Dignitas infinita: vida, I Parte.

El pasado 2 de abril, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, al conmemorarse el 19° aniversario de la muerte de san Juan Pablo II, presentó la Declaración Dignitas infinita sobre la dignidad humana.

Muchos son los temas valiosos que confirman la importancia que da el Magisterio de la Iglesia a la vida, al desarrollo integral, a la dignidad, al respeto de la persona humana en general.

Quiero centrarme en particular en la vida, y en la amenaza que representa actualmente presentar la eutanasia como un fin noble y bueno, cuando en realidad es una práctica que se opone a la vida.

“Hay un caso particular de violación de la dignidad humana, más silencioso pero que está ganando mucho terreno. Tiene la peculiaridad de utilizar un concepto erróneo de la dignidad humana para volverla contra la vida misma. Esta confusión, muy común hoy en día, sale a la luz cuando se habla de eutanasia”, señala Dignitas infinita en su número 51.

Para no hablar de eutanasia, como ocurre por ejemplo con el aborto, en nuestra sociedad actual se disfrazan los términos con el fin de presentarlos como algo beneficioso para la humanidad. Se habla de aborto terapéutico, por citar ese ejemplo. En el caso de eutanasia, se habla de ayudar a tener una “muerte digna” a la persona que pudiera estar sufriendo una enfermedad.

En el pasado, varios proyectos de ley se han presentado en Costa Rica, atentando una vez más contra los valores nacionales que siempre han clamado por el respeto a la vida en todas sus etapas. Se tiene la noción de que sufrir es malo; se privilegian principios en la humanidad como un bienestar entendido desde la óptica del placer, el poder o el tener. Todo lo que no sea compatible a esos conceptos, pareciera entonces que no es humano o que no es bueno.

“Está muy extendida la idea de que la eutanasia o el suicidio asistido son compatibles con el respeto a la dignidad de la persona humana. Frente a este hecho, hay que reafirmar con fuerza que el sufrimiento no hace perder al enfermo esa dignidad que le es intrínseca e inalienablemente propia, sino que puede convertirse en una oportunidad para reforzar los lazos de pertenencia mutua y tomar mayor conciencia de lo preciosa que es cada persona para el conjunto de la humanidad”, recalca Dignitas infinita n. 51.

Precisamente, San Juan Pablo II, en Evangelium vitae, n. 65, señalaba: “de acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal”.

La próxima semana vamos a continuar con este tema para clarificar lo que señala la Iglesia sobre la dignidad de la persona enferma, sobre los esfuerzos que también se permiten para aliviar el dolor, pero, sobre todo, es importante que no perdamos de vista el don de la vida y la dignidad que nos ha conferido el Señor.

Aunque muchos levanten la voz para defender la eutanasia atacando preceptos religiosos, como si estos fueran negativos, nosotros los católicos estamos llamados a seguir promoviendo la vida desde su concepción hasta su muerte natural. La cuestión será si somos o no fieles a la verdad de Dios y a la enseñanza de la Iglesia.

Fermento 320. Martes 14 de mayo, 2024