El don de la maternidad

Agosto nos regala una de las fechas más entrañables del calendario costarricense: el Día de la Madre. Es la ocasión para abrazar, agradecer y honrar a esas mujeres que, con amor incondicional, han hecho posible la vida, la han sostenido con ternura y la han acompañado con fuerza. Este año, más allá de la celebración, la fecha debería llevarnos también a una profunda reflexión nacional.

Costa Rica atraviesa una alarmante crisis demográfica. Las tasas de fecundidad se encuentran por debajo del nivel de reemplazo desde hace más de una década, y los nacimientos disminuyen año tras año. Esta tendencia, si no se revierte, pone en riesgo el futuro social, económico y humano del país. Celebrar el Día de la Madre sin mirar este contexto sería quedarnos en la superficie del afecto, sin abordar el trasfondo que amenaza la vida familiar.

En tiempos donde se promueven culturas que relativizan el valor de la vida y desdibujan el sentido profundo de la maternidad, el testimonio de quienes son madres y padres se vuelve aún más necesario para devolver esperanza a esta sociedad necesitada de generar, promover y defender la vida.

Un país que no apoye a sus ciudadanos a construir una familia es también un país que no piensa en bases sólidas para el futuro.

Hace falta garantizar servicios de salud accesibles, guarderías públicas, licencias dignas, horarios flexibles y verdaderas oportunidades laborales para las mujeres y hombres que desean construir una familia.

La Iglesia Católica ha sido clara y constante en su llamado a proteger la familia como célula básica de la sociedad. Y proteger la familia pasa, necesariamente, por proteger la maternidad. No desde una imposición ideológica, sino desde el respeto, el acompañamiento y la promoción de una cultura del cuidado y de la vida.

Cada niño que nace es una esperanza. Cada madre que se siente acompañada y valorada, es una luz que se enciende para todos. No hay mejor homenaje para ellas que trabajar por un país donde ser madre no signifique renunciar a los sueños, sino vivirlos en plenitud.

Este Día de la Madre, celebremos con gratitud a quienes nos dieron la vida. Pero también, comprometámonos a construir una Costa Rica que abrace la vida con responsabilidad, valentía y esperanza.

Asimismo, no podemos perder de vista que la maternidad y la paternidad vienen de Dios, son un don precioso que se ha dado a la persona humana, creación del Señor, a su imagen y semejanza.

“Ninguno de los seres vivientes, excepto el hombre, ha sido creado ‘a imagen y semejanza de Dios’. La paternidad y maternidad humanas, aun siendo biológicamente parecidas a las de otros seres de la naturaleza, tienen en sí mismas, de manera esencial y exclusiva, una ‘semejanza’ con Dios, sobre la que se funda la familia, entendida como comunidad de vida humana, como comunidad de personas unidas en el amor”, decía al respecto San Juan Pablo II en su Carta Gratissimam Sane (n. 6), con motivo del Año Internacional de la Familia en 1996.

A quienes no han recibido el don de la maternidad o la paternidad, también nuestro abrazo espiritual, sabiendo que Dios da su bendición en cada situación de vida, haciendo fecundo el corazón para amar y acoger con confianza su voluntad.

Fermento 385. Martes 12 de agosto, 2025

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