Estamos llamados a evangelizar a tiempo y a destiempo, a servir, no a ser servidos.

Fiesta de Santiago Apóstol, XXX aniversario de la Diócesis de Ciudad Quesada.

Acolitado del seminarista Isaías Antonio Hidalgo Solano. Viernes 25 de julio de 2024,

Catedral de Ciudad Quesada, 6:00 p.m.

Hermanos todos en el Señor:

Hoy nos congregamos con profundo gozo para celebrar esta Eucaristía, en la que convergen tres motivos de gracia: la fiesta del Apóstol Santiago, uno de los primeros testigos del Evangelio; el XXX aniversario de la erección canónica de nuestra querida Diócesis de Ciudad Quesada; y el momento en que nuestro seminarista Isaías Antonio recibe el ministerio del acolitado. En esta liturgia, la Palabra proclamada nos invita a mirar nuestra historia diocesana a la luz del testimonio apostólico y del llamado al servicio que el Señor hace a su pueblo.

El libro de los Hechos de los Apóstoles, en la primera lectura, nos ha ofrecido una síntesis de la vida de la primitiva comunidad cristiana y de la misión que los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, asumieron con valentía. Ellos daban testimonio con gran fuerza de la resurrección del Señor y realizaban muchos signos y prodigios. Este anuncio no estuvo exento de oposición y persecución. Aun así, en medio de amenazas, Pedro nos enseña con fe firme que: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. El texto culmina con una mención explícita: “Santiago fue decapitado”. Murió fielmente al servicio del Evangelio.

El salmo responsorial nos ha hecho exclamar con gozo para reconocer la acción de Dios en la historia, y expresa el deseo de que su salvación llegue hasta los confines de la tierra. Este canto resuena con fuerza en nuestro corazón hoy al dar gracias por estas tres décadas de vida diocesana.

El Evangelio según San Mateo nos llevó al momento en que la madre de Santiago y Juan se acerca a Jesús para pedir que sus hijos ocupen los primeros puestos en su Reino. ¡Cuánta tentación nos genera muchas veces servirnos del Reino en lugar de abandonarnos por completo al llamado que nos hace Jesús! Cristo mismo, el Hijo del Hombre, no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. Santiago, al inicio de su camino, quizás no entendía del todo este nuevo estilo del Maestro. Pero lo comprendió después, cuando abrazó su misión y bebió el cáliz del Señor que lo llevó a la entrega total. Nosotros estamos llamados a evangelizar a tiempo y a destiempo, a servir, no a ser servidos.

Este mismo espíritu de servicio está en el corazón del ministerio que hoy recibe Isaías Antonio. El acolitado es más que una función litúrgica: se trata de un especialísimo llamado a la cercanía con el altar del Señor y con el pueblo de Dios. Es aprender a amar el misterio que celebramos en la Eucaristía. Isaías, en este paso que das hoy, el Señor te llama a profundizar tu amor por Él y por su Iglesia. Que, en cada Eucaristía, en cada momento de adoración, en cada visita a los enfermos, aprendas a ser fiel y santo testigo de Cristo. Que este ministerio fortalezca tu camino y el discernimiento hacia el sacerdocio, y te disponga con humildad a ofrecer tu vida generosamente, sin cálculos ni reservas, al servicio del Pueblo de Dios. Como hemos hablado muchas veces: siempre fiel, santo, auténtico y coherente. Sólo así se puede responder de verdad al Señor y a la Iglesia.

Al celebrar estos treinta años como Iglesia diocesana, damos gracias a Dios por la fidelidad de tantos hombres y mujeres que han entregado su vida por el Evangelio. Qué mejor manera de agradecer haciéndolo alrededor del altar y en el contexto de este Año Jubilar de la Esperanza que nos invita a seguir siendo fieles al llamado del Señor.

En esta ocasión tan significativa, quisiera reconocer algunos logros y desafíos, haciendo un repaso por estas tres décadas del ser y quehacer diocesano. A nivel de logros diría: 1.- Conformación del territorio diocesano creando nuevas comunidades parroquiales; reacomodo de las filiales en algunas de ellas, para una mejor atención pastoral de los fieles, y construcción de infraestructuras eclesiales y pastorales adecuadas. 2.- Celebración de tres asambleas diocesanas de pastoral.  3.- Visitas pastorales a todas las comunidades parroquiales y sus filiales. 4.- Formación y acompañamiento para los agentes de pastoral y miembros de grupos, movimientos apostólicos y experiencias de pequeñas comunidades. 5.- Surgimiento de vocaciones sacerdotales y religiosas en las comunidades parroquiales para el servicio de la Iglesia diocesana y más allá de ella.

Deseo hacer énfasis en algunos retos, que ya nos desafían, pero, de manera particular a futuro: 1.- Concretizar -en el camino pastoral parroquial- el Norte diocesano y las opciones pastorales definidas por la Asamblea Diocesana de Pastoral del año 2024. 2.- Impregnar de un espíritu de mayor corresponsabilidad eclesial las instancias de reflexión pastoral y económica, tanto en el ámbito diocesano como parroquial. 3.- Impulsar la cultura del buen trato en todas las instancias eclesiásticas, para prevenir cualquier tipo de abuso. 4.- Priorizar los espacios formativos -con carácter de iniciación cristiana- tanto parroquiales, vicariales y diocesanos, de tal forma que los bautizados adquieran las herramientas necesarias para ser agentes de cambio en esta sociedad tan fragmentada y sumida en una profunda crisis de fe y de verdad. 5.- Acompañamiento integral de los ministros ordenados de tal manera que su vivencia transparente y alegre del ministerio se convierta en fuente de motivación vocacional y expresión de auténtico servicio.

Hermanos, pidamos la intercesión del apóstol Santiago para que podamos servir fielmente al Señor hasta el último momento de nuestras vidas. Encomendemos también nuestra Diócesis al amparo maternal de Nuestra Señora de Guadalupe, nuestra madre y copatrona. Y confiemos nuestra misión eclesial a la intercesión de San Carlos Borromeo, nuestro patrono: pastor entregado, firme en la reforma eclesial y humilde en la caridad pastoral, para que nos enseñe a ser constructores valientes de una Iglesia santa, servidora y siempre en conversión.

Que así sea, amén.

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