Al comenzar un año nuevo, tenemos una nueva oportunidad que el Señor nos concede para crecer en la fe, la esperanza y el amor. En este contexto, el 1 de enero, la Iglesia celebra la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, recordándonos que en ella encontramos un modelo perfecto de esperanza para nuestra vida cristiana.
María vivió plenamente su confianza en Dios, incluso ante los momentos más difíciles. Su “sí” al anuncio del ángel no solo cambió su vida, sino que marcó la historia de la salvación. Ella es, como dice el Papa Francisco, “madre de la esperanza” (Audiencia General, 10 de mayo de 2017). Ella nos enseña a esperar confiando siempre en la fidelidad de Dios.
Al iniciar el año 2025, es oportuno reflexionar sobre los propósitos que deseamos asumir como discípulos de Cristo. No se trata solo de metas humanas o materiales, sino de propósitos que nos acerquen a una vida más plena en el Señor.
Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi, n. 27, nos decía que “la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios”. En ese sentido, se desprende del mismo texto que esta esperanza nos impulsa a actuar y a vivir con sentido.
El mundo que nos rodea presenta desafíos enormes: conflictos, desigualdades, crisis ecológicas y una creciente indiferencia hacia el prójimo. El relativismo se apodera cada vez más de nuestra sociedad. ¡No perdamos la esperanza! Los cristianos estamos llamados a ser signos de esperanza, sembradores de paz y defensores de la dignidad humana. María nos inspira a responder con valentía, amor y confianza en Dios.
Como comunidad eclesial, uno de nuestros propósitos debe ser fortalecer nuestra vida de oración, allí encontramos el espacio para dialogar con Dios, para abrir nuestro corazón y escuchar su voz. María, que guardaba todo en su corazón, nos enseña a orar con humildad y confianza.
Otro propósito esencial es la vivencia de la caridad. El amor al prójimo, especialmente a los más necesitados, es el camino privilegiado para hacer visible el rostro misericordioso de Dios. Que este año nos encuentre más atentos a las necesidades de los demás y comprometidos con la justicia y la solidaridad, como lo hizo María cuando acudió a visitar y apoyar a su pariente Isabel.
La esperanza también nos lleva a ser constructores de fraternidad. Que nuestros propósitos incluyan el diálogo, la reconciliación y el respeto por las diferencias. Como María, seamos instrumentos de unidad en nuestras familias, comunidades y en el mundo entero.
Finalmente, pidámosle a la Madre de Dios que nos acompañe en este camino. Que su ejemplo de fe, humildad y esperanza nos inspire a vivir este año con valentía, alegría y confianza en el Señor. Pongamos en sus manos nuestros anhelos y proyectos, sabiendo que ella siempre intercede por nosotros. Con mi oración y bendición, les invito a comenzar este año llenos de esperanza y de amor, seguros de que Dios camina con nosotros. María, Madre de la Esperanza, ruega por nosotros.
Fermento 353. Martes 31 de diciembre, 2024
