XX Domingo del Tiempo Ordinario, Profesión perpetua de la Hermana Rose Mary Chacón Cartín.
17 de agosto de 2025. Capilla del Colegio Agropecuario, Santa Clara, 10:00 a.m.
Hermanos todos en el Señor:
Hoy la Iglesia, particularmente nuestra Diócesis, se llena de gozo y gratitud para acompañar a nuestra hermana Rose Mary Chacón Cartín, quien, en esta Eucaristía del XX Domingo del Tiempo Ordinario, emitirá sus votos perpetuos en la Congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, fundada por la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. Este es un día profundamente eclesial, en el que la consagración de una hermana enriquece y edifica a todo el Pueblo de Dios. Lo que celebramos hoy es un acontecimiento comunitario-vocacional, por gracia de Dios, porque el Señor sigue llamando. Por ello, una hija suya responde con un “sí” definitivo en consagración perpetua.
La primera lectura, del profeta Jeremías, nos sitúa ante la experiencia de la fidelidad en medio de la oposición y de la prueba. El profeta, por ser fiel a la Palabra de Dios, es rechazado y perseguido. La historia de Jeremías nos recuerda que el seguimiento del Señor no es un camino de conveniencias o facilidades, sino de entrega incondicional que pasa incluso por la prueba del sufrimiento. Hermana Rose Mary, su profesión perpetua significa disponerse a vivir la misión sin condiciones, a permanecer firme cuando el anuncio del Evangelio suponga incomprensiones y rechazos, y a confiar plenamente en Aquel que la ha llamado desde antes de nacer. La vida consagrada, como la del profeta, es una proclamación constante de que Dios merece ser servido por encima de cualquier cálculo humano; por encima de cualquier cosa o creatura.
El salmo responsorial nos ha hecho proclamar: “Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor”. Este es el cántico de un pueblo que ha experimentado la liberación. Ahora, el Señor ha hecho en la Hermana Rose Mary una obra maravillosa, conduciéndola a través de la formación, de la vida comunitaria y de la misión hasta este día de su entrega y consagración. En un mundo que mide el valor de la vida por el éxito o la utilidad, esta profesión perpetua de la Hermana Rose Mary anuncia y es testimonio elocuente de que la verdadera plenitud se encuentra en pertenecer totalmente al Señor para siempre. Repito, totalmente y para siempre.
Por su parte, el autor de la carta a los hebreos nos ha recordado que estamos rodeados de una “nube ingente de testigos” y que debemos correr con constancia la carrera que se nos propone, manteniendo la mirada fija en Jesús. Esta exhortación no es solo para unos pocos, sino para todo creyente que ha recibido el don de la fe. Seguir a Cristo exige perseverancia, superar el cansancio, no dejarse distraer por lo pasajero y sostenerse cada día en la oración, en la vida comunitaria y en el servicio generoso. Todos, desde nuestra propia vocación común a la santidad, estamos llamados a vivir esta carrera de la fe con fidelidad y coherencia, conscientes de que la meta de todo nuestro recorrido y vivencia de fe es el encuentro definitivo con el Señor.
Hermanos, desde el evangelio tan particular de este día, según San Lucas, el Señor nos invita a vivir con un corazón encendido, a no conformarnos con una fe tibia o acomodada: Él ha venido a prender fuego; no ha venido a traer paz, sino división. Con estas afirmaciones, incluso desconcertantes, Jesús quiere provocar movimiento, despertar acción y sacarnos de la indiferencia. Cuando dejamos que Dios actúe en nuestra vida, todo se ilumina de otra manera y encontramos fuerzas para elegir lo que es bueno, aunque suponga incomprensión y rechazo, sobre todo en una sociedad que busca la comodidad y la conveniencia personal.
Esa fuerza interior es la que sostiene el seguimiento de Cristo y lo convierte en un testimonio que contagia a otros. Hoy, en esta celebración, recordamos que nuestra vocación cristiana —cada uno desde su propio camino— está llamado a mantener viva esa pasión por el Evangelio, para que donde estemos y con quienes estemos, podamos reflejar el amor de Dios. Hoy se nos pide optar radicalmente por el Señor, aunque ello suponga hasta persecución por causa de la fe, del Evangelio y de la Iglesia.
En esta celebración única y particular, dentro de unos momentos, la Hermana Rose Mary responderá: “Quiero servir a Jesucristo, Esposo de las vírgenes, en nuestra amada Congregación… todos los días de mi vida”. Esta afirmación contundente y fundamental expresa la esencia de la vida consagrada: se trata un amor esponsal que no se interrumpe, un servicio que no se reserva nada para sí, una fidelidad que se renueva cada día y para siempre. Por tanto, no se trata de una afirmación simbólica, sino de un compromiso real de ser toda de Cristo en la comunidad que Él le confía a la Hermana Rose Mary.
Querida hermana, la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento quiso fundar una familia religiosa que viviera centrada en la Eucaristía, con espíritu misionero y amor a la Iglesia. Desde hoy, sus votos perpetuos la vinculan definitivamente a este carisma que pide mujeres de fe sólida, de vida sencilla y de corazón apostólico. Que la experiencia de oración sea fuente de su misión, que su comunidad sea el lugar donde crezca y haga crecer a otras hermanas, que su testimonio sea una invitación silenciosa pero clara para buscar siempre a Dios.
Hermanos, la profesión perpetua de nuestra hermana es para nosotros un llamado a examinar cómo vivimos nuestra propia vocación. Sea cual sea nuestro estado de vida, todos estamos llamados a poner a Cristo en el centro y a vivir en coherencia con el Evangelio.
Acompañemos a la Hermana Rose Mary con nuestra oración, para que su fidelidad sea siempre alegre y su entrega constante en su consagración religiosa perpetua. Que María Santísima, modelo de consagración total, la cubra con su manto y le enseñe a decir cada día: “Hágase en mí según tu palabra”. El Señor, que comenzó en Usted la obra buena, la lleve a su plenitud. Que así sea, amén.
