Martes de la V Semana del Tiempo Ordinario, Víspera de Nuestra Señora de Lourdes, 10 de febrero.
Comunidad de Río Cuarto, 6:00 p.m.
Hermanos todos en el Señor:
En esta víspera tan especial, en la que esta comunidad de Río Cuarto se dispone a celebrar a su patrona, Nuestra Señora de Lourdes, y en la que la Iglesia nos invita también a hacer memoria de Santa Escolástica, virgen, venimos como pueblo creyente a ponernos una vez más delante del Señor. Venimos con el corazón abierto, lleno de gratitud y de esperanza, pero también cargado de dolores, cansancios y necesidades. Venimos confiados, tomados de la mano de María, la Madre que siempre nos conduce hacia su Hijo, y acompañados por el testimonio silencioso y fiel de Santa Escolástica.
Las lecturas que acabamos de escuchar nos ayudan a entrar en el sentido profundo de esta celebración. No son textos elegidos al azar: corresponden a este martes V del Tiempo Ordinario e iluminan nuestra vida personal, la vida de los enfermos y la vida de nuestra comunidad como Iglesia.
En la primera lectura, tomada del Primer Libro de los Reyes, vemos al rey Salomón de pie ante el altar del Señor, elevando una oración en el momento de la dedicación del templo. Reconoce algo fundamental: que ningún edificio, por más grandioso que sea, puede contener verdaderamente a Dios. “¿Es que Dios habitará realmente sobre la tierra? Si los cielos y lo más alto de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta casa que he construido!”. Y, sin embargo, Salomón pide que Dios tenga puestos sus ojos y sus oídos en ese lugar, que escuche la oración de su pueblo.
Aquí aparece una verdad muy profunda para nuestra fe: Dios no se deja encerrar, pero sí se deja encontrar. No se reduce a un espacio, pero elige hacerse cercano. Cuando celebramos a Nuestra Señora de Lourdes, recordamos un lugar sencillo, una gruta humilde, donde Dios quiso manifestar su ternura por medio de María. Lourdes no es importante por sus piedras, sino por la fe; no por el lugar en sí, sino por el encuentro que allí se da entre Dios y los pequeños, los pobres, los enfermos y los que buscan consuelo.
En este punto, la figura de Santa Escolástica nos ayuda a comprender algo más. Ella no construyó templos de piedra, pero hizo de su vida un lugar donde Dios podía habitar. Con una existencia sencilla, dedicada a la oración y al amor fraterno, Santa Escolástica nos enseña que el verdadero templo de Dios es un corazón abierto y confiado. Allí donde hay fe, humildad y amor, Dios se hace presente.
María, en Lourdes, no señala hacia ella misma. Como siempre, nos dice: miren a mi Hijo, escúchenlo, confíen en Él. Ella es ese templo vivo del que hablaba Salomón, la casa donde Dios quiso habitar de un modo único. Y Santa Escolástica, con su vida escondida y fiel, nos recuerda que todos estamos llamados a ser morada de Dios en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo silencioso.
Nuestra Señora de Lourdes es conocida como la Virgen de los enfermos. No porque siempre conceda curaciones físicas, sino porque nunca deja solos a los que sufren. En Lourdes, María no promete una vida sin cruz; ofrece algo más grande: su presencia, su consuelo y su cercanía materna. Santa Escolástica, por su parte, nos enseña la fuerza de la oración perseverante, esa oración confiada que toca el corazón de Dios y sostiene a la Iglesia, aun cuando nadie la ve.
En el Evangelio, Jesús entra en conflicto con los fariseos y escribas porque ponen el acento en tradiciones externas, descuidando lo más importante: el corazón. Cumplen normas, pero se olvidan del amor. Honran a Dios con los labios, pero su corazón está lejos.
Esta palabra es una llamada de atención para nosotros. Podemos caer en una fe de costumbre, hecha solo de gestos externos, sin dejarnos transformar por dentro. Jesús no desprecia las prácticas religiosas, pero quiere que broten de un corazón que ama. Santa Escolástica vivió una fe sencilla y auténtica, donde la oración no era apariencia, sino relación viva con Dios. María, en Lourdes, nos invita a esa misma fe humilde y verdadera.
Celebrar a la patrona de la comunidad no es solo organizar una fiesta anual. Es dejarnos tocar por el mensaje de Lourdes y por el testimonio de los santos: volver a lo esencial, a una fe sencilla, confiada y comprometida. Es preguntarnos si somos una comunidad que ama, que acompaña y que cuida.
Para la comunidad de Río Cuarto, esta fiesta es una oportunidad para renovar su identidad. Están llamados ustedes a ser casa abierta, lugar de consuelo y esperanza. Los enfermos ocupan un lugar privilegiado en el corazón de Dios y deben ocuparlo también en el corazón de la comunidad: con visitas, escucha, cercanía y oración constante.
María de Lourdes nos enseña a mirar con compasión. Santa Escolástica nos enseña a perseverar en la oración y en el amor fiel. Pongamos a los pies de la Virgen y bajo la intercesión de Santa Escolástica nuestras familias, nuestros enfermos, nuestros jóvenes y ancianos, nuestros problemas y sueños.
Que esta fiesta no pase como un recuerdo más, sino que marque un antes y un después en nuestra vida personal y comunitaria. Que salgamos renovados, con más fe, más esperanza y más amor.
Que así sea. Amén.
Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Santa Escolástica, virgen, ruega por nosotros.
