Llamados a vivir este año y siempre en la fe y en el amor

Solemnidad de Santa María Madre de Dios, Lunes 1 de enero de 2024.

Catedral de Ciudad Quesada, 10:00 a.m.

El Dios del tiempo y de la historia, el Señor amoroso y siempre providente -que se ha encarnado y nacido entre nosotros en la persona de su Hijo- nos concede la gracia de comenzar hoy un nuevo ciclo anual, correspondiente a 2024. Este 1 de enero es también la octava de la Navidad; celebramos la solemnidad de Santa María Madre de Dios; e igualmente la 57 jornada mundial de oración por la paz. Como verdaderos creyentes, motivados por sentimientos de fe y esperanza, iniciamos este nuevo año poniéndonos en manos de Dios, en primer lugar, y también bajo la protección de María, madre que nos acompaña y cuida a cada momento con amor solícito y fiel, así como acogió y cuidó amorosamente a su hijo nacido en Belén.

Hermanos, sin duda alguna Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra también, nos inspira y anima en el comienzo de este nuevo año 2024. Ella fue el instrumento bendito que eligió el Padre para darnos la máxima bendición y el máximo regalo que hemos recibido: su Hijo, Cristo el Señor, el Mesías prometido y esperado, el Salvador y Redentor del mundo. María fue instrumento dócil y obediente de Dios para llevar a cabo su plan de amor y salvación. Por ello, la Iglesia, al iniciar hoy el año, nos propone a María como modelo de fe, confianza y entrega a Dios. De esa forma vivió y actuó ella siempre; por ello dijo sí para que en su seno tomara nuestro cuerpo y nuestra carne el Verbo y el Hijo de Dios, por tanto, ella es Madre de Dios. A semejanza de María, nosotros estamos llamados a vivir este año y siempre en la fe y en el amor; ese ha de ser el distintivo propio e inequívoco de nosotros los creyentes.

En la primera lectura del libro de los Números hemos escuchado la conocida y famosa fórmula de bendición de Dios para su pueblo Israel. Dios siempre busca el bien para nosotros sus hijos y nos bendice con la abundancia de sus dones y gracias. Nos resulta muy esperanzador iniciar hoy un nuevo año con la seguridad de que Dios nos bendice en cada momento y circunstancia. Hagamos nuestras esas palabras de la bendición: “Que el Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda la paz”. Que este Dios amoroso, fiel y providente nos bendiga durante este año con salud, trabajo y paz.

El evangelio de San Lucas nos permite caer en cuenta de que la más la bendición más grande y maravillosa que Dios ha dado al mundo es la persona de su hijo Jesús, nacido en Belén, de las entrañas de María. Este mismo Niño que contemplamos es el que vieron y adoraron los pastores en el pesebre. Es el Niño que María dio a luz al mundo como regalo de salvación, amor y fidelidad de Dios. Ojalá estemos nosotros siempre muy cerca de Jesús como María para conocerlo más, adorarlo y contemplarlo; para llenarnos de su amor infinito, para guardar y meditar en nuestro corazón todas las cosas del misterio del Dios hecho hombre como lo hizo María.

San Pablo, en la segunda lectura de su carta a los gálatas, nos recuerda el momento supremo de la historia, la plenitud de los tiempos en la que el Padre amorosamente decide enviar a su Hijo al mundo para salvarnos. Y lo hizo nacido de mujer, de quien tomó nuestra carne y sangre. Y esa mujer real y verdadera fue María, la sierva humilde y sencilla del Señor, instrumento fiel y dócil de Dios. La mujer de fe, confianza, humildad y obediencia.

Hermanos, a la luz del mensaje tan esperanzador de la Palabra de Dios e inspirados en el modelo de fe de Santa María Madre de Dios, iniciemos este año con mucha ilusión, esperanza, ánimo, responsabilidad y los mejores propósitos. Si el amor y la paz de Dios están siempre con nosotros, daremos entonces lo mejor de nosotros mismos, haciendo un esfuerzo por superarnos, por vivir más cerca y en comunión con Dios y llevar a cabo todo lo que tengamos que hacer con amor y generosidad, como lo hizo María en cumplimiento fiel de la voluntad de Dios.

Hoy celebra también la Iglesia la 57 Jornada Mundial de Oración por la Paz. El Papa ha titulado su mensaje para este año: “Inteligencia artificial y paz”. Este es todo un desafío que tenemos frente al desarrollo tecnológico suscitado por Dios a través de la inteligencia humana. La tecnología como instrumento, no como fin, está en función del bien de las personas, la armónica convivencia y la consolidación de la paz. La tecnología nunca es para destruir, atacar o provocar la guerra a través de luchas, enfrentamientos y desplantes de poder. Todo lo contrario, la tecnología y la inteligencia artificial deberían ser cauces y herramientas para superar conflictos e injusticias que todavía hoy nos aquejan dolorosa y vergonzosamente, nos enseña el Papa Francisco.

Hermanos, finalmente no podemos dejar de pensar y pedir por nuestra querida Costa Rica y los retos que tenemos todos por delante. Entre otros, trabajar en serio por superar y erradicar la violencia y la criminalidad que nos han quitado la paz y la seguridad. Evitar la corrupción pública y privada que nos carcome y destruye. Luchar contra la desigualdad y la pobreza que lamentable e injustamente crecen cada vez más en detrimento de la mayoría de los costarricenses. Promover los verdaderos valores que otrora hicieron de este país un ejemplo de democracia, justicia y convivencia. Defender y promover la familia como célula fundamental de la sociedad más allá de ideologías manipuladoras y nefastas. Promover la vida y la dignidad de la persona humana como el primero y principal de todos los derechos.

Sin duda alguna, hermanos, con la paz y el amor de Dios tendremos un mundo nuevo, una humanidad nueva y una patria nueva también. Al iniciar hoy un nuevo año, pidamos esta gracia al Señor en esta Eucaristía por intercesión de la Madre de Dios y Madre nuestra también; hagámoslo con fe, esperanza confianza, pues ella nos cuida y acompaña a cada momento de nuestra vida.

Bendecido año nuevo para todos en el amor de Dios. Que así sea, amén.