La esperanza no defrauda

La violencia se ha posicionado en nuestro país como uno de los más graves males que afectan a la sociedad, siendo que, en 2023 se cerró con una cifra histórica y devastadora a la vez de 907 homicidios.

En medio de estas cifras hay una elevada cantidad de homicidios por ajuste de cuentas. Y, sabemos de la afectación que provocan las drogas y el crimen organizado, como parte de las consecuencias mortales que vemos a diario en las noticias.

Igualmente, cada vez gente más joven se ve involucrada en este tipo de situaciones llevando desconsuelo a nuestras familias y a la sociedad en general. Si bien es cierto que se necesitan recursos y mejores estrategias para atacar la inseguridad, tampoco se debe descuidar la prevención y el apoyo a programas sociales que permitan surgir a muchas personas que lo necesitan con el fin de labrarse un futuro diferente.

En el mundo, el panorama tampoco es alentador cuando contabilizamos una serie de conflictos armados en distintos países y regiones. Ya son muchos meses de conflicto entre Ucrania y Rusia; se ha recrudecido el conflicto en la Franja de Gaza; hay también conflictos y guerras civiles que se comentan menos, pero que existen en regiones de África desde hace muchos años, por citar algunos otros ejemplos.

Del mismo modo, con dolor sabemos el desplazamiento de millones de personas de sus naciones en búsqueda de paz y mejores condiciones de vida. No menos dolorosa es la persecución religiosa que viven gran cantidad de cristianos, en cuenta, en naciones muy cercanas a la nuestra, solo por el hecho de ser creyentes, y algunos de ellos, además, por ser sacerdotes u obispos.

De hecho, el Papa Francisco mostró su preocupación el pasado 1 de enero, al terminar el rezo del Ángelus, pidiendo el diálogo en Nicaragua. “Recemos por Nicaragua hoy”, decía el Santo Padre. Nos solidarizamos con la población nicaragüense.

Hermanos, recemos por el mundo hoy y siempre. Recemos sin cesar. Recemos por nuestra patria, por nuestros hermanos en necesidad, por aquellos que sufren los embates de la criminalidad. No seamos indiferentes al dolor de la guerra que se viven en otras naciones. Imploremos al Señor su paz.

Hago eco de la cita bíblica de Romanos 5, 5: “Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado”.

Al estar todavía en estos primeros días del año, tengamos como propósito la oración constante y no permitamos que se apague la esperanza. No dejemos que las noticias negativas, que en mayor proporción también difunden los medios de comunicación, opaquen nuestros ánimos, nuestra fe y nuestra esperanza.

Los creyentes estamos llamados a proponer la fe y nuestro testimonio como camino de conversión, como propuesta para la sociedad. No callemos cuando más se necesita.

Hagamos eco de lo que nos decía el Papa Francisco en su primera encíclica, Lumen Fidei, n. 51: “Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común; su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza”. ¡Que el Señor nos ayude!

Fermento 303. Martes 16 de enero, 2024