El regalo de la Navidad

Al celebrar la Navidad es preciso que nos centremos en lo esencial: ¡Navidad es nacimiento! Quien nace es Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías y Salvador. Por tanto, Navidad es Jesús mismo. El Niño-Dios que contemplamos en el pesebre es el mismo Dios hecho hombre, que se ha rebajado y anonadado al extremo de tomar nuestra carne para salvarnos y redimirnos desde ella.

Hace más de dos mil años, el Dios eterno y omnipotente se hizo temporal y débil; el Dios grande y rico se ha hecho muy pequeño y muy pobre, para acercarnos y mostrarnos totalmente su amor y salvación.

El verdadero regalo de la Navidad es Dios mismo que se nos da para nuestra salvación, para cambiar el rumbo de la historia y darnos un camino certero hacia la vida eterna.

Los regalos de este mundo pasajero y material se arruinan y se acaban velozmente. El regalo que recibimos en la Navidad, que es Dios mismo, manifestado en la debilidad, pobreza y sencillez, es un don que vale y significa vida eterna: el Verbo se ha encarnado, ha nacido en el tiempo, lo ha santificado y se nos ha dado como supremo regalo de amor para salvarnos eternamente.

En un mundo que todavía se deslumbra con facilidad por las luces artificiales, nuestro deber cristiano es impregnar la sociedad de la verdadera luz que no se apaga; nos corresponde llevar la luz de Cristo, anunciarlo, y vivir conforme a sus enseñanzas.

El regalo de la Navidad nos debe llevar a ser conscientes que solo en Jesús encontramos sentido para nuestra vida. Lo demás es pasajero y perecedero, Jesús es eterno y nos propone trascender a la eternidad.

Navidad es luz, vida, esperanza y salvación. Este es el camino y la meta final, a la vez. Abramos nuestro corazón a ese verdadero regalo que se nos ofrece; abramos nuestra vida a ese auténtico y especial regalo que perdura para siempre.

Muchos quieren sacar de la fiesta de la Navidad a su autor y transformar el saludo habitual de “Feliz Navidad” por “felices fiestas”; muchos quieren rechazar la vida, la luz y la gloria de Dios… Nosotros creyentes damos gracias a Dios por su amor y misericordia, por su donación total.

San Agustín nos recuerda: “Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre (…) Estarías muerto para siempre, si Él no hubiera nacido en el tiempo”.

Es un gran misterio el que celebramos: la encarnación de Dios por medio de la Virgen María que fue dócil a la voz del ángel y que, como ella, nosotros también hemos de ser dóciles para recibirle. El mismo San José, fiel a la voluntad de Dios, acogió a Jesús y María. Como él, nosotros podemos ser testimonio de fidelidad y obediencia.

Que el verdadero regalo de la Navidad nos ayude a transformar la sociedad de hoy; que lo podamos hacer desde nuestros hogares y lugares de trabajo, centros de estudio, desde donde sea que nos encontremos, hagamos brillar la luz de la Navidad y demos lugar a Jesús, el verdadero y único regalo de la Navidad.

Para todos, les deseo de corazón que tengan una santa Navidad, que vivamos este tiempo bendito unidos a Dios y mostrándonos abiertos a su gracia como ocurrió en la Sagrada Familia de Nazaret.

Fermento 300. Lunes 25 de diciembre, 2023