Leer la Biblia todos los días

Hacer vivo nuestro testimonio de fe es un llamado constante y permanente que tenemos como cristianos. Nuestra presencia en este mundo nos exhorta a reflejar que somos hijos de Dios y discípulos de Jesucristo, quien se encarnó en este mundo para traernos la salvación.

Muchas veces he repetido que vivimos como si Dios no existiese, sin reflejar con nuestra vida y obras que somos creyentes. Poco se habla de la vida eterna, por no decir que no se habla del todo; o dejamos para la participación en la Misa (quienes asisten) nuestro ser cristiano sin salir al mundo a manifestarlo.

Este mes de setiembre, dedicado a la Biblia, es un buen momento para la reflexión entorno a la riqueza que contiene, a nuestra relación con la Palabra de Dios y a la práctica de lo que de manera viva contiene el libro sagrado.

En audiencia general del 14 de noviembre de 2007, el Papa Benedicto XVI nos hablaba sobre la figura de San Jerónimo, a quien la Iglesia ha reconocido como un elegido por el Señor para hacernos entender, de un mejor modo, la Escritura Santa.

Sobre San Jerónimo, decía el Santo Padre: “Verdaderamente ‘enamorado’ de la Palabra de Dios, se preguntaba: ‘¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer a Cristo mismo, que es la vida de los creyentes?’. Así, la Biblia, instrumento ‘con el que cada día Dios habla a los fieles’, se convierte en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para todas las personas (…) Leer la Biblia es conversar con Dios”.

Entonces, hagámonos las siguientes preguntas: ¿conversamos con Dios?, ¿estamos enamorados de la Palabra de Dios?, ¿qué espacio le damos a las Sagradas Escrituras en nuestra vida?

Muchas veces tenemos la Biblia como un adorno bonito, sin usarse, en algún rincón de nuestra casa, pero no la tomamos para leer y reflexionar, de manera personal o en familia. Es necesario que le hagamos un espacio, sí, muy necesario y de manera destacada en nuestras casas o lugares de trabajo, pero sobre todo en nuestras vidas.

Demos una mirada hacia nuestras familias para ver si invitamos a los más pequeños a enamorarse de la Biblia, si realmente le damos un espacio para que se vuelva algo cotidiano el leer la Biblia, y que les permita crecer de la mano con la Palabra.

El llamado es para todos los católicos y creyentes en general. La Palabra de Dios se hizo visible, nos alimenta, nos pone al alcance de nuestras manos el conocimiento y la sabiduría de Dios.

De igual manera, sabemos que, si tomamos nuestro compromiso de asistir a Misa, no solo los domingos, sino frecuentemente, tendremos una riqueza inigualable que nos permite, al cabo de tres años, apreciar el contenido de la Biblia, en comunidad y en la celebración más importante que tiene la Iglesia como lo es la Eucaristía.

No descuidemos, por tanto, nuestro compromiso de fe, nuestra necesidad de Dios, que día a día nos habla por medio de su Palabra. ¡Vayamos a su encuentro!

Fermento 232. Martes 6 de setiembre, 2022