María nos enseña a vivir en obediencia, servicio y disponibilidad a los designios divinos

Fiesta de Nuestra Señora del Carmen.

Patronal Parroquia de La Tigra, 10:00 a.m. Miércoles 16 de julio de 2025.

Hermanos todos en el Señor:

Nos hemos reunido como comunidad de fe para celebrar con profunda alegría y devoción la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, patrona de esta querida parroquia de La Tigra, y una de las advocaciones marianas más arraigadas en la Iglesia. Esta fecha no sólo evoca una tradición piadosa, sino que reafirma nuestra identidad católica y nos invita a renovar nuestro compromiso de vivir como verdaderos discípulos de Cristo, bajo la mirada maternal de María.

La advocación de Nuestra Señora del Carmen tiene sus raíces en el Monte Carmelo, Tierra Santa, donde desde tiempos antiguos los profetas, como Elías, se retiraban para orar y encontrarse con Dios. Durante el siglo XII, un grupo de ermitaños se estableció allí formando la Orden de los Carmelitas, dedicados a la oración y la contemplación, bajo el patrocinio de la Virgen.

Según la tradición carmelitana, el 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a San Simón Stock, prior general de la Orden, entregándole el santo escapulario como signo de protección y promesa de salvación. Desde entonces, la devoción a la Virgen del Carmen se ha extendido por todo el mundo, siendo reconocida como Patrona de los marineros, pescadores y comunidades costeras y rurales, también acá como nuestra querida parroquia de La Tigra.

Los textos litúrgicos de hoy nos ayudan a comprender el papel de María en la historia de la salvación y su misión como Madre de la Iglesia. En la primera lectura el profeta Zacarías nos invita a alegrarnos, porque Dios habita en medio de su pueblo. Este anuncio mesiánico se cumple plenamente en María, quien llevó en su seno al Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Así, la presencia de María en nuestra comunidad parroquial es una certeza de que Dios camina con nosotros en nuestras luchas y esperanzas.

Como salmo responsorial, hemos rezado con el “Magnificat”, un cántico de alabanza, gratitud y esperanza. María proclama la grandeza del Señor, porque ha mirado la humildad de su esclava. Este canto debe resonar en nuestro corazón y en nuestra comunidad, recordándonos que Dios se fija en los pequeños y humildes, realizando maravillas a través de ellos.

San Pablo, en su carta a los Gálatas, que escuchamos como segunda lectura, subraya que Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, para redimirnos y hacernos hijos adoptivos. María no es una figura lejana, sino una mujer concreta, la madre que participó activamente en el plan de salvación y que continúa siendo Madre de todos nosotros.

Finalmente, el Evangelio de San Mateo nos recuerda que más allá de los lazos de sangre, quien hace la voluntad del Padre es hermano, hermana y madre de Jesús. Esto no disminuye la dignidad de María, sino que la eleva, porque ella fue la primera en cumplir plenamente la voluntad de Dios. Ella nos enseña a nosotros, su pueblo, a vivir en obediencia, servicio y disponibilidad a los designios divinos.

Una palabra sobre el escapulario del Carmen: hemos de ser conscientes de que es mucho más que un objeto devocional. Se trata de un signo sagrado de pertenencia a María y de compromiso cristiano. La promesa mariana al entregarlo a San Simón fue: “Quien muera con este escapulario no padecerá el fuego eterno”. Sin embargo, su uso no debe entenderse de manera supersticiosa o automática, sino como un llamado elocuente y fuerte a vivir en amistad con Dios, bajo el amparo de María, siendo fieles, cumpliendo su voluntad en todo momento y circunstancia como lo hizo ella.

En este sentido, el escapulario nos recuerda tres compromisos: 1.- Vivir en gracia de Dios, evitando el pecado. 2.- Imitar las virtudes de María, especialmente la humildad, la fe y la caridad. 3.- Ser testigos de Cristo en medio de la comunidad. Portar el escapulario significa aceptar a María como madre y modelo de discípulo. Nos impulsa a orar, a participar en los sacramentos y a colaborar activamente en la vida parroquial.

Hermanos, la fiesta patronal de una comunidad parroquial tiene importancia y trascendencia. Por ello, no puede quedarse en una tradición externa o un momento del año, sino que debe renovarnos espiritualmente. Como comunidad de La Tigra, me parece que tienen ustedes por delante varios desafíos:1.- Fortalecer la unidad parroquial: superar divisiones y trabajar juntos.2.- Promover la catequesis y la formación cristiana, especialmente de niños y jóvenes.3.- Atender a los más pobres y necesitados, siguiendo el ejemplo de María, que se preocupó por los desvalidos.4.- Valorar nuestras tradiciones religiosas, cualesquiera que sean, sin perder su sentido evangelizador.

Estoy totalmente convencido de que la parroquia debe ser una comunidad evangelizada y evangelizadora, con una clara identidad misionera y una indiscutible pasión por anunciar y testimoniar la Buena Noticia; una comunidad que anuncia a Cristo en todos los ámbitos y realidades.

Quisiera concluir esta reflexión con un bellísimo texto de San Juan Damasceno, Padre de la Iglesia oriental, gran defensor del culto a la Virgen: “Oh Madre de Dios, en ti se alegra toda la creación: los coros de los ángeles y el linaje humano, templo santificado y paraíso espiritual. Por ti, Dios se hizo carne, y aquel que es nuestro Dios antes de los siglos se hizo niño.” (Homilía en la Dormición de María). Esta alabanza nos recuerda que la devoción a María es profundamente cristológica, pues ella siempre nos conduce a su Hijo Jesús, Monte de la Salvación.

Queridos hermanos, que, al celebrar a Nuestra Señora del Carmen, patrona de esta parroquia de La Tigra, renovemos nuestra fe, llevemos con amor el escapulario como signo de consagración, y vivamos como verdaderos hermanos, haciendo siempre la voluntad del Padre, para gloria de Dios y bien de nuestra comunidad. Que así sea, amén.

¡Nuestra Señora del Carmen! Ruega por nosotros.

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