Conservar y meditar las cosas de Dios en el corazón para ser testigos

Peregrinación vicarial. Camino al Año Santo Jubilar 2025. Año de la Oración.

Sábado 18 de mayo de 2024, Vicaría Foránea Patriarca San José, Parroquia San Antonio de Padua, Pital.

Hermanos todos en el Señor Jesús:

Esta mañana de gracia y bendición estamos teniendo esta experiencia fuerte de peregrinación espiritual a través de la oración, como Vicaría Foránea San José, en el marco del Año de la Oración camino al Año Santo Jubilar 2025 que ya ha convocado oficialmente el Papa Francisco la semana anterior. Agradezco la presencia y participación de los sacerdotes, del diácono y fieles laicos de la Vicaría; deseamos y esperamos que esta mañana de oración sea de mucho fruto espiritual para todos y de animación desde la esperanza cristiana en preparación al Año Santo próximo.

Como es comprensible y esperable, para hoy sábado mariano y para esta peregrinación espiritual que estamos viviendo, en los textos de la Palabra de Dios que se han proclamado destacan dos elementos principales: 1.- La figura y modelo de la Santísima Virgen María, mujer de fe y oración. 2.- La experiencia misma de la oración que sostiene y anima toda la misión de la Iglesia y de cada uno de nosotros. Sin oración no hay vida cristiana, sin oración no hay frutos de santidad ni de vida apostólica. La oración es el alma de nuestra vida espiritual y pastoral.

Desde los inicios de la Iglesia queda patente esta verdad y necesidad. La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos presenta, después de la Ascensión del Señor y en espera de Pentecostés, como nosotros hoy, a una Iglesia en comunión y en oración. “Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus parientes”, nos decía San Lucas en el texto. Hermanos, tenemos acá el modelo de Iglesia que hemos de ser: una Iglesia unida y orante. Quiera Dios que el próximo Año Santo Jubilar nos confirme en esta verdad y necesidad, para ser una Iglesia santa, orante, fecunda, misionera, servidora y portadora de la esperanza y del amor de Dios que tantas personas necesitan en medio de las dificultades, pobrezas e injusticias de este mundo como consecuencia del egoísmo humano que es incapaz de amar y hacer el bien.

Pero antes de anunciar y lanzarnos a la misión, es preciso interiorizar y contemplar, adentrarnos en el misterio de Dios. La misión de la Iglesia es netamente de orden espiritual, que ciertamente se proyecta y se hace visible como sacramento de salvación para todos los pueblos y personas en medio de las realidades que viven. Primero tenemos que recibir y tener en el corazón la persona misma de Jesús, su mensaje de buena noticia salvífica, sus pensamientos, palabras y acciones. Estamos llamados a concebir primeramente a Jesús interiormente, para luego darlo a luz, para comunicarlo y entregarlo al mundo como lo hizo María. Así entendemos lo que nos decía San Lucas en su evangelio que, contemplando a su Hijo recién nacido en Belén, “María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”.

Conservar y meditar las cosas de Dios en el corazón para ser testigos, para cumplir la misión con la fuerza y el impulso del Espíritu. Queda claro que, antes de misionar, hay que interiorizar, orar, contemplar y asimilar. Aquí está la clave para la fecundidad y la eficacia de la misión de la Iglesia. Así lo entendió y lo vivió la Santísima Virgen María con grandeza y generosidad de corazón, con humildad y docilidad a la gracia de Dios que siempre hace fecundar y fructificar.

Hermanos, al unirnos también al cántico de alabanza de nuestra Madre -que glorifica y bendice a Dios por todas sus maravillas- pidamos desde ya, no solo para este Año de la Oración, sino, sobre todo, para el Año Santo Jubilar 2025, al cual nos preparamos, que nuestra Iglesia, y cada uno de nosotros como miembros suyos, seamos y vivamos de verdad como Iglesia de comunión y oración, para cumplir fielmente la misión evangelizadora y testimonial que nos corresponde a todos desde el bautismo.

Para reavivarnos como Iglesia, con motivo del Año Santo, el Papa Francisco, en su Bula de convocación del mismo titulada “La esperanza no defrauda”, del pasado 9 de mayo, nos hace grandes llamados para que este Jubileo traiga muchos frutos, por ejemplo, en la remisión de penas y deudas, en la ansiada paz mundial, en desarmar a un mundo que sufre injusticia y pobreza, en la atención efectiva a los más vulnerables, en renovar el deseo de transmitir la vida, en reavivar la esperanza en medio de tanto pesimismo y frustración, en buscar el verdadero sentido de la vida, entre otros llamados también que nos animan a vivir un Año Santo Jubilar muy fecundo no solo para la Iglesia, sino para toda la humanidad también.

Hermanos, que la experiencia orante que estamos viviendo aquí esta mañana, la intercesión eficaz de la Santísima Virgen María, y sobre todo la celebración de esta Eucaristía, unida a la adoración eucarística posterior, nos dispongan a abrir desde ya nuestros corazones, para que el Año Santo 2025 sea fuente de abundantes gracias y bendiciones para todos nosotros, a fin de que seamos y vivamos como Iglesia de comunión y oración en la fe, la esperanza y el amor. Que el Señor nos ayude y que así sea, amén.

Foto: Naomy Zúñiga Picado.