La gratitud nos desafía a vivir con humildad, a valorar a cada persona, a fortalecer la comunión

Eucaristía de Acción de Gracias al finalizar las actividades del año y como preparación a la Navidad en el Instituto Agropecuario Costarricense (IACSA).

Feria Mayor de Adviento 19 de diciembre de 2025, Capilla de la Institución, 8:00 a.m.

Querida familia del IACSA:

Nos reunimos esta mañana en torno al altar del Señor para celebrar la Eucaristía de acción de gracias al finalizar las actividades del año, estando a las puertas de la Navidad. Nuestro corazón se llena de gratitud al mirar el camino recorrido en este 2025, las bendiciones recibidas y la fidelidad de Dios que ha acompañado cada esfuerzo, jornada y persona que forma parte de esta institución católica.

La Palabra de Dios que hemos escuchado, propia de la Feria Mayor de Adviento, nos ofrece una clara luz para comprender este momento. En el libro de los Jueces se nos presenta la historia del nacimiento de Sansón. Una mujer estéril recibe la visita del ángel del Señor y escucha una promesa inesperada: Dios da vida donde humanamente no la había. Lo que parecía un límite total se convierte en posibilidad; lo que aparentaba fracaso se transforma en misión. El texto nos dice que “el niño creció y el Señor lo bendijo, y el espíritu del Señor comenzó a manifestarse en él”. Dios no solo concede el don de la vida, sino que acompaña, bendice y capacita para una tarea concreta en favor de su pueblo.

Algo semejante podemos reconocer hoy en la historia del IACSA. Este benemérito proyecto educativo no es fruto únicamente de capacidades humanas, de planificación o de recursos materiales. Es, ante todo, una obra bendecida por Dios, sostenida por su Espíritu y confiada a personas concretas. Cada uno de ustedes es parte de esa bendición. Cada trabajador, desde su función específica, ha sido instrumento para que esta institución crezca, forme, eduque y sirva. Como Sansón, también esta familia del IACSA ha sido llamada a cumplir una misión que la supera: educar integralmente desde los valores cristianos y específicamente católicos, formando personas comprometidas con la vida, el trabajo, la justicia y el bien común.

El salmo responsorial nos ha dicho: “Tú, Señor, fuiste mi esperanza, mi confianza desde mi juventud… Mi boca proclamará tu justicia y todo el día tu salvación”. Este salmo es la oración de quien mira su historia y reconoce que Dios ha estado presente desde siempre. Hoy, al finalizar el año, ustedes, acá, en el IACSA, pueden hacer suyas estas palabras. Damos gracias por la vida, por el don del trabajo, por la oportunidad de compartir no solo un empleo, sino una causa y un ideal común. El trabajo no es solo un medio de subsistencia; es participación en la obra creadora de Dios, es servicio y vocación. En esta institución, el trabajo adquiere un sentido aún más profundo porque se inserta en un proyecto educativo inspirado en el Evangelio, en la misión y visión que buscan formar no solo profesionales competentes, sino personas íntegras desde el acompañamiento de la Iglesia.

El Evangelio según san Lucas nos ha presentado otra historia marcada por la espera, el silencio y la acción de Dios: la de Zacarías e Isabel. También ellos experimentan la esterilidad y la aparente imposibilidad. Zacarías, sacerdote, sirve fielmente en el templo, pero cuando recibe el anuncio del ángel le cuesta creer. Su incredulidad lo deja mudo, no como castigo, sino como camino pedagógico: debe aprender a escuchar, a confiar, a dejar que Dios actúe más allá los cálculos. Isabel, por su parte, vive su embarazo como un signo de la misericordia divina que quita su oprobio.

Este Evangelio nos interpela profundamente como comunidad educativa. A lo largo del año hemos tenido logros, pero también dificultades, cansancios, silencios, momentos en que quizá no entendimos del todo los caminos de Dios. Sin embargo, el Señor ha estado actuando, muchas veces de manera discreta, silenciosa, como el niño que crece en el seno de Isabel. La acción de Dios en la institución se manifiesta en la fidelidad cotidiana de los trabajadores, en la entrega generosa de los docentes, en la responsabilidad de los administrativos, en la conducción de los directivos, en el acompañamiento espiritual de los capellanes y en la colaboración de tantos otros que, quizá sin ser siempre visibles, sostienen esta obra bendita y benemérita.

Dar gracias, entonces, no es solo un gesto final de cortesía cristiana. La gratitud nos pide algo más profundo: se trata de reconocer que todo es don, que nada nos pertenece de manera absoluta, que somos solamente administradores de los talentos recibidos, nunca dueños. La gratitud nos desafía a vivir con humildad, a valorar a cada persona, a fortalecer la comunión y el sentido de cuerpo institucional. Una institución agradecida es aquella que cuida a su gente, que promueve relaciones fraternas, que sabe corregir con caridad y animar con esperanza.

Esta acción de gracias, además, nos desafía a proyectarnos hacia el futuro. Así como Sansón y Juan el Bautista nacen con una misión por delante, también el IACSA está llamado a seguir creciendo y renovándose. La cercanía de la Navidad nos recuerda que Dios sigue viniendo, que no se cansa de encarnarse en nuestra historia concreta. Prepararnos para la Navidad significa disponernos a acoger al Señor en lo cotidiano de nuestro trabajo, en las decisiones institucionales, en el trato con los estudiantes y entre compañeros. Significa renovar el compromiso con la misión educativa, con los principios y valores cristianos y católicos que dan identidad a esta gran familia del IACSA.

Pidamos hoy al Señor que esta gratitud se traduzca en mayor responsabilidad, en mayor entrega y en una esperanza renovada. Que sepamos reconocer el valor de cada trabajador y el aporte único que cada uno hace. Que el Espíritu del Señor, como en Sansón, siga impulsando esta institución. Y que, como Zacarías, aprendamos a confiar, a escuchar y finalmente a proclamar con alegría las maravillas que Dios ha hecho y seguirá haciendo entre nosotros. Que así sea, amén.

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