Día Joven con Jesús, XV Domingo Tiempo Ordinario.
Domingo 14 de julio, Centro Diocesano de Espiritualidad Mariana, San Vicente de Río Cuarto, 9:00 a.m.
Queridos jóvenes:
Doy gracias a Dios por estar compartiendo con ustedes este día que Jesús quiere dedicar a ustedes y que ustedes dedican también al Señor, en esta IX edición del Día Joven con Jesús, experiencia muy propia de nuestra Diócesis para ustedes los jóvenes. Les agradezco todos los esfuerzos y sacrificios para venir hasta este lugar, y por darse la oportunidad de vivir este día en la fe y en comunión con nuestra Madre la Iglesia. Agradezco al Señor por cada uno de ustedes, por su alegría, dinamismo y entusiasmo con los cuales llenan de gozo y esperanza a la Iglesia. Sigan siempre así y hacia adelante, buscando y siguiendo a Jesús como el sentido más auténtico y la alegría más profunda de sus vidas; a Jesús el eternamente joven, el amigo que nunca les falla ni traiciona, porque los ama siempre.
Desde el año 2022 hemos venido llevando un camino tripartito en el Día Joven con Jesús. Este 2024 lo dedicamos a reflexionar sobre la caridad (el amor), la tercera virtud teologal. Recuerden que en 2022 reflexionamos, en Río Frío de Sarapiquí, sobre la luz de la fe. El año pasado 2023, en Katira de Guatuso, meditamos sobre la salvación que nos da la esperanza. Así completamos la tríada de virtudes esenciales de nuestra doctrina y experiencia cristiana: fe, esperanza y caridad, que nos guían y nos abren a la vivencia del Dios verdadero.
En el Evangelio de hoy, según San Marcos, escuchamos que Jesús envió a sus 12 apóstoles, a quienes había elegido por nombre, y los envía de dos en dos. Ellos habían compartido una experiencia fuerte y viva de conocimiento y encuentro con el Señor. Respondiendo a Jesús, “salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.” Notemos que todas estas acciones nacen del amor de Dios y son expresiones vivas de ese amor que desea restaurar, ordenar y sanar este mundo. Sólo el amor restaura, libera y sana. ¡Jóvenes, amen, y amen siempre! El amor es un don de Dios, Él nos ama primero e infunde su amor en nuestros corazones para poder amar a los demás. Hablemos con la verdad, compartamos nuestra fe en el Dios que es Amor; con amor liberemos tantas estructuras y personas que están cautivas por muchos males; unjan con amor para sanar, consolar y fortalecer tantas vidas. Quien ama no pierde amor, al contrario, lo aumenta y multiplica en su corazón. Y no olviden: no lleven nada, como dijo Jesús a los 12; lleven solamente amor y amor.
Hoy en día, muchos ridiculizan a los que tratan de vivir y practicar el amor; creen que el amor es para débiles y perdedores. Pero recuerden ustedes que el amor siempre gana. La historia de la humanidad y de la Iglesia terminará con el triunfo del amor. Así lo decía San Juan Pablo II a los jóvenes en Chile en 1987: “El amor vence siempre. ¡El amor vence siempre, como Cristo ha vencido! El amor vence siempre, aunque, en ocasiones, ante sucesos y situaciones concretas, pueda parecernos impotente. Cristo parecía impotente en la Cruz. ¡Dios siempre puede más!”
Continuaba el Papa Santo: “No tengan miedo de mirarlo a Él! Miren al Señor: ¿Qué ven? ¿Es solo un hombre sabio? ¡No! ¡Es más que eso! ¿Es un profeta? ¡Sí! ¡Pero es más aún! ¿Es un reformador social? ¡Mucho más que un reformador, mucho más! Miren al Señor con ojos atentos y descubrirán en Él el rostro mismo de Dios. Jesús es la Palabra que Dios tenía que decir al mundo. Es Dios mismo que ha venido a compartir nuestra existencia de cada uno. Al contacto de Jesús despunta la vida. Lejos de Él solo hay oscuridad y muerte. Ustedes tienen sed de vida. ¡De vida eterna! ¡De vida eterna! Búsquenla y encuéntrenla en quien no sólo da la vida, sino en quien es la Vida misma”, concluye San Juan Pablo II.
Queridos jóvenes, los invito a que aprovechen y vivan intensamente el día de hoy. Tengan presente que la caridad, el amor, las obras de misericordia… todas éstas son maneras concretas de demostrar que Dios nos ama, nos sostiene y ayuda. Ustedes están llamados a hacer grandes obras como los 12 con el poder y la gracia de Jesús, no por sus fuerzas. Como Amós, “aunque no era profeta ni hijo de profeta”, ustedes están llamados a profetizar, a predicar, a hablar de Dios y de su amor a todos, especialmente a los jóvenes. Ustedes han sido llamados “desde antes de la creación del mundo y han sido bendecidos con toda clase de bienes espirituales y celestiales”, como decía San Pablo en la segunda lectura de efesios. Por eso, amen, hagan el bien, realicen las mismas obras de Jesús.
Es significativo que nuestro encuentro de 2024 se esté realizando en este Centro Diocesano de Espiritualidad Mariana. María es el vaso purísimo y cristalino que nos trae el amor que Dios derrama en ella: su Hijo eterno que se encarna en su seno purísimo. Ella es la mujer pequeña, dócil y, a la vez, grande y fuerte, porque ama siempre con el amor de Dios. El amor de Dios en ella no se detiene ni se gasta; crece y fluye admirablemente, porque es siempre fecundo, para compartirlo con toda la humanidad.
Hoy contamos entre nosotros con la reliquia del joven beato italiano Carlo Acutis, quien será proclamado santo pronto, gracias a un milagro en favor de una joven costarricense como ustedes. Como saben, Carlo ofreció su enfermedad y sufrimientos por la Iglesia, por el Papa y por el mundo. Él mismo decía: “Cuanto más recibamos la Eucaristía, más nos haremos semejantes a Jesús, de modo que en la tierra tendremos un anticipo del Cielo”. Decía también este joven como ustedes: “Al estar ante Jesús Eucaristía nos hacemos santos”. “La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo” ¡Qué claridad, qué convicción, qué profundidad de fe de un joven que apenas vivió 15 años! Jóvenes, vean en Carlo Acutis que es realmente posible vivir en Dios y para Dios; que es posible vivir amando y haciendo el bien; que es posible ser santos de verdad. Este joven beato, y ya casi santo, los inspire y anime a buscar siempre el amor de Dios.
Queridos jóvenes, ofrezco esta Eucaristía y pido en ella especialmente por ustedes. El Dios amor, que nos habla en su palabra y que nos da su cuerpo y sangre como alimento y fortaleza para vivir en amor, los guarde y conserve siempre en su santo amor. Que aleje de ustedes todo mal, egoísmo, odio, envidia, etc.; que aleje de ustedes todo lo que no sea amor, pues como decía otro gran santo, San Bernardo, “hemos sido creados por amor, hemos sido hechos para amar”. Por eso, amen y vivan amando siempre con el amor de Dios. El Señor les bendiga, la Virgen María los cuide y proteja siempre. Así sea, amén.
