Compartiendo las maravillas del Señor

A las puertas de iniciar el Tiempo de Cuaresma, les invito a volver nuestra mirada a la Palabra de Dios en Marcos 5, 19 que nos dice: “Cuéntales todo lo que el Señor, por su misericordia, ha hecho contigo”.

Precisamente, experimentamos la gracia de tener un Padre misericordioso y podemos evocar también todos los momentos en los que el Señor se ha compadecido de nosotros y nos ha levantado para sanar nuestras heridas, guiar nuestros pasos y llenarnos de vida. Como lo señala el Papa Francisco en su mensaje cuaresmal “a través del desierto Dios nos guía a la libertad (…) Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud”.

Cuaresma es un tiempo para reflexionar y buscar la renovación espiritual. A la vez, es un tiempo para agradecer a Dios, quien no se cansa de brindarnos la oportunidad de volver a él y acoger su permanente llamado a la conversión.

La cita bíblica, con base a la cual hago esta reflexión, nos recuerda el amor compasivo del Señor para con cada uno de nosotros, pero también nos urge a seguir las prácticas cuaresmales de la penitencia, la limosna y el ayuno.

Desde la penitencia ponemos la mirada en nuestro interior, sobre nuestras acciones y actitudes, sobre las veces que le hemos fallado a Dios y aun así, nos vuelve a dar la oportunidad de retomar su camino.

Compartir las maravillas de Dios no se trata solamente de celebrar los regalos que nos da, es reconocernos necesitados de su misericordia para asemejarnos cada vez más a su hijo Jesucristo.

Por medio de la limosna, extendemos nuestra solidaridad con los que menos tienen, al tiempo que compartimos lo mucho que el Señor nos da. Podemos en este tiempo realizar acciones concretas que hablen de las maravillas que nuestro Padre ha tenido y ha hecho con nosotros.

Finalmente, con la práctica cuaresmal del ayuno, ponemos nuestro corazón en lo esencial: podemos privarnos de muchas cosas durante estos 40 días sabiendo que la plenitud la encontramos solamente en el Señor que nos ofrece la vida eterna.

Con una actitud y un testimonio coherente podemos manifestarnos como verdaderos cristianos, no para aparentar con nuestras acciones, sino más bien con obras que realmente den sentido a nuestra a vida y a la vida de nuestros hermanos, especialmente los más necesitados, porque en ellos se manifiesta Dios.

Con nuestras obras podemos llevar esperanza y anunciar a otros la grandeza de nuestro Dios, que es compasivo y misericordioso; podemos acercar a muchos que aún necesitan saber de Dios y conocerle.

Como católicos, sabemos que cada experiencia que vivimos da testimonio del amor de Dios que nos encamina en este tiempo a vivir su gracia en la Pascua, de la cual quiere hacernos parte.

Pidamos al Señor que esta Cuaresma no pase de lado; por el contrario, que sea la oportunidad de encontrarnos con su gracia y amor, y compartirlos con los demás; para renovarnos a través de su Palabra y atraer a otros a sus inagotables maravillas de misericordia y perdón.

Fermento 307. Martes 13 de febrero, 2024