Costa Rica, para ser una familia y una nación unida, ha de hacerlo desde la fe

Solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles, Viernes 2 de agosto de 2024.

Santuario diocesano Los Ángeles de La Fortuna, 6:00 p.m.

Un año más, tenemos la gracia y la dicha inmensa de congregarnos, como comunidad diocesana, en este nuestro santuario, para honrar a Nuestra Señora de los Ángeles en esta solemnidad del 2 de agosto. Venimos a presentar y ofrecer nuestro homenaje de amor filial a nuestra Madre y Patrona de Costa Rica. Venimos a presentar al Señor, por intercesión de María, nuestras súplicas, necesidades, acciones de gracias e intenciones con gran fe y confianza. Quiero destacar y agradecer por la cantidad de peregrinos y devotos que han encaminado sus pasos hasta este santuario diocesano como expresión de su fe en Dios y de su amor a María.

Este año, bajo el lema “María: modelo de unidad, reúne y protege al pueblo costarricense”, se ha querido motivar no sólo la romería a Cartago, sino las diferentes peregrinaciones diocesanas y parroquiales que se realizan a lo largo y ancho del país para honrar a Nuestra Señora de los Ángeles. Es necesario reflexionar y enfatizar en el valor de la unidad en medio de la polarización, división, violencia e intolerancia que lamentablemente vivimos en nuestro país en el momento actual. La Costa Rica pacífica, respetuosa, tolerante, fraterna y unida de antes parece que se nos ha ido de las manos en medio de tanto fraccionamiento social, político y económico de los últimos años. Es preciso buscar y retomar la unidad y la comunión, comenzando desde nuestras familias, para hacer frente a tanto enfrentamiento y división. Esta forma de actuar no nos lleva a nada bueno ni a ningún puerto seguro.

De manera muy clara y concorde, los textos de la liturgia de la palabra, que se han proclamado en esta Eucaristía, destacan como elemento común en la figura de María el hecho de ser Madre. Ella es la madre cercana, fiel y siempre presente en nuestra vida y en nuestra historia. Nuestra Señora de los Ángeles ha sido siempre e históricamente factor decisivo e indiscutible de unidad y cohesión para el pueblo costarricense. Ella nos une y nos congrega no solo para la romería y para su fiesta, sino que nos une y nos congrega como madre de todos nosotros sus hijos.

Ella es la Madre del amor hermoso, como decía la primera lectura del Eclesiástico, que ha acompañado por 389 años la vida de esta nación costarricense, pues “echó raíces y puso su tienda en medio de este pueblo” que la ama. Ella es la Madre fiel que ha intercedido por este pueblo y que lo ha acompañado con amor maternal. Y es que lo propio de una madre es estar presente, acompañar, cuidar, darse y entregarse por sus hijos. Así lo ha hecho la Reina de los Ángeles con este pueblo costarricense.

La segunda lectura, de San Pablo a los gálatas, nos presenta a María como la mujer madre que nos ha dado al Hijo de Dios, en plenitud de los tiempos. Las madres, además de dar vida, siempre unen, congregan y acogen. Para unirnos en una misma fe y en mismo amor, el mismo Hijo de Dios nació de mujer, quiso venir a nosotros por medio de una madre, para que Él, siendo la misma vida, nos diera vida en abundancia y nos confirmara en la esperanza de la vida eterna.

En el evangelio de San Juan también se nos presenta a María como Madre. La Madre firme y valiente al pie de la cruz, en los momentos más dramáticos cercanos a la muerte de su hijo. Y Jesús, antes de entregar su vida, nos encomienda y entrega a su Madre, como madre nuestra, en la persona del apóstol Juan. Ella es la Madre de la Iglesia que, en el cumplimiento de su misión, sigue comunicando la misma vida de Cristo a quienes conformamos la comunidad eclesial para ser capaces de vivir en el amor y la unidad.

No caigamos en la tentación de quienes nos quieren dividir y enfrentar desde ideologías, costumbres y modas ajenas a nuestra manera de ser costarricense basada, sin duda alguna, en valores cristianos, de fe, de unidad, fraternidad y solidaridad. Desde tiempos atrás, unidos y con esfuerzos comunes hemos sacado adelante ideales, tareas y proyectos que han consolidado la unidad de la familia costarricense. La unidad empieza desde nuestras familias y comunidades, empieza desde el granito de arena que cada uno debemos aportar para ser más hermanos, más solidarios, más caritativos y personas de fe que tenemos en la comunión un valor fundamental.

El Señor nos ayude, por intercesión de María, Reina de los Ángeles, a disponernos a la reconciliación, a la paz, a la unidad y a la fraternidad nacional. Que podamos recomponer todo aquello que ha sido roto por la división y la violencia, por el egoísmo y la corrupción, por el alejamiento de Dios y de los valores evangélicos. Costa Rica, para ser una familia y una nación unida, ha de hacerlo desde la fe. Así lo hemos vivido y comprobado históricamente, sobre todo entorno y bajo el amparo de nuestra Madre y Patrona, Nuestra Señor de los Ángeles, ya casi por cuatro siglos de su hallazgo y dos centurias de su patronazgo. No equivoquemos ni perdamos el camino; ya lo sabemos, ya lo hemos vivido y experimentado: unidos y hermanos siempre.

Vamos a pedirle al Señor, en esta Eucaristía, por intercesión de María, Reina de los Ángeles, Madre y Patrona nuestra, que siga cuidando y bendiciendo a todos los habitantes de este pueblo costarricense, a sus familias, niños, jóvenes, adultos y ancianos; que nos conserve a todos en la unidad y en la paz. María nos ayude a ser fieles a Dios y a su proyecto de amor y salvación, y como ella, podamos decir “hágase en nosotros según la voluntad del Señor”.

Así sea, amén.

¡Nuestra Señora de los Ángeles! Ruega por nosotros.

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