Estamos a las puertas de una muy significativa y emotiva celebración por todo lo que ese ser creado por Dios significa para cada uno de nosotros. Hablamos del Día de la Madre que se asocia en nuestro país a la fecha del 15 de agosto, día en que los católicos también conmemoramos la Asunción de María, la mujer del sí.
Bendigo y felicito a todas las mujeres que han recibido el don de la maternidad, también a aquellas mujeres que han abrazado la maternidad por medio de la adopción. Ruego al Señor por quienes queriendo ser madres no pueden serlo, para que, aceptando su voluntad, puedan seguir adelante con sus vidas sabiendo y reconociendo la dignidad que tienen todas las mujeres al ser hijas de Dios.
En el marco de esta celebración debemos reflexionar sobre el rumbo que toma nuestra sociedad en la actualidad. Hemos venido recibiendo estadísticas que hablan de una Costa Rica cada vez menos abierta al don de la vida.
Tenemos en nuestro país cifras de 1,3 hijos por mujer -considerada como ultra baja fecundidad-. Caminamos rápidamente a una desaceleración de nacimientos y entonces cabe preguntarse, ¿a dónde estará nuestra sociedad en 30, 40 o 50 años?
Ya San Juan Pablo II, en su Audiencia General del 20 de julio de 1994, es decir hace 30 años atrás, titulaba su Catequesis como “La grandeza eminente de la maternidad”. Y vaya que la tiene por esta capacidad cocreadora de vida.
“Tal vez hoy, más que nunca, es necesario revalorizar la idea de la maternidad, que no es una concepción arcaica, propia de los comienzos mitológicos de la civilización. Aunque se multipliquen y aumenten las ocupaciones de la mujer, todo en ella ―fisiología, psicología, hábitos casi connaturales, así como sentimiento moral, religioso e, incluso, estético― muestra y exalta su aptitud, su capacidad y su misión de engendrar un nuevo ser”, expresaba el Papa santo.
Es preciso abandonar esas ideas que se han ido consolidando en nuestra sociedad de que la maternidad se opone al desarrollo de la mujer. Debe replantearse el hecho de que la mujer, junto al hombre, recibió el aliento de vida de Dios para en conjunto crear vida.
“Jesús, que reconcilió cada cosa en sí misma, volvió a llevar el matrimonio y la familia a su forma original (cf. Mc 10,1-12). La familia y el matrimonio fueron redimidos por Cristo (cf. Ef 5,21-32), restaurados a imagen de la Santísima Trinidad, misterio del que brota todo amor verdadero. La alianza esponsal, inaugurada en la creación y revelada en la historia de la salvación, recibe la plena revelación de su significado en Cristo y en su Iglesia”, nos decía el Papa Francisco en Amoris Laetitia, n. 63.
Deberíamos desterrar esas leyes que cada día van abriendo las puertas de par en par al aborto. Debe disponerse todo un plan de parte de nuestras autoridades para que haya facilidades para las familias que se abran a la vida, que haya promoción de familias numerosas. Sin embargo, hay que reconocer que los países no ponen el camino fácil para quienes quieren traer hijos al mundo.
La maternidad es un camino de salvación: así se reveló en la historia de la humanidad con el anuncio del Ángel Gabriel a la Virgen María. La maternidad hoy es camino de salvación si queremos un futuro para nuestra sociedad.
Fermento 333. Martes 13 de agosto, 2024
