El amor no es un sentimiento vago o difuso; es una decisión que pone en orden todo hacia el bien común

I Asamblea Diocesana de Pastoral Juvenil. Domingo 17 de noviembre de 2024.

Capilla Colegio Diocesano, 5:00 p.m.

Como gran familia de la Pastoral Juvenil, conformada por la comisión diocesana, comisiones parroquiales y animadores, han reflexionado hoy, en esta Asamblea, que ustedes son el rostro visible del amor y la preocupación de todo el cuerpo de la Iglesia por los jóvenes. Ellos son no una opción entre muchas, son opción preferencial. Esta opción preferencial de la Iglesia por los jóvenes se contrapone muchas veces con las opciones preferenciales que tienen los jóvenes hacia las cosas del mundo, que los atraen con fuerza y con insistencia, y que los llevan muchas veces al sinsentido, al egoísmo, al vaciamiento de vida. La lucha es intensa, porque vivimos en el mundo todos, pero debemos recordar las palabras del Señor, en la oración de la noche del Jueves Santo, antes de padecer y morir, y que ellas sean nuestra motivación para trabajar con los jóvenes: “están en el mundo, pero no son del mundo” (cfr. Juan 17,15-16). 

Como les recordé en mi IX carta pastoral de enero pasado, llamada “En tu Nombre echaré las redes”, sobre el uso de las redes sociales y la inteligencia artificial, el mundo tiene elementos hermosos, buenos, verdaderos, que nos llevan a encontrar y contemplar al Creador; pero también es cierto que tiene elementos tocados por el misterio del mal, que empujan con fuerza a las almas, sobre todo a las más jóvenes, a hacer camino propio en soledad y muchas veces sin orientadores que los lleven al camino de Cristo, que es el único que nos da lo que es realmente la vida plena. Que, en ustedes, tanto en las redes sociales personales y grupales como en persona, los jóvenes vean verdaderos y alegres buscadores y portadores de esperanza sólida cristiana. 

Como les decía, la experiencia del misterio del mal toca al mundo, pero también toca a la Iglesia de Cristo y a los jóvenes de los grupos de la Iglesia. Como lo han reflexionado también, la Iglesia debe ser lugar y hogar seguro, pues con la dignidad de las personas no podemos ni debemos jugar. El amor no es un sentimiento vago o difuso; es una decisión que pone en orden todo hacia el bien común; es una convicción y camino lleno de actos concretos; actos cuidadosos, pequeños y grandes, personales y grupales. Los Estatutos, que desean implementar para la pastoral juvenil, nacen del amor a Dios y al prójimo; ustedes aman a la Iglesia de Cristo y desean amarla de manera más ordenada, reuniendo esfuerzos y basados en experiencias felices y no felices vividas ya en el pasado. 

El mal que se cuela en un grupo juvenil puede ser muy sutil y toma formas muy variadas: enemistades, egoísmos, burla, competitividad mal sana, deseos de figurar, abuso de muchos estilos, murmuración, luchas de poder, amenazas, obstrucciones, sabotajes, apatía, etc., pero todo esto hay que combatirlo con la delicadeza y precisión del amor cristiano, con las obras de misericordia, como lo hemos reflexionado en el recién pasado Día Joven con Jesús, en julio, y las cuales inspiran también sus Estatutos. Como líderes, que ya lo son, en sus comisiones y equipos, busquen ser constantes y activos; consoliden las virtudes y luchen contra los vicios, con la ayuda del Señor. Sólo así se conseguirán mayores y mejores frutos espirituales y materiales. 

Concluyendo esta Asamblea con la Eucaristía, coloquen ante la presencia del único y verdadero Dios que da la vida, aquí en el altar, el sueño de un mundo mejor por y para las juventudes de nuestra Diócesis. Que el beato Carlo Acutis, cuya reliquia recorre nuestras parroquias, joven santo y moderno, quien llevaba todo lo que vivía a la Eucaristía, con su intercesión ayude y bendiga los esfuerzos que realizan, y que el Señor haga prósperas las obras de nuestras manos. Dios los bendiga, acompañe y cuide siempre. Amén.

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