La vida y la coherencia moral, I Parte

Hace pocos días, la Sala Constitucional rechazó tres acciones de inconstitucionalidad en contra del decreto 41722-S, que permite, desde el año 2019, la venta sin receta médica de la llamada pastilla del día después.

La Iglesia Católica enseña el valor fundamental y sagrado de la vida desde el momento la su concepción hasta su muerte natural (cfr. Dignitas Personae, n. 1). Es decir, desde el momento en que se unen el óvulo y el espermatozoide se da origen a la vida como lo ha demostrado incluso la ciencia.

Sin embargo, diversas corrientes ideológicas, en función de promover el aborto, han penetrado también las legislaciones de los países. En algunos casos, como el nuestro, muchas de estas legislaciones se vienen imponiendo desde organismos internacionales, cambiando incluso el criterio sobre el inicio de la vida.

Precisamente, este argumento del inicio de la vida es utilizado en el fallo de nuestra Sala Constitucional. Desde la Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha determinado que el inicio de la vida, y por tanto su protección, se produce no en el momento de la concepción o fecundación, como lo demuestra el estatuto científico, sino en el momento de la implantación, es decir, cuando el óvulo fecundado se anida o se adhiere en la pared uterina del cuerpo de la mujer.

Este cambio de visión en la legislación fue también el que dio base a la legalidad de la Fecundación in Vitro, en Costa Rica, hace algunos años; y es también la base en la que muchos sectores se apoyan para atentar contra la vida desde su propio inicio.

Hay varios criterios que son importantes a la hora de ser coherentes con nuestra fe y la defensa de la vida. La anticoncepción y el aborto son dos fenómenos que fomentan una mentalidad anti-vida y que se relacionan especialmente en los efectos de la píldora del día después. Efectivamente, tales efectos pueden ser anticonceptivos y/o abortivos, dependiendo de varias y complejas circunstancias. Es anticonceptiva cuando impide la ovulación, es decir, la producción o liberación del óvulo. Es abortiva cuando, en el caso de haberse efectuado ya la fecundación, sus efectos provocan que el embrión (ser humano) no pueda anidarse en la pared del útero y muera.

Como bien sabemos, la Iglesia ha rechazado siempre la anticoncepción como el aborto. Claramente, este segundo efecto coarta la vida de una persona y por ello, es moralmente más grave. Aunque, para algunas visiones ideológicas, como para algunos países y organismos internacionales, esto puede ser legal, para la Iglesia Católica y su enseñanza, esto se contrapone radicalmente al desafío ético y moral de la defensa de la vida desde la concepción.

San Pablo VI, en su Encíclica Humanae Vitae, fue claro en lo que corresponde a defender la vida desde la concepción y en lo que se refiere a la gravedad de realizar acciones que se opongan a ella.

“(…) Debemos una vez más declarar que hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas. Hay que excluir igualmente, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación” (Humanae Vitae, n. 1).

No se puede aceptar la pastilla del día después, a menudo presentada como una solución de emergencia, como una práctica común, pues va contra todo principio moral de la enseñanza de la Iglesia. Aunque la mujer y quien promueva que tome la pastilla no sepan si el efecto es anticonceptivo o abortivo, de todas formas, es un acto grave en contra de la vida.

Continuaremos con este tema en el cual debemos ser coherentes entre lo que creemos y lo que hacemos. Este llamado es especialmente para los católicos y los creyentes en general.

Fermento 311. Martes 12 de marzo, 2024