Inspirados en Don Bosco… trabajemos por los jóvenes

Fiesta patronal en honor de San Juan Bosco, Miércoles 31 de enero de 2024.

Parroquia La Fortuna, 6:00 p.m.

Con gran gozo y gratitud comparto con todos ustedes, un año más, esta solemne celebración en honor de San Juan Bosco, padre y maestro de la juventud, patrono de esta comunidad parroquial de La Fortuna. Agradezco sinceramente la amable invitación de los Padres de la Parroquia, e igualmente hago patente mi reconocimiento y gratitud al P. Mainor Alexander y al P. Carlos Andrés por el servicio y acompañamiento pastoral que generosamente brindan a todos ustedes. Mi saludo y gratitud también a los sacerdotes que nos acompañan esta noche.

Creo firmemente que la misión y la presencia del obispo, en medio de las distintas comunidades, tiene como finalidad principal confirmarlas y animarlas en la fe; esa es su tarea fundamental como padre y pastor de la diócesis. Y hoy, acá, entre ustedes, no es la excepción, máxime con motivo de la fiesta patronal, ocasión propicia para que esta comunidad renueve su adhesión primordial a Jesucristo, a quien buscamos y seguimos como fin, centro y meta de nuestra experiencia de fe. Y ocasión providencial también para renovar nuestro compromiso y fidelidad con y hacia la Iglesia; es esa actitud que nunca nos debe faltar de sentir, caminar y actuar con la Iglesia, es decir, con sentido sobrenatural de fe.

Hemos escuchado, en el evangelio de San Marcos, que Jesús fue a su tierra y enseñó en la sinagoga de Nazaret; que su enseñanza causó asombro y sorpresa entre los suyos por su sabiduría y por el poder de hacer milagros. Jesús les parecía muy común y corriente, muy normal y conocido, sabían de su familia y de su oficio de carpintero, como su padre José. Les faltaba fe para reconocer en aquel paisano suyo al Mesías e Hijo de Dios, por ello no pudo hacer allí ningún milagro y se fue a enseñar a otros pueblos. Más allá de este rechazo de Jesús en su tierra, quisiera destacar el hecho de que, en el hogar de Nazaret, junto a María y a José, Jesús aprendió a desarrollarse en familia y a llevar a cabo un oficio o trabajo. Llevó una vida corriente, llena de trabajo y normalidad, de fe, perfección humana, responsabilidad y honradez. Nosotros, hoy en día, trabajando generosamente y haciendo bien las cosas vamos respondiendo en la fe y nos vamos encaminando hacia la meta de la vida eterna. Trabajar bien, hacer lo mejor posible nuestros deberes y responsabilidades es la meta y consigna que hemos de hacernos como parte de nuestra respuesta al Señor y de nuestro compromiso en la fe.

De esta misma manera y forma lo hizo en su vida y ministerio sacerdotal San Juan Bosco como padre y maestro de la juventud, a la cual se consagró de lleno de amor, bondad, generosidad, paciencia, grandeza de corazón y de manera ejemplar. Sensible por las problemáticas de la juventud de su época, sobre todo en Turín, se dedicó a trabajar de la mejor manera y a dar lo mejor de sí mismo por los niños y jóvenes, especialmente los más pobres, vulnerables, olvidados y abandonados. Don Bosco sintió que Dios lo llamaba a trabajar y a consagrarse de lleno a esa misión de acompañar, cuidar, promover, enseñar y evangelizar a los jóvenes.

Mamá Margarita y su hijo, San Juan Bosco, se desvivieron por ayudar a aquellos niños y jóvenes problemáticos de su época para que el día de mañana fueran buenos padres cristianos. Dos eran las armas de las que se servía, sobre todo, Don Bosco, para formarles: la Eucaristía y la Penitencia. Estos dos sacramentos realizaban maravillas en aquellos jóvenes. Dios, desde entonces, obraba milagros a través suyo, pero él siempre atribuía el mérito a María Auxiliadora. Para continuar su Obra, en 1857, San Juan Bosco fundó la Congregación de los Padres “Salesianos” y poco después las “Hijas de María Auxiliadora”. Antes de que muera vería su obra extendida por varias naciones del mundo. Murió un día como hoy, el 31 de enero de l888, hace exactamente 136 años, después de 72 años y medio de ejemplar vida de santidad y fecundo ministerio sacerdotal.

Hermanos, inspirados en Don Bosco, cuán necesaria es esta misión y este trabajo con la juventud en nuestros días, sobre todo cuando encontramos tantas amenazas, peligros y desviaciones para nuestros jóvenes. Cuánta atención deberíamos poner desde nuestras familias, comunidades, parroquias, grupos y organizaciones a las distintas problemáticas y desafíos de la juventud actual. San Juan Bosco fue sensible a todo ello y por eso respondió con acciones concretas para trabajar por los jóvenes, especialmente a través de los Oratorios que fundó para ellos. Nosotros, hoy en día, lejos de toda indiferencia y falta de sensibilidad, deberíamos trabajar efectivamente por nuestros jóvenes: conocerlos, escucharlos, acompañarlos, traerlos al seno de la madre y maestra Iglesia, darles el tesoro del Evangelio y la perla de la formación cristiana que necesitan, orientarlos vocacionalmente para que disciernan y asuman un proyecto de vida a la luz de la voluntad de Dios. En fin, cuánto deberíamos trabajar por los jóvenes como Don Bosco; no solo como el futuro de la sociedad y de la Iglesia, sino que ahora mismo como el presente y la esperanza de las mismas.

Hermanos, que la enseñanza que hemos recibido de la Palabra de Dios, especialmente del evangelio, de trabajar y hacer siempre bien las cosas, y que el testimonio luminoso y eficaz de Don Bosco, no sólo para los jóvenes, sino para la Iglesia de todos los tiempos, nos ayuden a buscar y a dar lo mejor de nosotros mismos al Señor, a la Iglesia, a la sociedad y especialmente a los jóvenes. Y que el alimento, fuerza y gracia que recibimos de la Eucaristía, nos ayuden a ser fieles y perseverantes en la fe, tal y como lo hicieron siempre y en todo momento los santos. Que así sea, amén.

San Juan Bosco. Ruega por nosotros.