Entregar a Jesús significa cambiarlo por ideales distorsionados o intereses egoístas

Miércoles Santo, 16 de abril de 2025.

Catedral de Ciudad Quesada, 8:00 a.m.

Hermanos todos en el Señor:

En este Miércoles Santo, en el marco del Jubileo de la Esperanza, y a las puertas de las celebraciones centrales de nuestra fe, nos reunimos para reflexionar sobre el llamado a la fidelidad y autenticidad en nuestra relación con Jesús, el Siervo doliente de Dios. Los textos de la palabra de Dios, que hemos escuchado, nos invitan a profundizar en el significado de “entregar” a Jesús, no solo a causa de los ultrajes físicos de la pasión, sino sobre todo en lo que ocurre cuando, en nuestra vida diaria, cambiamos a Jesús por otras prioridades, impulsados por la ambición, la codicia o el cinismo. Comparto con ustedes cuatro pensamientos puntuales que nos ayuden a unirnos más al camino y a los sentimientos de Jesús en estos días santos.

1. La llamada a la autenticidad y el valor:

En la primera lectura, el profeta Isaías nos muestra, en su tercer cántico, al Siervo de Dios que, a pesar del sufrimiento y la adversidad, mantiene una disposición de escucha y entrega total. Hoy se nos invita a nosotros a escuchar la voz de Dios en medio de las dificultades y a responder con un corazón fiel. En este contexto, “entregar” a Jesús significa cambiarlo por ideales distorsionados o intereses egoístas. Hoy se nos hace un fuerte llamado a vivir con autenticidad y coherencia, manteniendo la palabra dada, como testimonio de nuestra fe y compromiso, en medio de tanta doblez, apariencia y falsedad.

2. La traición que más duele: cambiar a Jesús por otras cosas:

El Evangelio de Mateo nos recuerda el dramático episodio de la Última Cena, en el cual uno de los elegidos y llamados, Judas Iscariote, en un acto de traición, decide abandonar la fidelidad a Jesús. Más allá de los sufrimientos físicos que anticipamos en la Pasión, lo que realmente hiere a Jesús es que lo cambiemos o “entreguemos” por deseos vanos, ambiciones desmedidas o actitudes cínicas. Cuando perdemos la perspectiva del amor y el valor de su llamado, no solo fallamos en nuestra misión como discípulos, sino que participamos en la entrega y traición de Aquel que nos amó hasta la muerte.

3. El tesoro de ser llamados discípulos:

El Salmo 68 nos ha invitado a contemplar la grandeza del amor de Dios, reflejado en la elección de cada uno de nosotros como discípulos de Jesús. Se nos llama a valorar este don como el tesoro más preciado, reconociendo que la verdadera riqueza se halla en vivir la vocación cristiana que se nos ha confiado. Cada día se nos presenta la oportunidad de reafirmar nuestro compromiso y de decir “no” a las tentaciones que buscan apartarnos del camino de la fe y traicionar así al Señor.

4. Invitación a la fidelidad en el camino de la esperanza:

Hoy, en tiempos en que tantos factores pueden llevarnos a “entregar” a Jesús a otros “ídolos” modernos —sean ellos el poder, la fama, el dinero o incluso el conformismo—, se nos invita a permanecer fieles a Él. El Jubileo de la Esperanza nos renueva la promesa de que, al mantenernos firmes en la palabra y en la verdad del Evangelio, encontraremos la plenitud de la vida. Nuestra autenticidad, valor y coherencia son la respuesta a un mundo que a menudo se deja seducir por caminos que desvían del amor genuino.

Hermanos, en este Miércoles Santo y especialmente en esta Eucaristía, vamos a pedir que nuestras vidas sean de verdad un testimonio de autenticidad, integridad y compromiso. No permitamos que la ambición, la codicia o el cinismo nos hagan “entregar” a Jesús, nuestro Siervo doliente, a cambio de gratificaciones pasajeras, que no dan vida, y mucho menos vida eterna y salvación. Renovemos nuestra determinación de vivir auténticamente, con el corazón lleno de esperanza, y de conservar la palabra dada, valorando como el mayor tesoro la llamada divina que nos invita a ser discípulos del Señor Jesús hasta el final.

Que la gracia y el amor de Dios nos sostengan en nuestro camino de fe, hoy y siempre. Amén.

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