Fiesta de San Antonio de Padua, Patronal Parroquia de Pital 2025.
Viernes 13 de junio, 6:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor:
Nos hemos reunido con alegría para celebrar, un año más, la fiesta de San Antonio de Padua, egregio patrono de esta comunidad de Pital, cuya vida y milagros resuenan profundamente en el corazón de la Iglesia, especialmente de esta parroquia. Los textos de la palabra de Dios, que hemos escuchado, nos ofrecen el marco y el impulso espiritual para imitar la entrega y pasión evangelizadora de San Antonio.
En la primera lectura del profeta Isaías, se proclama la misión del Siervo del Señor: “Me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros”. Con el salmo 88 hemos proclamado: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor”; es lo que precisamente hizo San Antonio como predicador incansable y convincente. San Pablo, en la segunda lectura de su 1 carta a los corintios, nos recuerda que somos administradores de los misterios de Dios, y se nos llama, por ello, a ser fieles en esa tarea y encargo recibido. Finalmente, en el evangelio de San Lucas, Jesús envía a sus discípulos de dos en dos, sin más provisiones que su fe, para que vayan, caminen y proclamen que el Reino de Dios está cerca, y que también curen a los enfermos.
En San Antonio de Padua vemos la realización viviente de la enseñanza de esta palabra de Dios proclamada. Nacido en Lisboa en 1195 y entrado en la Orden de los Frailes Menores, fue impulsado por el Evangelio a predicar con un fervor y una claridad inigualables. Su celo incansable lo llevó por Italia y el sur de Francia, donde, sin miedo a las herejías de su época, defendió la fe de la Iglesia y compartió el pan de la palabra con los pobres y marginados. San Antonio solía repetir: “Ante todo, ama a Dios; y, después, todo lo demás”. Esta frase nos invita a que cada acción de nuestra vida brote verdaderamente del amor total a Cristo. San Antonio, que llamaba “mi bien más amado” a Jesús, nos enseña que la fidelidad doctrinal sin amor es voz que resuena en vacío, y que la caridad sin verdad corre el riesgo de perderse en sentimentalismos.
Para ustedes hermanos, celebrar hoy su fiesta patronal significa renovar el compromiso de ser comunidad misionera y evangelizadora. Así como Isaías describe al profeta ungido para llevar esperanza, también nosotros estamos llamados a ser testigos de la compasión de Dios acogiendo a los ancianos, acompañando a los jóvenes en su búsqueda de sentido, abrazando con ternura a las familias que atraviesan problemas. San Antonio supo refugiarse en la oración para alimentar su celo evangelizador; nosotros hoy deberíamos encontrar en la Eucaristía, centro de nuestra vida cristiana, la fuerza para evangelizar con ardor y servir con gozo.
San Pablo nos hablaba de la administración fiel de los misterios y dones que Dios nos ha dado. Así, el patrimonio espiritual de san Antonio -su predicación, su piedad encarnada, su santidad cotidiana- nos desafía a hacer buen uso de nuestros dones: el don del servicio, el don de la escucha, el don de la palabra. En una ocasión, San Pablo VI, en un discurso ante la Orden de los Franciscanos, les dijo: “San Antonio, magno doctor y admirable flor del espíritu franciscano, inflama con su ardor a cuantos lo invocan”. Que esta palabra del Papa Montini les inspire a cultivar en esta parroquia la formación en la fe, el impulso misionero y la predicación constante de la Buena Noticia.
En este día de la fiesta de San Antonio, contemplemos y edifiquémonos con ejemplos concretos de su vida y testimonio: la prontitud con que abandonó su patria para seguir a Cristo; su disponibilidad para dialogar con quienes dudaban, sin escatimar argumentos ni gestos de misericordia; su hábito de recolectar limosna para socorrer a los indigentes. Hoy, imitar a San Antonio implica abrir nuestras puertas a quien nos llama y busca, compartir el pan y la palabra en la comunidad parroquial, visitar a los enfermos y ancianos en sus casas, ofrecer acompañamiento sacramental a quienes se alejan de la Iglesia.
San Antonio no fue un monje de clausura, sino un “peregrino de la palabra”. En tiempos en que las distracciones nos alejan de lo esencial, el testimonio de San Antonio nos exhorta a reencontrar el valor y la necesidad del silencio orante. En sus sermones, siempre se mostraba cercano, utilizando parábolas y anécdotas comprensibles para el pueblo, sin renunciar a la profundidad del mensaje. Así, nosotros podemos renovar hoy nuestras catequesis, formaciones, reuniones y celebraciones, haciéndolas más accesibles, sin diluir la riqueza del mensaje evangélico.
Decía el Papa Francisco, que de Dios goce: “San Antonio nos enseña que la predicación no es un discurso frío, sino el testimonio ardiente de quien ha encontrado a Jesús y no puede callar su amor” (Ángelus, 13 de junio de 2021). Que, a semejanza de este gran Doctor Evangélico, esta parroquia sea siempre ejemplo de ardor misionero y evangelizador, y signo visible de la ternura de Dios y de su cercanía con los más necesitados.
En este día en que recordamos y honramos a San Antonio, pidámosle que interceda por nosotros y nos obtenga la gracia de vivir como él vivió: ungidos por el Espíritu para llevar la Buena Noticia, compasivos con los que sufren y siempre dóciles a la acción de Dios. Así como él confió plenamente, sin reservas, en la providencia divina, que esta comunidad parroquial de Pital crezca en generosidad y en una fe que renace cada día de la escucha atenta de la palabra de Dios. Que así sea, amén.
¡San Antonio de Padua! Ruega por nosotros.
