Independencia y defensa de los valores

La celebración de un año más de vida independiente, el próximo 15 de setiembre, debe ser motivo para agradecer a Dios por la oportunidad de vivir en este país, por ser parte de una nación que construyó sus bases sobre la democracia y la paz.

Es también un momento para reflexionar en la necesidad de fortalecer esta vivencia, amenazada muchas veces por intereses particulares, por ideologías externas y por diferentes males que aquejan a nuestra población, especialmente a la más vulnerable, la cual no tiene acceso a una vida digna.

Llama la atención que sigamos siendo, por años, una nación en la que reina la desigualdad, en la que se mantiene casi estático el número de pobres, siendo más de una quinta parte de nuestra población la que está en esa condición de pobreza.

Causa desánimo ver el paso lento en la mejora de infraestructura, para muestra la carretera a San Carlos, una obra que se concibió hace seis décadas, y que tardó varios lustros en iniciar su fase constructiva, la cual, parece mentira, aún no se concluye. Igualmente, muchas zonas del país tienen necesidades urgentes para tender caminos hacia un mejor y mayor desarrollo que beneficia a toda la nación.

Igualmente, a pesar de nuestra conciencia pacifista, nuestra cultura y apego por la paz social, y también el ánimo solidario que mayoritariamente alberga a nuestra población, hemos sido testigos de actos de corrupción y de impunidad, especialmente cuando de la clase política se trata.

Atención a esta advertencia que nos hacía el Papa Francisco, en su Encíclica Fratelli tutti, n. 15: “La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar (…). La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación”.

En estos últimos años hemos sido testigos de una peligrosa polarización que no le hace bien a nadie, que no pone los intereses del país por encima de cualquier interés mezquino y mucho menos se pone a la persona humana en el centro del desarrollo.

Al celebrar la independencia debemos tomar conciencia de que debemos seguir luchando por mantenerla, por fortalecer la democracia, por trabajar en función del bien común, por buscar el progreso que alcance a todos, especialmente a los que más lo necesitan.

La falta de valores, el ataque constante a los mismos y a nuestras raíces cristianas, en gran parte es lo que nos ha llevado a ese camino de desesperanza y desconfianza que señalaba el Santo Padre.

Retomemos la conciencia histórica que hizo de Costa Rica un país modelo en el concierto de las naciones. Dejemos atrás las banderas partidistas, si queremos rescatar el modelo de desarrollo que en otro momento daba oportunidades de una vida digna, más justa y más próspera para todos, con el fin de seguir viviendo en un país en el cual podamos seguir enalteciendo el trabajo y la paz.

Fermento 337. Martes 10 de setiembre, 2024

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