Jueves 21 de agosto de 2025.
Memoria litúrgica de San Pío X, Papa.
Inauguración y bendición de la capilla de adoración eucarística, Parroquia San Rafael Arcángel de Guatuso, 6:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor:
Hoy, esta querida comunidad parroquial de San Rafael Arcángel de Guatuso vive un acontecimiento de gracia al inaugurar y bendecir esta capilla de adoración eucarística, un espacio donde el Señor mismo, presente en el Santísimo Sacramento, permanecerá entre ustedes como amigo, como maestro y como alimento de vida eterna. La liturgia nos ilumina con textos que, leídos a la luz de este acontecimiento, nos invitan a contemplar la profundidad del misterio eucarístico, centro de nuestra fe.
La primera lectura del libro de los Jueces nos presenta la figura de Jefté, quien, movido por el Espíritu del Señor, hace un voto radical de entrega de su hija, aunque con el desenlace de su muerte. La enseñanza que podemos tomar es que la verdadera ofrenda a Dios no consiste en sacrificios humanos o externos, sino en la disponibilidad interior para acoger su voluntad. Precisamente, el salmo responsorial nos da la clave correcta de cuál es la verdadera ofrenda: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Esta respuesta sintetiza la actitud de fe que cada creyente y adorador está llamado a vivir delante del Señor, principalmente en la Eucaristía. No venimos a imponer a Dios nuestros proyectos, sino a dejar que Él transforme nuestro corazón y nuestra vida en un “sí” generoso y confiado.
El evangelio de San Mateo nos narra la parábola del banquete de bodas. Dios prepara un banquete para su Hijo y nos invita a todos a participar. El banquete es la imagen del Reino, y en la vida de la Iglesia, ese banquete se hace presente sin duda alguna en la Eucaristía. El Señor nos ofrece no sólo pan material, sino el Pan vivo bajado del cielo. Y así, esta capilla de adoración se convierte en una extensión de ese banquete: aquí podrán ustedes sentarse junto al Esposo, contemplar su rostro, abrirle el corazón y dejarse vestir con el traje de fiesta, que es la gracia de Dios. La adoración no es un tiempo vacío o perdido, todo lo contrario: es entrar en la sala del banquete y dejarnos llenar de la vida divina que brota del manantial inagotable de la Eucaristía.
La providencia de Dios ha querido que hoy celebremos también la memoria de San Pío X, papa, conocido como el “Papa de la Eucaristía”. Él promovió la comunión frecuente y acercó a los niños a la mesa del altar con la primera comunión temprana. San Pío X decía: “La Eucaristía es el camino más corto y seguro para el cielo”. Y también afirmaba con claridad: “Si los ángeles pudieran envidiar, nos envidiarían por la comunión”. Qué hermoso que, en este día, puedan ustedes abrir una capilla dedicada precisamente a prolongar en la vida diaria la gracia del sacramento que San Pío X tanto defendió y amó.
Hermanos, es preciso que ustedes se pregunten hoy especialmente: ¿qué significa para la comunidad parroquial contar con una capilla de adoración eucarística? Entre otras cosas, pienso que significa tener un corazón que late día y noche en medio del pueblo. La Iglesia nos enseña que la presencia real de Cristo permanece en la hostia consagrada después de la Misa, y que este mismo Cristo merece adoración y amor fuera de la celebración litúrgica. Así lo expresa el Concilio Vaticano II y lo confirma el Catecismo de la Iglesia Católica: “La Iglesia ha tributado y continúa tributando el culto de adoración que corresponde al sacramento de la Eucaristía no sólo durante la misa, sino también fuera de ella, conservando las hostias consagradas, exponiéndolas a la veneración de los fieles y llevándolas en procesión” (Catecismo n. 1378).
Por eso, esta capilla, ante todo, ha de ser lugar de encuentro íntimo, de silencio fecundo, de escucha atenta y reparación constante. Aquí vendrán los cansados y agobiados, los que buscan consuelo y fortaleza. Aquí se renovará la esperanza de las familias, los jóvenes encontrarán luz para sus decisiones, los enfermos y ancianos recibirán paz, y todos podrán experimentar que no están solos: Jesús Sacramentado nos espera siempre en la Eucaristía.
Por otro lado, los frutos que se esperarían de esta experiencia deben ser abundantes. Una parroquia con capilla de adoración eucarística se convierte en un foco de luz para toda la comunidad. El corazón de muchos se inflamará de amor, por ello, crecerá el espíritu de servicio, la caridad concreta hacia los pobres, la unidad en las familias, la fidelidad en la vida matrimonial, el surgimiento de vocaciones sacerdotales y religiosas. La adoración transforma a la comunidad parroquial y a cada adorador en particular porque, mirándolo y contemplándolo a Él, aprendemos a vivir como Él: humildes, disponibles, entregados.
Como lo he expresado y pedido a todos los sacerdotes de la diócesis, especialmente a los párrocos, aprovecho esta bendita ocasión y celebración para reiterar mi deseo de que todas las parroquias de nuestra Iglesia Particular de Ciudad Quesada cuenten con capillas de adoración eucarística para gloria y alabanza de Dios, para bien espiritual de todos los fieles y para obtener abundantes gracias de renovación y santificación de nuestras comunidades parroquiales, convencidos todos de que sin Eucaristía no hay vida cristiana ni frutos de fe.
Queridos hermanos, que al inaugurar y bendecir hoy esta capilla de adoración eucarística podamos decir con el salmo: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Que la parroquia de San Rafael Arcángel se distinga por su amor a la Eucaristía, y que la memoria de San Pío X nos impulse a acercarnos con frecuencia al Pan de vida y a permanecer junto a Jesús en continua adoración por tantas intenciones y necesidades del mundo y de la Iglesia. Que la Virgen María, mujer eucarística por excelencia, nos acompañe siempre y nos ayude a vivir con fe y alegría este don que hoy recibimos con un corazón rebosante de gratitud y alabanza. Que así sea. Amén.
