Dios hoy. Con él o sin él todo cambia.

Con algunos días que hemos recorrido ya del Tiempo de Adviento y con la sociedad sumergida en el ambiente propio de fin de año, se corre el riesgo de perder la esencia de la preparación que los cristianos debemos tener de cara a la celebración de la Natividad.

Decía el Papa Benedicto XVI, en el año 2009, con ocasión del Congreso “Dios hoy. Con él o sin él todo cambia”, que, “a menudo se tiende a reducir al hombre a una sola dimensión, la ‘horizontal’, considerando irrelevante para su vida la apertura a lo Trascendente”.

Pocas veces, realmente, se escuchan en la cotidianidad conversaciones en las que esté presente la vida eterna, el deseo del encuentro con Dios o las ansias de estar en el cielo con nuestro Padre y creador.

Frecuentemente, incluso en familias católicas, se habla solo de logros académicos o laborales, se piensa en el futuro de los hijos, en la obtención de resultados materiales como una casa, un vehículo… Pocas veces, por no decir nunca, está presenta la conversación sobre ser santos o la necesidad real de que en el futuro nos encontremos con Dios en nuestro juicio final.

El Tiempo de Adviento es propicio porque nos invita a mirar más allá de lo inmediato y tangible, redescubriendo la dimensión trascendental de nuestra existencia. Es un tiempo para recordar que, como cristianos, nuestra verdadera meta no radica en los éxitos terrenales, sino en la santidad y en la unión eterna con Dios. Este llamado a la trascendencia es un desafío en una sociedad que frecuentemente prioriza lo material sobre lo espiritual.

El Adviento nos ofrece la oportunidad de cultivar una fe viva que inspire a nuestras familias y comunidades a reflexionar sobre la realidad del cielo y el juicio final. Es un tiempo para sembrar en nuestros corazones el anhelo del encuentro con Cristo, dejando que esta esperanza ilumine cada decisión y acción en nuestra vida cotidiana. Al hacerlo, nuestras conversaciones y prioridades se transformarán, alineándose con el propósito eterno que Dios nos ha trazado.

Benedicto XVI decía en el mencionado Congreso de hace 15 años que, en una situación cultural y espiritual como la que estamos viviendo, “crece la tendencia a relegar a Dios en la esfera privada, a considerarlo como irrelevante o superfluo, o a rechazarlo explícitamente”.

¡Cuántos proyectos de ley y cuántas tendencias de muchas de nuestras autoridades han querido en los últimos años relegar a Dios, relegar lo espiritual o negar la relevancia a la religión!

Nuestra sociedad necesita con urgencia redescubrir a Dios como la fuente de sentido y dirección en medio de la confusión y el relativismo. Cuando relegamos lo espiritual a un plano secundario, perdemos de vista las verdades fundamentales que dan sentido a nuestra existencia.

Es imperativo que, como personas y como comunidad, abramos nuevamente el corazón a lo trascendente, permitiendo que la fe ilumine nuestras decisiones y nuestras relaciones. Solo en Dios encontramos la verdadera respuesta a los anhelos más profundos del alma y la guía necesaria para construir una sociedad más justa y más humana.

Fermento 350. Martes 10 de diciembre, 2024

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