La IA y el católico

Recientemente, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano, publicaron una “Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana”, con el fin de considerar los desafíos y retos que esta tecnología supone para la humanidad, y desde luego, visto desde la óptica del Magisterio de la Iglesia.

El documento considera en el numeral 40, la libertad humana, la cual puede elegir entre el bien y el mal, de ahí que indica: “la valoración moral de esta tecnología depende de cómo sea orientada y empleada”.

Hace más de un año, decía en mi IX Carta Pastoral, “En tu nombre echaré las redes”, en el numeral 15: “Nos podemos encontrar múltiples espinas cuando da la impresión de que hay mensajes ‘más atractivos’ para el mundo y no para el Reino de Dios, o incluso nos topamos con esa falta de tierra para abonar el mensaje que se envía y se esfuma en cuestión de segundos o en unas cuantas horas por el hecho de que las nuevas comunicaciones caigan en un uso efímero y sin sentido de vida”.

La inteligencia artificial (IA) supone un gran avance en el conocimiento científico y es sin duda una valiosísima herramienta cuando se utiliza para el bien, pero no debe, de ningún modo, poner en riesgo la dignidad ni la capacidad humana.

Muchas veces hemos abogado porque los gobiernos de turno preparen a nuestras familias para los nuevos conocimientos y la nueva era que ha reemplazado en el plano técnico, muchas tareas que realizaba el hombre. Una adecuada preparación y la promoción de nuevas habilidades se impone, para bien de la sociedad que debe tener siempre en el centro de su desarrollo a la mayor creación de Dios, que es justamente la persona humana.

“Como ocurre con muchas tecnologías, los efectos de las distintas aplicaciones de la IA no siempre son predecibles en su inicio. En la medida en que estas aplicaciones y su impacto social se hagan más evidentes, se deberá empezar a proporcionar una retroalimentación adecuada a todos los niveles de la sociedad, de

acuerdo con el principio de subsidiariedad. Es importante que los usuarios individuales, las familias, la sociedad civil, las empresas, las instituciones, los gobiernos y las organizaciones internacionales, cada uno a su nivel de competencia, se comprometan en garantizar que el uso de la IA sea adecuado para el bien de todos”, señala la Nota de los dicasterios vaticanos en su numeral 110.

Desde el Magisterio de la Iglesia se nos orienta sobre la relación de la IA con la educación, la salud, la economía e incluso con la guerra, entre otros. Suena hasta irónico que la persona humana, a lo largo de su existencia, utilice la inteligencia, don concedido por Dios, para el mal, para su propia autodestrucción.

Armas autónomas letales son una preocupación en el corazón del Papa Francisco, y debe movernos a todos a reflexionar sobre estos avances tecnológicos.

La IA supone grandes cambios que, incluso, estando ya presentes entre nosotros, no somos conscientes aún de percibirlos o de repente no nos hemos adaptado y no nos hemos preparado para ello.

No perdamos de vista a la persona humana como obra maravillosa de la creación de Dios. El creyente, el católico, debe saber que los recursos en nuestras manos, entre ellos, la IA, deben ser administrados para el bien.

Fermento 360. Martes 18 de febrero, 2025

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