¡Concédenos tu paz, Señor!

En un mundo que a menudo parece atrapado en el ruido del conflicto y la división, la paz se presenta como una necesidad urgente y un anhelo profundo en el corazón de toda persona. La paz no es simplemente la ausencia de guerra o violencia, sino el fruto de la justicia, la reconciliación y el respeto mutuo.

Como discípulos de Cristo, estamos llamados a ser instrumentos de paz, siguiendo el ejemplo del Príncipe de la Paz, que vino al mundo para unir y sanar lo que estaba roto y rescatar una humanidad herida.

La verdadera paz comienza en el corazón de cada uno de nosotros. Es allí donde se libran las batallas más profundas entre el egoísmo y el amor, entre la indiferencia y la compasión. Para construir un mundo más pacífico, debemos permitir que Dios transforme nuestros corazones, llenándonos de su amor y de su misericordia. Solo desde esa transformación interior podremos extender la paz a nuestras familias, comunidades y a la sociedad en general.

Al mismo tiempo, en una era de grandes desafíos globales, como los conflictos armados, la injusticia social y las crisis humanitarias, hacemos un llamado a todos los líderes a poner la dignidad humana en el centro de sus decisiones. La paz no se construye con armas, sino con el diálogo, la solidaridad y el esfuerzo conjunto por el bien común. Todos estamos invitados a ser agentes activos de paz, empezando por gestos sencillos de reconciliación y fraternidad en nuestra vida cotidiana.

El Papa Francisco, con motivo de la LVIII Jornada Mundial de la Paz, que se celebra cada 1° de enero, precisamente titulaba su mensaje para este día con un fuerte llamado de confianza en Dios: “Perdona nuestras ofensas, concédenos tu paz”.

“Al comienzo de este año queremos ponernos a la escucha de este grito de la humanidad para que todos, juntos y personalmente, nos sintamos llamados a romper las cadenas de la injusticia y, así, proclamar la justicia de Dios. Hacer algún acto de filantropía esporádico no es suficiente. Se necesitan, por el contrario, cambios culturales y estructurales, de modo que también se efectúe un cambio duradero”, decía el Santo Padre.

Es necesario que la humanidad vuelva su mirada a Dios para cambiar el rumbo de destrucción que por diferentes caminos está llevando sus decisiones. Es necesario que cesen las armas, los odios… que sintamos todos, especialmente los líderes mundiales, el anhelo de paz que nos permita recomponer al mundo.

Ante diferentes conflictos en distintos sectores del orbe, una guerra por partes que tanto ha denunciado el Papa Francisco, imploremos al Señor su paz, no cesemos en la oración, no perdamos la confianza en Dios.

Pidamos también a la Virgen María, Reina de la Paz, que interceda por nosotros, para que seamos portadores de esperanza y constructores incansables de un mundo más justo y fraterno.

“La paz no se alcanza sólo con el final de la guerra, sino con el inicio de un mundo nuevo, un mundo en el que nos descubrimos diferentes, más unidos y más hermanos de lo que habíamos imaginado”. Con estas palabras del Papa, confiemos que el año 2025 pueda traernos paz.

Fermento 354. Martes 7 de enero, 2025

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