Los cuidados sobre la inteligencia artificial

No hay discusión de que la inteligencia artificial ha emergido como una de las tecnologías más revolucionarias de nuestro tiempo, transformando industrias, mejorando la eficiencia y ofreciendo soluciones innovadoras a problemas complejos. No obstante, su mal manejo o su desarrollo descontrolado puede afectar y dañar a nuestra sociedad.

El pasado 14 de junio, el Papa Francisco participó del encuentro de líderes de las naciones más poderosas del mundo, conocido como G-7, e hizo hincapié en distintos aspectos sobre lo que significa este mal manejo de las tecnologías, poniendo especial alerta y énfasis sobre el uso de la inteligencia artificial en el manejo de armas.

“En un drama como el de los conflictos armados, es urgente replantearse el desarrollo y la utilización de dispositivos como las llamadas ‘armas autónomas letales’ para prohibir su uso, empezando desde ya por un compromiso efectivo y concreto para introducir un control humano cada vez mayor y significativo. Ninguna máquina debería elegir jamás poner fin a la vida de un ser humano”, expresó de manera elocuente el Santo Padre.

La creación de nuevas herramientas fruto del ingenio humano debe ser para el bien. El hombre creado a imagen y semejanza de Dios, en razón de su conciencia debe disponerse a construir una mejor sociedad y más aún cuando tiene la posibilidad de acceder a recursos tan poderosos.

“Solamente si se garantiza su vocación al servicio de lo humano, los instrumentos tecnológicos revelarán no sólo la grandeza y la dignidad única del ser humano, sino también el mandato que este último ha recibido de ‘cultivar y cuidar’ el planeta y todos sus habitantes (cf. Gn 2,15)”, decía el Papa ante los gobernantes de estas naciones.

Preguntémonos nosotros para qué usamos la inteligencia artificial, ¿realmente estamos aprovechando la herramienta o la disponemos para actividades estériles o para causar el mal?

Sabemos la posibilidad de rezago que este recurso podrá dejar en empleos. Entonces, nuestras autoridades, toda la sociedad debe ocuparse en capacitar, en formar y dotar de nuevos conocimientos a las personas, con el fin de aplacar esta amenaza.

Ni qué decir de la creciente dependencia de la inteligencia artificial que puede hacer que las sociedades sean vulnerables a fallos tecnológicos y a la pérdida de habilidades humanas esenciales. Hablemos de la posibilidad de vulnerar la privacidad de las personas y la seguridad de datos personales, de empresas, instituciones o a nivel gubernamental.

Se requiere una valoración ética que penetre todos los niveles sociales y leyes que regulen su uso en búsqueda de la transparencia y el mayor cuidado de la sociedad.

Desde luego que alabamos las posibilidades y avances en materia de salud que la inteligencia artificial supone, pero, de nuevo, no se puede poner en riesgo la dignidad humana.

Seguiremos hablando de este tema, que supone la mayor responsabilidad de parte de todos, para usar estas tecnologías para el bien y el cuidado de todos nosotros y de la casa común.

Fermento 332. Martes 6 de agosto, 2024

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