II Asamblea Pastoral del Presbiterio 2025, Miércoles 12 de noviembre.
Capilla Colegio Agropecuario, 5:00 p.m.
Esta tarde, en la conclusión de nuestra II Asamblea Pastoral del Presbiterio, la Palabra de Dios nos invita a mirar con sabiduría nuestro servicio pastoral en un tiempo de grandes desafíos. Vivimos un momento marcado por el avance de la inteligencia artificial y la necesidad de reencontrarnos con nuestro niño interior, para servir con un corazón sacerdotal maduro, libre y misericordioso.
La primera lectura, del libro de la Sabiduría, se dirige a los reyes y jueces de la tierra de la época, pero también a nosotros hoy, ministros del Señor. Dios nos ha confiado una autoridad pastoral no para dominar, sino para servir; no para imponer, sino para acompañar. “El juicio será severo para los que están en el poder”. Con esta fuerte expresión del texto, no se trata de infundir miedo, sino de despertar conciencia: el poder -también del conocimiento y la tecnología- debe ejercerse con verdadera sabiduría y auténtico sentido de servicio.
Hoy la inteligencia artificial se nos presenta como una nueva forma de poder: capaz de crear, analizar y transformar, pero también de confundir o deshumanizar. Como pastores, no podemos ignorar este signo de los tiempos. Debemos comprenderlo y acompañar a nuestro pueblo en su uso, recordando siempre que ninguna inteligencia podrá reemplazar el corazón humano, la empatía ni el encuentro personal que brotan del Evangelio.
La Sabiduría divina nos llama a ser custodios del sentido, a discernir entre el conocimiento que edifica y el que dispersa, entre la información que ilumina y la que manipula. El reto será convivir con estas herramientas sin perder nuestra humanidad ni nuestra alma sacerdotal.
El salmo 81 nos recordaba: “Yo dije: sois dioses, todos hijos del Altísimo; pero moriréis como hombres.” Dios nos ha dado una dignidad inmensa, pero sin olvidar que somos limitados y necesitados de redención. Desde esta nuestra contingencia y finitud, consideramos el segundo gran tema de la Asamblea de hoy.
Reflexionar sobre “Mi encuentro con aquel niño”, nos llevó a mirar hacia dentro, a reconocer que todos tenemos heridas, miedos y defensas que incluso se manifiestan en el ministerio. Este encuentro con el niño interior no es una práctica psicológica superficial, sino una experiencia espiritual profunda, en el sentido de volver al lugar donde fuimos mirados por Dios con ternura, es decir, a la intimidad de nuestro ser y a la trayectoria de nuestra vida. Solo quien se reconcilia con su historia, puede mirar con compasión la historia de los demás. Solo quien cuida su niño interior, puede acompañar con verdadera paciencia y caridad pastoral a los más frágiles y necesitados.
El Evangelio de San Lucas nos presentaba a Jesús en camino hacia Jerusalén, donde se entregará totalmente. Diez leprosos le piden compasión; todos son curados, pero solo uno regresa a agradecer, y era un samaritano. Este gesto nos interpela, pues como sacerdotes hemos recibido innumerables dones de Dios -la vocación, la fraternidad, el servicio- y sin embargo podemos caer en la rutina y olvidar dar gracias. El samaritano representa al corazón agradecido que no se queda con el don, sino que vuelve al Dador. Así también debemos mirar los dones del progreso y la ciencia: con gratitud, pero sin idolatría; con apertura, pero sin perder el sentido del amor.
Padres y diáconos, me parece que de esta Asamblea brotan tres tareas concretas para nuestra vida ministerial:
1.- Discernir con sabiduría: La sabiduría no se improvisa, se cultiva desde la oración, la escucha y el estudio. El sacerdote de hoy debe formarse en el uso ético de la tecnología, pero sobre todo en la sabiduría del corazón, capaz de distinguir lo útil de lo esencialmente humano y de lo propio de la fe.
2.- Cuidar el corazón: Sin madurez emocional no hay madurez pastoral. Cuidar el corazón es reconocerse siempre en proceso, necesitado de fraternidad, descanso, acompañamiento y ayuda. No somos máquinas de servicio, sino hombres configurados con Cristo, el Siervo de Dios.
3.- Agradecer y humanizar: La gratitud sostiene la vocación y la alegría del servicio. Como el samaritano, hemos de volver siempre al Señor y servir desde la gratitud. En el mundo tecnológico nuestra misión es ser testigos de humanidad, mostrar que la fe no teme al progreso, sino que lo orienta hacia la comunión y la paz.
Al recordar hoy a San Josafat, obispo y mártir, -pastor fiel y defensor de la unidad- sentimos que su vida y testimonio de comunión y entrega hasta el martirio, nos inspira y fortalece en nuestro ministerio. En él encontramos un ejemplo luminoso de amor pastoral que no teme el sacrificio y la entrega. Que su intercesión nos ayude a servir con fidelidad, sabiduría y valentía, buscando siempre la unidad del pueblo de Dios y el testimonio del amor que vence el odio.
Queridos sacerdotes, que esta Asamblea Pastoral renueve nuestro deseo de servir con inteligencia y corazón, con sabiduría y ternura. Que el Espíritu Santo nos conceda la sabiduría de los justos, la humildad de los pequeños y la gratitud del samaritano. En medio de los desafíos del presente, digamos como Pedro: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. Que así sea, amén.
