterrorizaba a todo un pueblo. A los ojos humanos, David no tenía posibilidades: era joven, inexperto, sin armadura. Pero él no se dejó paralizar por el miedo ni por la lógica de este mundo. Su fuerza no estaba en las armas, sino en la certeza de que Dios estaba con él. “El Señor que me libró del león y del oso, me librará también de este filisteo”. David avanza con lo que tiene: una honda, unas piedras y una fe firme. Y eso basta para la victoria.
En el Evangelio, Jesús entra en la sinagoga y se encuentra con un hombre con la mano paralizada. Pero el verdadero problema no es la enfermedad, sino la dureza de corazón de quienes lo observan. Jesús lanza una pregunta que resuena con fuerza: “¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?”. El silencio de los fariseos revela un corazón cerrado, más preocupado por la ley que por la persona. Jesús, movido por la compasión, sana al hombre y nos muestra que el amor siempre está por encima de cualquier legalismo.
Santa Inés, a quien hoy recordamos, fue también una joven aparentemente frágil, pero interiormente fuerte. No tenía poder, ni armas, ni protección humana. Sin embargo, su fe en Cristo fue más fuerte que cualquier amenaza. Prefirió perder su vida antes que renunciar a su amor por el Señor. Como David y como el hombre sanado por Jesús, Inés nos recuerda que Dios no actúa desde la lógica del poder, sino desde la fidelidad y el amor.
Nuestra peregrinación es una imagen viva de nuestra vida cristiana. No caminamos porque tengamos todo resuelto, sino porque confiamos. No avanzamos porque no haya gigantes, sino porque sabemos que Dios lucha con nosotros. Cada uno ha venido con sus propias luchas: miedos, cansancios, dudas, heridas. Pero hoy el Señor nos dice: levántate, ponte en medio, muéstrame tu mano paralizada, tu herida, tu debilidad. Yo quiero sanarte.
Que esta Catedral de Segovia, testigo de tantos pasos y oraciones, nos recuerde que no estamos solos. Somos un pueblo que camina unido, sostenido por la fe de quienes nos precedieron, como Santa Inés, y enviados a ser testigos valientes en el mundo de hoy.
Pidamos al Señor un corazón confiado como el de David; compasivo como el de Jesús; un corazón como el de Inés, fiel hasta el final. Que esta peregrinación, que está llegando a su fin, renueve nuestra esperanza y nos haga regresar a casa con una fe más viva, valiente y comprometida.
El Señor nos ayude. Santa Inés interceda por nosotros. Así sea, amén.
