Estamos en la Iglesia para trabajar, servir y entregar la vida

Fiesta de Santiago Apóstol, XXIX Aniversario de la Diócesis de Ciudad Quesada.

Jueves 25 de julio de 2024, Catedral de Ciudad Quesada, 6:00 p.m.

Hermanos en el Señor:

En comunión con la Iglesia universal y especialmente como Iglesia Particular de Ciudad Quesada, nos hemos reunido, esta tarde-noche, para celebrar la fiesta del apóstol Santiago y el XXIX aniversario de la creación de nuestra Diócesis. De verdad que el Señor que amó a su Iglesia hasta entregarse por ella, la sigue guiando y sosteniendo por medio de su Espíritu para continuar la misión que le ha encomendado hasta el fin del mundo. Por ello, hoy damos fe de que la Iglesia ha sido fundada por Cristo sobre los cimientos de los apóstoles, confesamos que es pueblo de Dios, signo y sacramento de comunión que tiene por misión fundamental anunciar el Evangelio como buena noticia de salvación para todos.

Como Iglesia Particular, ustedes y yo estamos llamados a continuar la misión de Cristo, aquí y ahora, en nuestra Diócesis, por lo cual, hemos de dar testimonio de una Iglesia misionera, en salida, cercana, servidora, sensible, solidaria, misericordiosa, capaz de entregarse y dar la vida a semejanza de su Señor y de los apóstoles. Ser Iglesia es una forma de ser y de actuar según el modelo de Cristo el Señor, que es su cabeza; no es simplemente llevar un nombre o pertenecer a este grupo o al otro.

La Palabra de Dios, que se ha proclamado en esta celebración, nos ilumina y nos reta en esta forma de ser y actuar como Iglesia. ¿Cómo y por qué? Porque, como decía San Pablo, en la primera lectura, el Señor ha confiado un tesoro a esta Iglesia que está hecha de barro, pero que tiene la fuerza extraordinaria de la gracia de Dios que la sostiene e impulsa. La gracia de Dios, no nuestras fuerzas, es lo que nos sostiene.

De manera particular, deberíamos mostrar esa forma de ser y actuar como Iglesia en medio de pruebas y dificultades, sobre todo hoy en día con tanto rechazo y oposición, pero fortalecidos siempre por la muerte de Jesús para que se manifieste su misma vida en nosotros y en el mundo. La Iglesia es testigo de la nueva vida en Cristo por su muerte y resurrección.

Pero, sobre todo, hemos de ser y actuar como Iglesia a través del servicio y la capacidad de dar la vida. Gran lección para esta forma de ser y actuar como Iglesia la que nos da Jesús en el evangelio de San Mateo. No deberíamos tener nunca la pretensión de la madre de los zebedeos de buscar y ocupar para nosotros los primeros lugares, sino de beber el cáliz del Señor que se ha entregado a la muerte para darnos esa suprema enseñanza de que no estamos en la Iglesia para ser servidos, sino para servir. No estamos aquí para ser grandes ni primeros, sino para ser los últimos y los esclavos, para dar la vida como Jesús por la redención de todos. No estamos en la Iglesia para estar cómodos o pasarla bien, sino para trabajar, servir y entregar la vida.

Por consiguiente, la Iglesia no es una comunidad de protagonistas ni de privilegiados, sino una comunidad y una familia de servidores, de humildes y sencillos, de trabajadores a brazo partido que no llaman la atención ni hacen ruido con el servicio que prestan. Una comunidad que es capaz de lavar los pies de unos y otros, a semejanza de Jesús, esclavo y servidor. Con esta actitud y mística estamos llamados a continuar la obra de Cristo y la misión de la Iglesia en nuestra Diócesis.

Por ello, tenemos que salir, que caminar, que trabajar y cumplir lo que el Señor nos ha encomendado. Cuán necesario es que renovemos nuestra primera vocación que es la bautismal, llamado que nos ha convertido en auténticos discípulos-misioneros de Cristo en su Iglesia. Como suelo decir, no podemos ni debemos ser una Iglesia “callada” ni “quedada” testimonialmente; somos una Iglesia misionera que se lanza, proyecta y camina siempre evangelizando y predicando con el impulso del Espíritu de Dios.

Hermanos, qué impactante, convincente y eficaz sería nuestro testimonio como Iglesia y como Diócesis si fuéramos más pobres, sencillos, entregados y servidores a carta cabal. Si de verdad trabajáramos para cumplir la misión recibida sin búsqueda de protagonismo, recompensa o reconocimiento simplemente humano, qué viva, misionera y comprometida sería nuestra Iglesia. Ser Iglesia, vivir en ella y actuar en ella es toda una mística y una espiritualidad, no una postura o pretensión puramente humana. Tenemos que ver a la Iglesia y estar en ella con ojos de fe, con sentido sobrenatural, con la mirada y el amor de Cristo, de lo contrario, estaríamos mal ubicados y actuando con desacierto.

Al dar gracias por estos 29 años de caminar diocesano, el Señor renueve y acreciente en nosotros un sincero amor a la Iglesia, una verdadera identidad y compromiso con nuestra Diócesis y nos conceda un ánimo e impulso renovado para evangelizar, servir, dar testimonio, vivir en comunión y practicar el amor. El apóstol Santiago interceda por nosotros para tener y actuar siempre con ese ardor apostólico que lo llevó hasta la muerte por Cristo y por la Iglesia. La Eucaristía, que edifica, sostiene y fortalece a la comunidad eclesial, nos alimente e impulse a ser y a actuar como esa Iglesia que Cristo quiere de cada uno de nosotros y de nuestra Diócesis. Que el Señor bendiga y haga muy fecundo todo cuanto humildemente tratamos de hacer en nuestra Iglesia Particular. Nuestra Señora de Guadalupe y San Carlos Borromeo nos ayuden a ser fieles, a hacer y cumplir sólo y nada más aquello que el Señor quiere, nos pide y espera de nosotros.

Así sea. Amén.

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