Escuela de Líderes

El pasado sábado iniciamos, en la Diócesis de Ciudad Quesada, la III Escuela de Líderes Católicos con el fin de proponer un espacio de encuentro y formación a los laicos que son pilar fundamental de la Iglesia.

De la mano con la Academia de Líderes Católicos de Latinoamérica buscamos dar razón de nuestra fe (cfr. 1 Pedro 3, 15) y abonar al conocimiento que nos viene de Dios para brindar un mejor testimonio en la Iglesia y en la sociedad. También sacerdotes, religiosos y religiosas buscamos estos espacios de formación para enriquecer nuestra experiencia de creyentes.

Quiero hacer hincapié sobre la necesidad de que nos formemos todos; quiero hacer énfasis en la responsabilidad que tenemos como cristianos de tener una mejor preparación para actuar en el mundo anunciando y testimoniando el Evangelio como nos lo ha pedido el Señor Jesús.

Por eso, estos espacios en que nos formamos sobre temas de eclesiología, doctrina social, política, ética, comunicación y muchos otros, y en los que contamos con profesionales y especialistas en distintos campos, son especialmente necesarios para ser verdaderamente testigos de los valores y exigencias de nuestra fe.

Precisamente, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, nos dice en su numeral 43: “Los laicos, que desempeñan parte activa en toda la vida de la Iglesia, no solamente están obligados a cristianizar el mundo, sino que además su vocación se extiende a ser testigos de Cristo en todo momento en medio de la sociedad humana”.

Cuanta mejor preparación y formación tengan los laicos, más y mejores herramientas tendrán para cumplir con esta misión fundamental y necesaria. Ojalá se aprovechen de la mejor manera estos espacios que se brindan en la Diócesis.

Igualmente, en el mismo numeral se nos dice: “Los Obispos, que han recibido la misión de gobernar a la Iglesia de Dios, prediquen, juntamente con sus sacerdotes, el mensaje de Cristo, de tal manera que toda la actividad temporal de los fieles quede como inundada por la luz del Evangelio”. Ese es el llamado: no podemos predicar sin el Evangelio a mano, pero también lo haremos de una mejor forma comprendiendo e interpretando las realidades del mundo actual.

Hago eco de lo que señala Gaudium et Spes en su número 45: “La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo múltiple ayuda, sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad. Todo el bien que el Pueblo de Dios puede dar a la familia humana al tiempo de su peregrinación en la tierra, deriva del hecho de que la Iglesia es ‘sacramento universal de salvación’, que manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al hombre”.

Sin descuidar la oración y nuestra participación activa en los sacramentos y en la vida de la propia Iglesia, cuando ejercitamos nuestra misión en medio del mundo, podremos aportar más cuanta más preparación tengamos, cuanto más nos abramos a la capacitación y a la acción de Dios por medio de estos espacios.

Roguemos al Señor para que nos ayude a ser conscientes de nuestra necesidad de formación, que igualmente seamos capaces de transmitir la fe en nuestras familias y ambientes donde nos desarrollamos. Que podamos dar un testimonio vivo de nuestros valores evangélicos y eclesiales, los cuales hemos de alimentar y afianzar constantemente a través de una formación permanente y profunda.

Fermento 304. Martes 23 de enero, 2024