Con el inicio oficial de la campaña electoral este 1° de octubre, Costa Rica abre un nuevo capítulo en su vida democrática. No se trata únicamente de discursos y promesas, sino de un momento de reflexión sobre el futuro del país. Este período debe ser una oportunidad para escuchar propuestas serias, viables y orientadas al bien común, no para caer en la trampa de los ataques personales ni en el desgaste de la polarización.
Nuestro país enfrenta desafíos conocidos y urgentes como la creciente violencia, el desempleo, la desigualdad, la crisis fiscal, rezago en la educación, inseguridad y pérdida de confianza en las instituciones. No son problemas de fácil solución, pero sí reclaman de quienes se postulan a cargos públicos capacidad, visión y compromiso real de servicio.
En este contexto, la campaña debería elevarse como un espacio de debate respetuoso y de contraste de ideas, donde lo que prevalezca sea la claridad de los proyectos y no la constante confrontación. La democracia se engrandece cuando se construye sobre argumentos, evidencias y propuestas que responden a las verdaderas necesidades de la ciudadanía.
Costa Rica necesita líderes capaces de afrontar la complejidad de sus retos con responsabilidad, transparencia y creatividad. Pero también necesita una ciudadanía activa, crítica y vigilante, que se informe, compare y decida con libertad, sin dejarse arrastrar por consignas vacías o promesas sin fundamento.
Desde la Conferencia Episcopal de Costa Rica, los obispos hemos hecho un llamado para que la sociedad pueda gozar de una política al servicio del bien común y de la esperanza. Pedimos respeto y compromiso por el bien común. Y recordamos también que la democracia no se sostiene solo en normas, al contrario, es sostenida por valores como la dignidad humana, la honestidad, la justicia y la transparencia.
El inicio de la campaña electoral no es solo el punto de partida para los partidos políticos; es también un llamado a cada ciudadano a preguntarse qué país queremos construir y qué valores deben guiar nuestro futuro.
La solidez de nuestra democracia depende tanto de la calidad de quienes aspiran a gobernar como de la seriedad con la que cada votante asuma su decisión.
Hoy más que nunca, la responsabilidad es compartida: candidatos que hablen con la verdad y una ciudadanía que exija altura en el debate. Solo así podremos transformar la coyuntura electoral en una verdadera oportunidad de esperanza y renovación para Costa Rica.
Es importante también que los medios de comunicación jueguen un papel a la altura del momento histórico que vivimos, para que puedan llevar información veraz, para que sean garantes de oportunidades igualitarias para todas las propuestas y para que contribuyan a que el debate sea serio, sobre ideas y propuestas, no difundiendo noticias falsas ni promoviendo confrontaciones sin sentido.
Pidamos la intercesión de la Patrona de Costa Rica, Nuestra Señora de los Ángeles, para que este proceso sea de construcción en beneficio del país. Pidamos a Dios que nos ilumine y guíe en el rumbo que se decidirá en las próximas elecciones.
Fermento 392. Martes 30 de setiembre, 2025
