Día Internacional del Trabajo

El 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la dignidad del trabajo y la justicia social desde la perspectiva de la Iglesia.

Aunque el desempleo ha venido disminuyendo en Costa Rica, todavía hay muchas personas desempleadas. Asimismo, son muchas de ellas las que han perdido la esperanza de encontrar trabajo.

Con la llegada de la revolución 4.0, lo hemos dicho, muchos empleos están en riesgo, no para el futuro, sino que esto es ya una realidad. Surge y clama la necesidad urgente de promover una justicia social más profunda y sólida. Se requiere una mejor preparación de las personas para enfrentar los retos que supone la tecnología. Son necesarias políticas que adopten soluciones ante este panorama.

El Magisterio de la Iglesia es abundante al resaltar la importancia del trabajo como medio para el desarrollo integral de la persona, la familia y la sociedad. En este sentido, el trabajo no solo es una fuente de ingresos, sino también un medio para expresar la creatividad y la dignidad inherente de cada ser humano. Es medio para el sostenimiento de las familias; es progreso y desarrollo integral para las personas.

Ya, desde 1891, en la Encíclica Rerum Novarum, el Papa León XIII enfatizó la necesidad de proteger los derechos de los trabajadores y promover condiciones laborales justas, sin generar cargas excesivas, siendo que, ganarse la vida por medio del trabajo es un fin noble y honesto.

En la actualidad, este principio sigue estando presente: deben garantizarse salarios dignos, condiciones de trabajo seguras y oportunidades de crecimiento profesional para todos; especialmente deben procurarse posibilidades de trabajo para aquellos que están desempleados o en riesgo de perder sus empleos.

Hermanos, el trabajo no debe ser una fuente de explotación, sino un medio para promover la solidaridad y el bien común. Esto significa que los patronos tienen la responsabilidad de tratar a sus empleados con dignidad y respeto, y de contribuir al desarrollo integral de la sociedad a través de prácticas laborales éticas y sostenibles.

Hago un especial llamado a las autoridades de la sociedad para que adopten políticas que promuevan la inclusión y la igualdad de oportunidades en el mercado laboral. Esto incluye la inversión en educación y formación profesional para garantizar que la mayoría tenga las habilidades necesarias para prosperar en una economía cada vez más automatizada y digitalizada.

El 1 de mayo nos recuerda que el trabajo es un derecho humano fundamental que debe ser protegido y promovido por todas las instancias de la sociedad. La Iglesia nos llama a trabajar por una sociedad en la cual cada persona pueda encontrar un empleo digno que le permita realizarse como ser humano y contribuir al bienestar de la comunidad.

En el Día Internacional del Trabajo, renovemos nuestro compromiso de promover la dignidad del trabajo y la justicia social en nuestras acciones y decisiones. Solo así podremos construir un mundo más próspero y solidario para todos. Pidamos al Señor que nos ilumine y nos guíe para reducir el desempleo y generar más y mejores oportunidades para todos.

Fermento 318. Martes 30 de abril, 2024