San Rafael Arcángel, Fiesta Patronal El Pavón de los Chiles,
Jueves 23 de octubre de 2025.
Hermanos todos en el Señor:
Celebramos desde hoy con alegría la fiesta patronal en honor a San Rafael Arcángel, protector y guía de esta comunidad parroquial de El Pavón de Los Chiles. La celebración nos llena de gozo y gratitud, porque reconocemos que Dios no abandona a su pueblo, sino que lo acompaña y lo cuida a través de sus mensajeros, los ángeles, que son signo visible de su amor invisible.
La liturgia de hoy nos invita a contemplar el misterio de los ángeles y, en particular, la misión de San Rafael, cuyo nombre significa “Dios sana” o “Medicina de Dios”. Su presencia nos recuerda que Dios actúa siempre en favor de su pueblo, curando nuestras heridas, guiando nuestros pasos y acompañando nuestras luchas.
En la primera lectura, tomada del libro del profeta Daniel, se nos presenta una visión majestuosa: un Anciano sentado en su trono, rodeado de resplandor y de millares de servidores. Es una escena que nos abre los ojos a la realidad espiritual que trasciende lo visible. En este pasaje, los ángeles aparecen como servidores de Dios, mensajeros que contemplan su gloria y ejecutan su voluntad. Ellos son expresión de un orden celestial que da sentido al orden de la creación. En medio de esta visión aparece “uno como hijo de hombre”, que recibe dominio, gloria y reino. En ese “Hijo de Hombre” reconocemos a Cristo, Señor del cielo y de la tierra, a quien todos los poderes celestiales sirven.
El Salmo 137 nos hace resonar el eco de esta grandeza divina: “Te daré gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca”. El salmista reconoce que Dios no solo habita en el cielo, sino que también está cercano al humilde, al que confía en Él. Aquí también encontramos la presencia de los ángeles, que alaban y adoran al Señor junto con nosotros. En esta comunión de alabanza, el cielo y la tierra se unen para glorificar a Dios.
El evangelio de San Juan nos presenta un encuentro profundamente humano y a la vez celestial: el de Jesús con Natanael. El Señor, al ver a Natanael acercarse, lo llama “un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Al final del diálogo, Jesús le dice: “Verás el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. Con esta afirmación, Jesús revela que Él es el punto de unión entre Dios y la humanidad, el lugar de encuentro entre el cielo y la tierra. Los ángeles suben y bajan sobre Él porque en Cristo todo lo divino y lo humano se unen para siempre.
Hermanos, en este marco bíblico, comprendemos mejor la misión de San Rafael Arcángel. En la Escritura, su figura aparece en el libro de Tobías. Allí se presenta como un compañero de camino, enviado por Dios para proteger, guiar y sanar. Rafael acompaña al joven Tobías en su viaje, lo libra de peligros, le ayuda a encontrar esposa, y finalmente sana la ceguera de su padre Tobit. Rafael es, por tanto, el ángel de la salud, del acompañamiento y de la esperanza. Su presencia nos enseña que Dios se hace cercano y concreto en nuestra vida cotidiana, en nuestras familias, en nuestros caminos, en nuestras enfermedades y en nuestras búsquedas.
Queridos hermanos, celebrar la fiesta patronal no es simplemente recordar a nuestro santo protector, sino renovar nuestra identidad como comunidad de fe. San Rafael les invita a vivir como una parroquia que acompaña, sana y guía. Él no actúa solo en los cielos; actúa a través de nosotros, cuando nos dejamos conducir por el Espíritu y nos convertimos en instrumentos de sanación y de consuelo.
La existencia de los ángeles nos recuerda que no estamos solos en la lucha diaria. Ellos interceden, protegen y sostienen nuestra fe. Pero, además, su ejemplo nos llama a vivir como “ángeles” para los demás, es decir, como portadores de buenas noticias, mensajeros de paz y testigos de la cercanía de Dios en medio de la realidad. En un mundo marcado por la violencia, la desconfianza y la indiferencia, necesitamos ser signos visibles del amor de Dios, especialmente con los más débiles, los enfermos, los migrantes, los que sufren soledad, pobreza y olvido.
El nombre de San Rafael nos habla también de sanación integral. No se trata solo de curar el cuerpo, sino de restaurar la paz del alma, de reconciliar relaciones rotas, de sanar heridas del corazón. En la parroquia, esta misión se puede concretar en tantas acciones: en la atención a los enfermos, en la acogida fraterna, en la oración por los necesitados, en la catequesis que forma y fortalece la fe, en la solidaridad que comparte con el que tiene menos. Cada gesto de amor, cada palabra de aliento, cada mano tendida es una manera de continuar, aquí y ahora, la misión de San Rafael.
Me parece que los desafíos que nos deja esta fiesta son claros:
1.- Renovar nuestra confianza en Dios: Él nunca abandona a su pueblo y siempre le envía su ayuda, a veces de maneras que no comprendemos.
2. Fortalecer la unidad comunitaria: porque cuando caminamos juntos, como Tobías y Rafael, superamos los miedos y encontramos el camino justo.
3.- Asumir nuestra misión evangelizadora: se trata de ser testigos de la sanación de Dios en medio de un mundo herido, cultivando una vida espiritual profunda, donde la oración y la adoración sean el centro que nos conecta con el cielo.
Queridos hermanos, que esta fiesta patronal, especialmente la Eucaristía, sea una oportunidad para agradecer, celebrar y comprometernos. Agradecer a Dios por su amor constante, celebrar la vida de nuestra comunidad y comprometernos a seguir construyendo el Reino con alegría y esperanza.
Que San Rafael Arcángel, “medicina de Dios”, interceda por nosotros, sane nuestras heridas, fortalezca nuestra fe y nos ayude a ser instrumentos de la misericordia divina. Y que, al finalizar esta celebración patronal, podamos decir con el salmista: “Señor, tu amor es eterno, no abandones la obra de tus manos.” Que así sea amén.
